"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


sábado, 18 de abril de 2020

Lisboa de la mano de Fernando Pessoa

Hablar de Lisboa es, inevitablemente, hablar de Fernando Pessoa. En las calles adoquinadas, en el bullicio de la gente, en el ajetreado circular de los tranvías, en el sol reflejándose en las casitas coloreadas, en los gatos que caminan sigilosos por los tejados, en las terrazas y los cafés, las palabras del poeta nos acompañan como la particular banda sonora de nuestro caminar.

Resulta obligado comenzar nuestro recorrido por la plaza más importante de Lisboa: la Plaza del Comercio. Puerta de entrada del comercio marítimo a la ciudad durante décadas y presidida por la "estatua ecuestre de José I", en ella se encuentra uno de los lugares más visitados por los innumerables viajeros, hoy igual que antaño: el Muelle de las Columnas. Punto en el que la plaza se une con el río Tajo, hasta aquí llegaban los barcos que traían a embajadores, nobles y reyes a la ciudad, a la que accedían por la escalinata de mármol sobre la que ahora, siglos después, nos encontramos.



En el lado norte de la Plaza se alza, majestuoso, el  Arco da Rua Augusta, con el que comienza la calle más importante de "La Baixa", la Rua Augusta. Diseñado por el arquitecto Santos de Carvalho para celebrar la reconstrucción de la ciudad después del gran terremoto, resulta tan imponente que no podemos apartar la mirada del maravilloso conjunto escultórico que lo remata: la Gloria coronando al Genio y al Valor (alegoría atemporal, por muy denostados que ambos parezcan estar en estos tiempos).


Pues bien, debajo de la arcada nordeste de la Plaza se encuentra uno de los lugares más frecuentados por nuestro poeta: el Restaurante Martinho da Arcada.


Inaugurado en 1782, se tiene por el café más antiguo de Lisboa y por uno de los puntos de reunión preferidos de Fernando Pessoa, especialmente al final de su vida. Aquí solía acudir para almorzar ( su plato favorito eran los "ovos mexidos com queijo") o reunirse con otros colaboradores de la revista Orphéu. Es por ello que se mantiene intacta la mesa que el poeta solía ocupar y por lo que su imagen nos recibe ya desde la entrada: “Pessoa frecuentaba todas las tabernas de Lisboa. No obstante, es aquí donde realmente encontró abrigo”.



En 1927, Coca-Cola encargó a la Agencia Hora una campaña publicitaria para su bebida, de tal modo que, estando Pessoa trabajando en ella, fue el responsable de crear el primer anuncio de Coca-Cola en Portugal, con el eslogan "primero se extraña, después se entraña". Por esas cosas de la vida, la fortuna volvió a darle la espalda, pues la justicia portuguesa y el Estado Novo prohibieron la entrada de la bebida en el país y su campaña nunca llegó a ver la luz. 


Era nuestro poeta un asiduo de las plazas lisboetas, de modo que en nuestro caminar por la Rua Augusta, nos dirigimos ahora a otra de sus preferidas, la Plaza del Rossio (oficialmente llamada de don Pedro IV) verdadero centro neurálgico de Lisboa, en "La Baixa", a muy poca distancia de la Plaza da Figueira y la Plaza de los Restauradores.

“Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que confluyen en ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida" 

La Plaza de Don Pedro IV, sigue siendo conocida por los lisboetas con su nombre medieval, Rossio, que quiere decir "espacio de propiedad común", ya que en ella se celebraron desde festejos populares a mercados, pasando por revueltas y actos inquisitoriales. Ya mediado el siglo XIX la plaza fue cubierta por mosaicos ondulados blancos y negros formando los típicos dibujos que podemos encontrar en toda la ciudad.


En el centro de la Plaza, dándola nombre, se alza la estatua de Pedro IV, el primer rey constitucional de Portugal, muy querido por los lisboetas debido a sus ideas liberales.


Obra del escultor Elias Robert y del arquitecto Gabriel Davioud, sobre una imponente columna se encuentra la figura de dicho emperador de Brasil y rey de Portugal que otorgó a nuestros vecinos la Carta Constitucional  en 1826. En la base del monumento podemos ver cuatro grandes figuras alegóricas de las virtudes del rey: Prudencia, Templanza, Fortaleza y Justicia. 


Hemos dicho que aquí se celebraron algunas ejecuciones en tiempos de la Inquisición, y es que, en el mismo emplazamiento que hoy ocupa el Teatro Nacional de Doña María II, se levantaba el Palacio de la Inquisición, que sería reconstruido por el Marqués de Pombal después del terremoto de 1755, para desaparecer definitivamente entre las llamas en 1836.


Denominado Teatro de Doña María II en honor a la hija del rey Don Pedro, estamos ante un edificio de estilo neoclásico, realizado por el italiano Fortunato Lodi en 1846, con una amplia y larga fachada de dos plantas con amplios ventanales, y una tercera más pequeña coronada por figuras alegóricas de estilo clasicista.

Destaca como elemento central el espectacular pórtico, dotado de columnas jónicas procedentes de la desaparecida iglesia de San Francisco y rematado por un gran frontón triangular decorado con alegorías en piedra, obra de Assis Rodrigues. Coronando todo el conjunto se encuentra la figura del dramaturgo Gil Vicente, fundador del teatro portugués.

Amaba Pessoa el calor sosegado de las tardes veraniegas en "La Baixa", el devenir cansado de las gentes, los vendedores ambulantes, y sobre todo los silencios, esos que necesitaba pues "casi siempre he tenido como timidez de tanta gente, de mí mismo y de mi propósito". Conserva Lisboa esa decadencia que invita a la melancolía, de modo que, abstraídos del bullanguero ir y venir de los turistas, merece la pena detenerse un momento a contemplar la puesta de sol en el mismo punto en el que lo hiciera nuestro desasosegado amigo.

Muy cerca de la plaza, en su esquina noroeste, se encuentra la Estación de Trenes del Rossio, cuya imponente fachada neo-manuelina con puertas en forma de herradura llama inmediatamente nuestra atención. 

La construcción de la estación correspondió a la Compañía Ferroviaria Real Portuguesa a finales del siglo XIX, siendo edificada entre 1886 y 1887, según el proyecto del arquitecto Luis Monteiro, quien se inspiró en el estilo manuelino, característico de la arquitectura portuguesa como ya vimos en el post anterior.


De aquí parten los trenes para Sintra, y aquí nos vienen a la memoria las palabras de Bernardo Soares, pues no hubo mayor enemigo de la idea de viajar ("¡Ah, que viajen los que no existen!"), mayor enamorado de Lisboa ni, a su pesar, admirador de tranvías y ferrocarriles: "Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranvía cuando va a Benfica, y si un día va a Cintra, siente que ha ido a Marte".

Seguimos caminando  por Lisboa de la mano del poeta para llegar a su barrio, al "Chiado". Aquí comenzó todo un 13 de junio de 1888, cuando en el número 4 del Largo de Sao Carlos, en una de esas plazas tan suyas, de un barrio repleto de intelectuales, cosmopolita, y frente al Teatro Nacional Sao Carlos, nacía Fernando Pessoa.


Hoy es muy fácil identificar su casa pues delante de ella se eleva una enorme estatua del autor.

Teatro Nacional Sao Carlos


"El Chiado" es hoy, como ayer, un hervidero de actividad, un ir y venir sin pausa de turistas, lisboetas, artistas callejeros, nostálgicos de las letras en busca de ese ejemplar único y descatalogado en alguna de las hermosas librerías que nos salen al paso, y amantes del poeta como yo, que se detienen en una de ellas, la histórica Livraria Bertrand, fundada por dos franceses en 1732 (dicen que la más antigua del mundo) para comprar el "Libro del Desasosiego" y "Amor", y tomar un café en ese pequeño remanso de paz que nos espera, al fondo, y en el que se rinde de nuevo homenaje al lisboeta más universal.  

“Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta”. 

Es éste el barrio de los tranvías (por aquí pasa el famoso y turístico 28), de las calles empinadas de escaleras infinitas y fachadas cubiertas de azulejos (aunque hoy casi no se vean bajo los graffiti), de ropa tendida en los balcones como si el tiempo se hubiera detenido, de suelos cubiertos de azulejos en blanco y negro que contrastan con las fachadas de colores, de museos, de iglesias y una vez más, de plazas, como la  dedicada a otro grande de las letras portuguesas, Luis de Camões.



"En ciertos momentos muy claros de la meditación, como aquellos en que, al principio de la tarde, vago observador por las calles, cada persona me trae una noticia, cada casa me ofrece una novedad, cada letrero contiene un aviso para mí. Mi paseo callado es una conversación continua, y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesión del Destino". 

En la Basílica de Nuestra Señora de los Mártires, en pleno corazón del Chiado, fue bautizado Pessoa. 


La Basílica tiene su origen en 1147, cuando tras la reconquista de Lisboa, el rey Alfonso Henriques la mandó construir, poniendo la primera piedra, con el fin de albergar la imagen de la Virgen (traída por los cruzados ingleses) a quien había pedido protección en batalla, y a quien denominaron Nuestra Señora  de los Mártires en memoria de todos los soldados que murieron en combate en defensa de la fe cristiana.

La ermita ya era una gran iglesia barroca en 1755, cuando fue completamente destruida durante el terremoto por lo que en 1769 se optó por trasladar la iglesia a la actual Rua Garrett. De estilo neobarroco, obra del arquitecto Reinaldo Manuel dos Santos, fue terminada en 1784.

Sobre el pórtico central se halla un medallón conmemorativo dedicado al templo primitivo: representa a D. Afonso Henriques, acompañado del legendario cruzado Guilherme da Longa Espada, dando gracias a la Virgen por la conquista de Lisboa (obra de Francisco Leal García).

Se trata de un templo de nave única encuadrada por ocho capillas laterales, revestida interiormente con mármoles y en la que, junto con importantes obras escultóricas y pictóricas, destacan las maravillosas pinturas del techo del cuerpo central obra de Pedro Alexandrino. 


Nos llama también la atención un precioso Belén, montado en la sección original del siglo XVIII, formado por delicadas figuras de terracota que se creen obra de Joaquim Machado de Castro, y que por el proverbial amor y cuidado de los fieles fueron recuperadas, restauradas y dispuestas según las escenas principales de la Natividad.


Y por fin, caminando por esas calles que fueron las suyas y a las que tanto amó, llegamos al punto final de nuestro recorrido, en el que sentado a la mesa, con su eterno sombrero y sus piernas cruzadas, Fernando Pessoa nos da la bienvenida. 

"Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan (…) la vida evidente y unánime"


De todos los cafés del Chiado, A Brasileira es sin duda el más emblemático, el más bohemio, el más decadente y el más visitado. Escenario habitual del poeta, lugar de incontables tertulias literarias, artísticas e intelectuales, se dice que la "bica", un café fuerte, negro y corto, se inventó en este lugar.

El local fue abierto por Adriano Telles el 19 noviembre 1905 (después de abrir uno en Oporto en 1903), dedicado a la venta de café brasileño (el verdadero) originario del estado de Minas Gerais, aunque vendían además  muchos otros productos, como aceite, harina, té, diversos tipos de pimientos y de vino. 

Remodelado en 1908 y luego en el 1922 dando paso un verdadero café-restaurante, presenta una deliciosa decoración  "Art déco".  En 1997 fue declarado como parte del Patrimonio arquitectónico portugués, con la categoría de "inmueble de interés público".



Y así, tomando uno de esos cafés tan negros y fuertes, con la mirada en un mundo que fue, disfrutamos de un momento de nostalgia, ensimismados, también nosotros, en el desasosiego.


martes, 24 de marzo de 2020

El arte de elegir

Hay una escena en "Lo que el viento se llevó" (mi película favorita) en la que Escarlata envía a Prissy a buscar al doctor ante el inminente parto de Melania. La negrita, con su aguda y llorosa voz, la responde: "Ay, señorita, no me mande a las cocheras del tren! Se muere allí la gente y a mí me dan mucho miedo los muertos!". 

Esta imagen no deja de venir a mi cabeza porque en Madrid se muere la gente. Sola, aislada, y en tal número que ha sido necesario habilitar una pista de hielo (antaño escenario de competiciones deportivas) como improvisada morgue. Se muere la gente, sí. Pese a que se nos dijo que no iba a pasar nada, que este "bichito" si, por pura casualidad llegaba a España, pasaría de largo haciendo como mucho alguna paradita esporádica, pero en ningún caso para quedarse y sembrar nuestra tierra de muerte, aislamiento, miedo y desolación. Vivimos en un mundo globalizado y, evidentemente, el virus llegó y se quedó; era absolutamente previsible.

Se muere la gente de vacío y de soledad, porque en ese mismo mundo globalizado, se ha engendrado toda una sociedad infantilizada, aborregada, huérfana de referentes morales, acostumbrada a gozar de todo aquello que pedía sin esfuerzo, sin demora; una sociedad ansiosa por estar, aparentar, mostrar... que se ha olvidado de ser. Por eso hay que salir a los balcones sin denuedo, hacer ejercicio como si no hubiera un mañana aunque hasta ahora la mayor actividad hubiera sido teclear con los pulgares, o bucear en páginas de arte para poder suplir los selfies en el museo (delante de cuadros de los que se desconoce nombre y autor) por selfies delante de la pantalla.

Y entonces, como suele ocurrir en los momentos de crisis, empezamos a descubrir que estamos rodeados de héroes anónimos, porque los empezamos a ver luchar cada día, cada noche, cada momento, a pecho descubierto, en primera línea, sin más coraza que su fortaleza y la fidelidad a ese juramento que un día realizaron. Y como por ensalmo, siguiendo su ejemplo, todo aquello de noble y hermoso que habita en el corazón humano empieza a salir a borbotones, superando con creces la maldad y la podredumbre. 

Y quizá también algunos descubren que el silencio es bueno, incluso agradable. Que es gratificante empezar a pasar tiempo con uno mismo y abandonar esa desesperada carrera hacia la masa. Que es un buen momento para analizar las prioridades, hacer balance y convertirnos por un instante en George Bailey para pensar como sería (como hubiera sido) la vida sin nosotros. Y tal vez entonces nos demos cuenta de que hemos estado solos en compañía, de que por mucho tiempo que hayamos pasado con una persona ésta nunca nos ha llegado a conocer, de que nos hemos dejado engañar muchas veces por los cantos de sirena, de que hemos fallado, caído, llorado, sufrido... pero que a pesar de todo eso, hemos sido importantes, necesarios, incluso esenciales para alguien, y por eso nuestra vida merece ser vivida.

Hace tiempo que me declaré fan incondicional de Agustín de Hipona. Tendemos a pensar que todo sucede por una razón (quizá por nuestra perentoria necesidad de encontrar sentido a los fracasos, al dolor, a la pérdida), que el destino está marcado y no podemos escapar de él: las cosas pasan, no hay nada que hacer. 

Pero no es así. Gracias a Dios, todos gozamos de esa maravilla llamada "libre albedrío", de la gloriosa capacidad de darle una patada al destino, porque amigos, todos nosotros podemos elegir. Y ahora, más que nunca, debemos hacerlo. 

Así que, elijo estar aquí, y luchar, y levantarme cuando me caiga o la vida me derribe. Elijo querer y dar a manos llenas, en barbecho, aun sin recibir respuesta. Pensar que el dolor también le da sentido a la vida, que si nos duele es porque ha merecido la pena, y que cada cicatriz es una medalla. Quizá, siguiendo con mi película favorita, me pasa como a Rhett Butler y tengo debilidad por las causas perdidas cuando de verdad lo están... 

Siempre me gusta recordar las palabras de un hombre muy grande en todos los aspectos, G.K.Chesterton, porque creo de verdad que "Al final no importará si escribimos bien o mal, si luchamos con mayales o cañas. Nos importará y mucho en qué lado luchamos”. 

Es el momento de confiar, de batallar y de rezar. De dar gracias a Dios cada minuto, cada hora, cada día en el que estamos vivos y sanos, y de pedir su protección y su consuelo. Porque de esta saldremos unidos, sí, pero sólo saldremos con Su ayuda. 

Y entonces, como decía Escarlata... "realmente mañana será otro día".






martes, 3 de marzo de 2020

La llave de la amistad

Existen personas a quienes Dios pone en nuestro camino para ayudarnos a transitar, personas que siempre nos iluminan con una sonrisa, nos dan calor con un abrazo, y nos consuelan con una palabra. Y una de esas personas es mi amiga Laura, doña "Flores con Encanto"

Me hacía mucha ilusión que tuviera algo hecho por mí en su preciosa floristería, porque un regalo realizado con nuestras manos lleva algo de nuestro corazón en cada pincelada, de modo que pensando, pensando, decidí hacer para ella un cuadrito de estilo"vintage" en tonos pastel, que iba a encajar perfectamente con su decoración entre la que hay una máquina Singer original que me da mucha envidia (sana, naturalmente ☺)



Para realizarlo he utilizado los siguientes materiales: una tabla de DM, un lienzo, papel de arroz, pasta relieve de textura arena, cola de decoupage, pintura chalk paint en blanco roto y rosa pastel, una plantilla de estarcido, una llave antigua y un pequeño lazo.


El primer paso consiste en promediar el lienzo sobre la tabla que nos va a servir de marco, y señalizarlo con cinta de carrocero. A continuación vamos a ir aplicando la pasta textura por todo el contorno con la ayuda de una espátula, dándole los relieves que más nos gusten. Una vez completo dejamos secar bien.


A continuación aplicamos sobre el lienzo una mano de pintura a la tiza, en tono blanco roto, que va a realzar el motivo del papel de arroz con el que lo vamos a forrar.


Mientras que seca, procedemos a pintar el marco con pintura a la tiza, pero en este caso rosa pastel, que va a combinar perfectamente con los motivos del papel de arroz elegido. Cuando tenemos el marco bien cubierto y bien seco, vamos a realizar un estarcido en blanco roto, concretamente unos topitos, que también combinan muy bien con el motivo del papel y que además contribuyen perfectamente al estilo "vintage" que estoy buscando.

Vamos ahora a forrar nuestro lienzo con el papel de arroz utilizando cola de decoupage, que además va a ejercer un efecto protector. Cuando tanto el lienzo como el marco se encuentran bien secos, procedemos a pegar uno sobre otro, con la pistola de silicona caliente. Finalmente le aplicamos un par de manos de barniz satinado en spray.

Me encantan estas llaves antiguas, sabéis que las he utilizado en algún que otro trabajo, de modo que tomé una de ellas, la puse un pequeño lazo rosa alrededor, la pegué también con silicona caliente en el centro del cuadro y éste fue el resultado final (justo el que estaba buscando):




Por último y como siempre digo, una buena presentación dice mucho de nosotros, de modo que envolvemos nuestro cuadro en papel de celofán, y lo metemos en una bonita bolsa de regalo:



Lo cierto es que a Laura la encantó y me hace mucha ilusión que pueda tener un poquito de mí con ella cada día. Por si fuera poco, este pequeño trabajo no puede estar en un lugar más hermoso, rodeado de flores y de belleza. 

Bueno, pues ésto es todo lo que quería compartir hoy con vosotros. Espero que os haya gustado o al menos os haya podido parecer interesante. Me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratitos agradables, y agradeciendo de corazón todos vuestros cariñosos comentarios. Pasad una buena semana!

Un Abrazo y Sed Felices!


sábado, 15 de febrero de 2020

"Monasterio de los Jerónimos". Lisboa

Es una falta imperdonable visitar Lisboa y no acercarse a contemplar el monumento más impresionante de la ciudad, el "Monasterio de los Jerónimos". Ubicado en el barrio de Belém, por el que caminamos después de hacer una interminable cola para comprar los deliciosos pastelillos del mismo nombre, se alza de pronto ante nosotros, imponente en toda su magnificencia, elevando sus blancas agujas hacia el límpido cielo azul de la tarde lisboeta, cegando nuestros ojos con su albo resplandor y dejando prendido en nuestros labios un espontáneo suspiro de admiración.


Como tantos otros, el Monasterio nos habla de la historia de Portugal, de sus Reyes y de su pueblo. Así, debemos remontarnos a 1496, año en el que el rey Manuel I pide permiso a la Santa Sede para la construcción de un gran monasterio a la entrada de Lisboa, cerca de las orillas del Tajo, principalmente para reunir en un panteón a la rama dinástica que comenzó en Avante-Beja. 

El Monasterio de los Jerónimos vendría así a reemplazar a la iglesia que alguna vez existió en el mismo lugar, la Ermida do Restelo, fundada por Enrique el Navegante, y en la que Vasco de Gama y sus hombres pasaron la noche en oración antes de partir hacia la India. Se mantuvo su invocación a Santa María de Belém por expreso deseo del monarca.

Comenzaron los trabajos en 1501, estando finalizados aproximadamente un siglo después. El edificio del Monasterio se considera el máximo exponente del estilo "manuelino", estilo que combina elementos arquitectónicos del gótico final y del Renacimiento, asociando simbología monárquica, cristológica y naturalista que lo convierten en un estilo único. Construido en piedra caliza, cuenta con una fachada de más de 300 metros, cuyo principio de horizontalidad confiere al conjunto un aspecto de recogimiento a pesar de la explosión decorativa del mismo.



Denominado originariamente "Monasterio de Santa María de Belém", se conoce hoy como "Monasterio de los Jerónimos", puesto que D. Manuel I eligió a los monjes de la Orden de S. Jerónimo para ocuparlo, teniendo éstos entre otras funciones las de rezar por el alma del rey y proporcionar asistencia espiritual a los marineros que partieron de la playa de Restelo para descubrir otros mundos. Aquí permanecieron durante cuatro siglos, hasta su disolución en 1833. 

El centro visual de la fachada del Monasterio paralela al río Tajo es el Portal Sur. Construido entre 1516 y 1518 por João de Castilho, según el proyecto del francés Diego de Boitaca, supone una entrada lateral al recinto. En el pórtico, Nuestra Señora de Belén con el Niño,  llevando en la mano el recipiente de las ofrendas de los Reyes Magos. A ambos lados de la Virgen encontramos una multitud de estatuas que representan a santos, profetas, apóstoles, y doctores de la Iglesia.

En el tímpano aparecen representadas dos escenas de la vida de S. Jerónimo, y el escudo de armas de  Portugal. Debajo, entre las puertas gemelas de la Iglesia, aparece el Infante D. Enrique, fundador como hemos dicho de la  de la Ermida do Restelo y principal promotor de los Descubrimientos. Dominando todo el conjunto, imponente en la parte superior, la imagen del Arcángel San Miguel.




El Portal Principal, la verdadera entrada del Monasterio, es algo más pequeño que el anterior, aunque igualmente maravillosamente decorado: en su parte superior hay tres nichos con escenas del nacimiento de Cristo, mientras que a cada lado del portal se encuentran en posición de oración el monarca Manuel I acompañado de San Jerónimo, y a la derecha su esposa, la Reina D. María y San Juan Bautista.

Está orientado al Oriente según la tradición cristiana, y es la puerta que da acceso al Altar Mayor. Fue diseñado por Diego de Boitaca y ejecutado por Nicolau Chanterenne en 1517.


Accedemos así al interior de la Iglesia Sta. Maria Belém. Con planta de cruz latina, está compuesta por tres naves a la misma altura (salón de la iglesia), unidas por una sola bóveda polinervada que descansa en seis pilares con una base circular. La cúpula del crucero cubre un ancho de 30 metros, y de ella dijo Kubler que representa "la realización más completa de la ambición medieval tardía para cubrir el mayor espacio posible con el menor apoyo". 


En el fondo, sobre el altar principal, hay un retablo con pinturas que representan escenas de la Pasión de Cristo y la Adoración de los Magos, del pintor Lourenço de Salzedo (1572-1574).



En la pared norte se pueden ver los confesionarios y, en el lado sur las ventanas decoradas con vidrieras de Abel Manta y la ejecución de R. Leone (ya en el siglo XX).  Habíamos dicho que uno de los objetivos de Manuel I era que el complejo sirviera de panteón a su dinastía, pues bien, en el brazo izquierdo del crucero descansan los restos del Cardenal-Rey Henrique, y los hijos del propio Manuel I, mientras que en el lado derecho se encuentra la tumba del rey D. Sebastião y los descendientes de D. João III. .



Por su parte, en la Capilla principal diseñada por el maestro Jerónimo de Ruão, quien introduce aquí  el arte manierista en  contraste con el cuerpo manuelino de la Iglesia, descansan sobre imponentes elefantes de mármol, las tumbas de D. Manuel I y D. Maria, a la izquierda (al lado del Evangelio) y D. João III y D. Catarina a la derecha (en el lado de la Epístola).



Pero sin duda el punto en el que se concentra la mayor afluencia de visitantes es aquel en el que se encuentran las tumbas de Vasco da Gama (sub coro izquierdo) y Luís de Camões (sub coro derecho), dos de los más ilustres hijos de Portugal.




Y por fin llegamos a la parte más impresionante y maravillosa del Monasterio: el Claustro. Y una vez más nos invade esa sensación de retroceder en el tiempo, y (haciendo un esfuerzo por abstraernos de los innumerables turistas) nos parece que los monjes pasan a nuestro lado invitándonos a dedicar un momento a contemplar la maravilla que es capaz de crear el hombre cuando cree en algo.


Fue diseñado por Diego de Boitaca , quien comenzó a trabajar a principios del siglo XVI, lo continuó João de Castilho a partir de 1517 y  fue completado por Diego de Torralva entre 1540 y 1541. Por su belleza, valor arquitectónico y enorme simbolismo, el claustro del Monasterio de los Jerónimos representa el máximo exponente de la arquitectura manuelina.

Concebido como espacio de oración y meditación para los monjes de la Orden de San Jerónimo,  presenta un piso de doble bóveda y planta cuadrangular, y se caracteriza por una decoración que combina los símbolos religiosos (elementos de la Pasión de Cristo, entre otros), los relativos a la monarquía (cruz de la Orden Militar de Cristo, esfera armilar, escudo real) y los elementos naturalistas (cadenas y motivos vegetales que conviven con un imaginario aún medieval, de animales fantásticos) en una explosión de belleza que atrapa instantáneamente nuestros sentidos, pero que hay que saber "leer", porque no está diseñada únicamente para el solaz del cuerpo y el alma, sino como era habitual en la época, con una función divulgativa.







Resulta aquí obligado hacer una parada para contemplar, en silencio, esas agujas que el sol tiñe de dorado mientras se elevan orgullosas hacia el cielo azul.


Continuamos recorriendo el claustro inferior, y encontramos, en el ala norte, la tumba de otro ilustre personaje que nos ha venido acompañando en todo nuestro periplo lisboeta y que será por ello objeto de su propio post:  Fernando Pessoa, el poeta del desasosiego, el responsable de algunas de las más hermosas líneas de la literatura europea.

Diseñada por Lagoa Henriques y ejecutada en 1985, el poeta fue trasladado aquí desde el cementerio dos Prazeres. Está ubicada en una zona relativamente tranquila y solitaria, de modo que, como uno de sus heterónimos, fue un placer acompañarle unos minutos y rezar una oración por su alma, puesto que "Todo vale la pena si el alma no es pequeña".



Nos encontramos ahora con el Refectorio, construido entre 1517 y 1518 por Leonardo Vaz. Bóveda polinervada al más puro estilo manuelino y debajo de gruesos hilos de piedra, las paredes aparecen cubiertas con un sillar de azulejos que datan de 1780-1785 y que representan en la parte superior el "Milagro de la multiplicación de los panes y los peces"  y en las paredes laterales escenas de la Vida de José de Egipto.

En el lado norte, hay un lienzo representando a S. Jerónimo, atribuido al pintor real Avelar Rebelo. En la parte superior sur, sobre la chimenea de calefacción, se puede ver una pintura mural al óleo, "Adoración de los pastores", atribuida a António Campelo (finales del siglo XVI) y restaurada en 1992.



En lo que se refiere a la Sala Capitular,  así denominada por ser el lugar destinado a que los monjes se reunieran "a capítulo", nunca tuvo este uso porque la bóveda y la decoración interior no se completaron hasta el siglo XIX. La puerta se completó en los años 1517-1518, y en su decoración destacan dos imágenes que representan, una vez más, a S. Bernardo y S. Jerónimo .



En el centro de la sala se colocó, ya en el siglo XIX,  la tumba de Alexandre Herculano.  En 1940 se modificó, dejando solo el arca de la tumba. La Sala Capitular también se utilizó como panteón para otros escritores portugueses y presidentes de la República, hasta que una vez finalizada la Iglesia de Santa Engrácia, esta se convertiría en el Panteón Nacional, siendo trasladadas allí las personalidades más recientes de la historia de Portugal.



Subimos ahora al Claustro superior, en el que podemos seguir contemplando la extraordinaria decoración manuelina, así como disfrutar de una espectacular vista del piso inferior que acabamos de visitar. Muy llamativas son las puertas de los antiguos Confesionarios, (doce en origen, aunque dos de ellos están hoy ocupados por la "Capilla del Senhor dos Passos"), toda vez que era un deber de los monjes de la Orden de San Jerónimo el ayudar a los marineros y peregrinos en la confesión.



Y desde aquí accedemos también al Coro Alto, que data de 1551 y que estaba destinado, entre otras, a las actividades fundamentales de los monjes, es decir: oraciones, canciones y servicios religiosos, ya que la Sala Capitular solo se terminó en el siglo XIX. Sin embargo, durante nuestra visita se encontraba sometido a trabajos de conservación y por ello no pudimos ver más que una pequeña parte de la silla monástica, que según Haupt es "una de las obras más bellas que la carpintería artística del Renacimiento dejó entre nosotros". 

En la balaustrada, hay un "Cristo crucificado"  del escultor Philippe de Vries  que lamentablemente estaba parcialmente cubierto.

Pero lo que sí podemos apreciar desde aquí es la nave central de la Iglesia, y el espectáculo realmente nos deja sin respiración... y sin palabras. La luz, las vidrieras, las enormes columnas, todo está diseñado para celebrar a Dios, para llevarnos hasta Él, para inundarnos de Su belleza. Y en ese momento, nos damos cuenta de que, efectivamente,  todos llevamos una chispa divina dentro.


Y llegamos así al final de nuestro recorrido. Empieza a caer la tarde, y solo nos queda detenernos para contemplar por última vez la belleza de esas blancas siluetas recortadas contra el azul del cielo, y recordar aquella frase del divino gordo sobre las palabras de Jesús: “Os digo que si éstos callan gritarán las piedras” (Lc 19, 40).
“Cristo -dice Chesterton- profetizó la arquitectura gótica aquél día en  que las gentes educadas y respetables protestaron contra la algazara de los haraganes que le aclamaron en Jerusalén…  Y así, gritando las piedras, se pudo cumplir la profecía”. 



Bueno, pues ésto es todo lo que hoy quería compartir con vosotros; muchas gracias si habéis sido capaces de llegar hasta aquí. Me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores, que espero pasen ratos agradables en este pequeño rincón, y agradeciendo todas vuestras visitas y cariñosos comentarios. Os deseo una muy feliz semana.

Un Abrazo y Sed Felices!