"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


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jueves, 29 de abril de 2021

G.K.Chesterton y la más alta ocasión que vieron los siglos

Decía G. K. Chesterton que "a cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales", y probablemente nunca hayamos estado más necesitados de ellos que ahora. Nuestra civilización se derrumba gustosamente; Occidente se muere porque quiere morir.

Y precisamente porque nunca como ahora ha sido tan necesario insuflarse de heroísmo, y porque pertenezco a esa especie en vías de extinción de los que no se resignan a dejarse llevar por la corriente, tengo la costumbre de revisitar un poema capaz de devolverme la esperanza: "Lepanto" de "el divino gordo" (como le llama un amigo muy querido).


Hay pocos textos más hermosos, ¿verdad? Pues hoy me gustaría compartir aquí unas humildes reflexiones sobre él.

 .- ¿Por qué eligió Chesterton este tema a principios del siglo XX? Por dos cuestiones a mi modo de ver: en primer lugar por una pasión o filia personal, y en segundo por una cuestión social, histórica, por el momento en el que está viviendo y porque es consciente de la proximidad de una contienda que parece inevitable.

Es fácil intuir que el tema representaba una pasión personal conociendo la biografía de “el divino gordo”. Habiendo crecido a finales del XIX  como buen burgués, había profesado todo lo que luego repudió: fue escéptico, agnóstico y relativista. Pero hete aquí que un día empezó a analizar la Modernidad de la que su Inglaterra natal era abanderada y a darse cuenta de que el triunfo de la secularización había sido tal que se había llegado a una total negación de la trascendencia. Desde la economía a la familia o a la propia forma de vida, todo era industrial, material, sin ninguna relación con lo absoluto; la persona no era más que una pieza en esa maquinaria, y lo económico primaba sobre la dignidad y la libertad individual. 

Llegando a la conclusión de que la Modernidad había fracasado porque en ningún momento lo mundano (incluido el estado) va a proporcionar felicidad al hombre, se ve en la necesidad de formular una hipótesis sustitutoria, algo que le devuelva la trascendencia, y aunque empieza poco a poco a coquetear con el Cristianismo (hasta que finalmente se convierte en un católico ferviente hallando aquí las respuestas que buscaba) empieza también a bucear en la historia para, evidentemente, llegar al periodo en el que toda la sociedad, la vida, estaba fundamentada en la trascendencia, que no es otro que la Edad Media y que le fascina por completo. Y si hay algo trascendente, que ensalce la libertad y la dignidad del hombre, la entrega a los demás, el amor por la patria, el orgullo de pertenencia, eso son las Cruzadas (por cierto aquí juega un papel importante su amigo Belloc, que tiene un libro espectacular sobre ellas del mismo título). 

El segundo aspecto es el histórico, pero en cierto modo es inseparable del personal. Chesterton considera que la Modernidad ha fracasado porque se ha fundado sobre verdades relativas y materialismo. Una de sus frases célebres es que “cuando el hombre deja de creer en Dios, empieza a creer en cualquier cosa”, crea religiones de sustitución, y justo ahí estaba viendo el peligro del totalitarismo que empezaba a amenazar a Europa y las pulsiones nacionalistas que acabarían conduciendo en 1914 a la Primera Guerra Mundial.

Por lo tanto, ¿qué mejor símbolo para representar todo eso que “Lepanto, la más alta ocasión que vieron los siglos”? 



.- ¿Qué simboliza esa historia de cruzados en la Europa de 1914? Pues bien, el poema de Chesterton, además de bellísimo, es un llamamiento en toda regla. Por un lado representa la necesidad de que toda la “cristiandad” se una contra un enemigo común (en este caso la Alemania de 1911). Por otro supone la reivindicación de un modo de ver y entender la vida, el del Cruzado, pero dejando claro que no es algo que esté sólo al alcance de una élite, sino del común. No deja en ningún momento de ensalzar la figura de Don Juan, el último caballero de Europa, capaz de oír la llamada para defender lo que una vez fue un mundo “dorado”, y que es, precisamente, un hijo ilegítimo: “un príncipe sin corona, en un trono sin nombre, abandonando su dudoso trono e infamado sitial”.

Y por otro lado no tiene recato en contraponer a Don Juan con cada uno de los reyes o el mismísimo Papa. Mientras una se mira al espejo, el otro bosteza en Misa, y el español se muere de miedo, Don Juan coge las armas, parte a la batalla, se enfrenta con valor al enemigo y devuelve la libertad a los hombres. ¿Qué simboliza en aquella Europa? Pues que los políticos estaban, como siempre, muy ocupados cada uno a lo suyo mientras el peligro acechaba, y serían nuevamente los “cruzados” de a pie quienes lucharan, murieran y vencieran (todos esos jóvenes ingleses que fueron a combatir y a los que luego rendiría homenaje en su obra). 


Impresionante resulta este verso: “¡Es el que no dice "Kismet"; es el que no conoce el Destino, Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama! Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde”. Chesterton nos está diciendo aquí que es la historia la que llama, todos los que vivieron y murieron antes que ellos, los que con sus aciertos y sus errores no se rindieron para edificar algo que merece ser defendido aún a riesgo de la propia vida (otra frase de Chesterton: “los hombres no luchan porque odien lo que tienen delante sino porque aman lo que tienen detrás”) y que ellos deberán ahora hacer lo propio.

Y ya en los últimos versos: “Cervantes en su galera envaina la espada (Don Juan de Austria regresa con un lauro) Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España, Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco, Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero... (Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)”  nos está diciendo dos cosas: por una parte que pese a que la tierra esté agotada y el camino parezca no llevar a ninguna parte, siempre hubo y siempre habrá hombres capaces de batallar hasta el último aliento  por defender los ideales que merecen ser defendidos, aunque los tachen de locos (to dream the impossible dream), en una especie de permanente cruzada contra el mundo moderno. Y en segundo lugar, que a lo que debemos aspirar es a la sonrisa satisfecha (y, siendo un católico convencido, misericordiosa) que producen la conciencia limpia y el deber cumplido, y a huir de las risas crueles de los tiranos. 

El último caballero sonríe y envaina el acero. Es un hombre libre. 

Y hasta aquí todo lo que quería compartir con vosotros hoy. Como dice otro amigo, nuestra historia está llena de Trafalgares y Lepantos, pero de nosotros depende, ante todo, no dejar de luchar.

Muchas gracias por vuestras visitas y por tomaros el tiempo para dejarme algún comentario, que como siempre digo, son el motor de este pequeño rincón. Os deseo un buen "puente"

Un Abrazo y Sed Felices.


miércoles, 22 de julio de 2020

"Quinta da Regaleira". Sintra

Una de las localidades más bellas de Portugal, situada a menos de una hora en tren de Lisboa, es la villa de Sintra, no en vano declarada  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 19 de diciembre de 1995. 

Situada en la Sierra de Sintra, la villa nos sorprende con un microclima muy especial, una vegetación exuberante, playas y acantilados, que ya desde el siglo XIV atrajeron a monarquía y nobleza quienes construyeron palacios y suntuosas residencias, instalándose aquí desde conventos y monasterios hasta órdenes militares. Sin embargo es en el siglo XIX cuando alcanza su máximo apogeo, convirtiéndose en lugar de residencia de la monarquía portuguesa, y atrayendo como un imán a numerosos artistas europeos como el sin par Lord Byron quien la definiría como "el Glorioso Edén".

Tras un breve paseo por las estrechas y adoquinadas calles de su casco histórico (al que dedicaremos otro post), resulta visita indispensable  uno de los lugares más mágicos y especiales de la villa, máximo exponente de esa explosión romántica que sacudió Sintra en el diecinueve: La Quinta da Regaleira.

Sueño y obra del aristócrata Antonio Augusto Carvalho Monteiro, quien, dueño de tal fortuna que le valió el sobrenombre de “Montero de los millones”, encargó tan particular proyecto al genial arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini, incorporando además  la  maestría de los escultores, canteros y talladores que habían trabajado con él en el Palace Hotel de Buçaco.

La Quinta debe su nombre al lugar en el que se ubica, los terrenos de la Vizcondesa da Regaleira, siendo construida ya en el periodo final de la monarquía, entre 1904 y 1910. Carvalho Monteiro era un hombre de gran cultura, espíritu científico, inclinaciones místicas y esotéricas, coleccionista, filántropo, bibliófilo... es decir, el epítome del caballero decimonónico. Por ello, quiso vivir rodeado de todo aquello que le apasionaba, y dejarlo además escrito en piedra, oculto a plena luz, para ser descubierto por aquellos que fueran dignos de ello. 

Toda la Quinta está planteada como el escenario de un viaje iniciático, una suerte de peregrinación por un jardín simbólico plagado de referencias a la mitología, al Olimpo, a Dante y Virgilio, a Camões, a la misión templaria de la Orden de Cristo, a grandes místicos y taumaturgos, los enigmas del Arte Real y a la Magna Obra Alquímica.

La entrada para visitantes se encuentra en el la parte superior de la finca, de modo que desde la Plaza de Sintra tendremos que caminar unos ochocientos metros de agradable cuesta arriba bordeando los jardines, hasta que, a medio camino, las elegantes y manuelinas agujas del Palacio empiecen a aparecer en el horizonte.


En esta zona nos encontramos las que fueran dependencias de los empleados de la finca, las caballerizas y el "couch house" (el equivalente al garaje en el que se guardaban los coches de caballos), y una pequeña central eléctrica que abastecía de energía a toda la propiedad.


Si bien arquitectónicamente denotan más sobriedad que los edificios principales, ya podemos ver aquí algunos de los elementos más característicos del estilo manuelino: cuerdas, nudos, perlas, escudos, y sobre todo elementos vegetales, decoran profusamente puertas, balcones, columnas y fachadas.



Estamos en la parte alta de la finca y por ello el impresionante bosque aparece aquí más desordenado, en una exhuberante combinación de especies (limoneros, robles, castaños, cedros, cipreses, pinos de Norfolk...) reflejo del interés de Monteiro por el "primitivismo". Y entre ellos, empezamos a encontrar ya las primeras referencias mitológicas en algunas de sus bellísimas fuentes (no serán éstos los primeros tritones a los que tengamos ocasión de saludar ☺ )



Paseando por el jardín llegamos al imponente "Portal de los Guardianes". 


Compuesto por una estructura semicircular rematada por dos torres laterales y con un minarete central, desde aquí  los "guardianes" (dos tritones) protegen la entrada (o la salida, dependiendo de cómo se iniciase el recorrido) de uno de los puntos más emblemáticos de la Quinta (y muy probablemente el que atrae al mayor número de visitantes): el "Pozo Iniciático". Es decir, con eterno celo custodian los "guardianes", ajenos al devenir del tiempo, la puerta que separa el mundo exterior del inframundo, vedada para aquellos que no lograsen superar el  misterioso y legendario ritual de iniciación.



Frente al "Portal de los Guardianes" se alzan otras dos estructuras cargadas de simbolismo: la "Torre de los Mundos Celestes" y la "Torre del Zigurat" bajo las cuales se encuentra una enorme cisterna de agua que abastece las fuentes y estanques, o el gran "Lago de la catarata".

Inspirada en las construcciones místicas de sumerios y asirios, la "Torre del Zigurat" ( piramidal y escalonada, de base cuadrada y con terraza) tiene por objeto la ascensión hasta el templete que la culmina, para estar, así, más cerca de los dioses.


A no mucha distancia nos encontramos con otro de los elementos más llamativos del jardín, la "Torre da Regaleira". Construida para que quien subiese a ella tuviera la sensación de encontrarse en el eje del mundo, nos ofrece unas vistas maravillosas de la Quinta e incluso de Sintra. Construida sobre la "Gruta de Leda" como símbolo de naturaleza alquímica, pretende simbolizar la unión en este caso del cielo y la tierra.




Bueno, pues llegamos por fin al elemento más llamativo y misterioso de la Quinta, el célebre y celebrado "Pozo Iniciático". Escondida en un conjunto megalítico formado por enormes rocas cubiertas de musgo, se encuentra la entrada (aunque, a riesgo de romper algún corazón, debo decir que muy escondida ya no está pues una larga cola de visitantes nos anticipa que allí la vamos a encontrar) a una torre invertida de 27 metros de profundidad que pretende llevarnos al mismo centro de la tierra. Inspirado en la Divina Comedia de Dante, el pozo consta de nueve pisos (nueve niveles) que representarían los nueve círculos del Infierno o los nueve cielos del Paraiso, según el recorrido iniciático elegido.



Las escaleras, muy estrechas y en espiral, giran en el sentido de las agujas del reloj, agrupadas de quince en quince escalones, hasta completar 139 (el lugar está repleto de referencias alquímicas, masónicas y esotéricas). De este modo, en semipenumbra, acariciando unas paredes de piedra húmedas y cubiertas de musgo, el hombre realiza un simbólico descenso a los infiernos para desde aquí renacer a una nueva vida espiritual.


En el fondo del Pozo nos encontramos embutida en mármol con una rosa de los vientos sobre una cruz templaria, fusionando así el escudo herádico de los Carvalho Monteiro con la Orden del Temple (algunos dicen que los nueve pisos del Pozo simbolizan a los nueve caballeros fundadores de la Orden).


Desde aquí, un sin fin de grutas nos conducirán por el verdadero infierno (todo el recorrido subterráneo de la Quinta conduce al Pozo Iniciático), hasta que, a medida que vayamos alcanzando la perfección espiritual, podamos renacer a una nueva luz exterior (en mi caso en la "Gruta del Este" ☺)


Continuamos nuestro camino por los hermosos jardines para dirigirnos hacia el "Palacio da Regaleira". Estamos en la parte baja de la finca y por ello los jardines empiezan a presentar un mayor orden y un aspecto menos salvaje, aunque nos continúan sorprendiendo las innumerables especies vegetales que aquí se concentran.



Pero antes de llegar al Palacio, debemos detenernos en una pequeña joya dentro de todo este sin par mundo de las maravillas, la "Capilla de la Santísima Trinidad", verdadero tesoro del estilo neomanuelino. Construida en piedra blanca, en su fachada están representados, a ambos lados, Santa Teresa de Avila y San Antonio, y en el centro, el Misterio de la Anunciación.



En su interior nos volvemos a encontrar con referencias a la Orden del Temple (veremos la cruz templaria en el suelo de la capilla) o una esfera armilar sobre la que descansa la Cruz de la Orden de Cristo. La cabecera se encuentra decorada con un mosaico que representa la coronación de la Virgen, quien aparece vestida con los tres colores alquímicos:  blanco, rojo y azul, además de una faja dorada que simboliza el oro alquímico y la suma de todas las virtudes.


Y finalmente nos disponemos ya a visitar el Palacio. Su imponente fachada es un claro exponente del estilo manuelino: agujas, pináculos y fantásticas gárgolas; cuerdas, nudos, esferas... representantes de la epopeya náutica portuguesa, elementos del mundo vegetal, y entre los elementos simbólicos un pelícano que se infiere una herida para alimentar a sus crías con su propia sangre, símbolo que representa a Cristo y fuese muy utilizado por la masonería. Toda la decoración estuvo a cargo del escultor José da Fonseca.



Al acceder a la planta baja, nos adentramos en la "Sala de Caza", hermoso comedor presidido por una impresionante chimenea, de un blanco impoluto, decorada con escenas alegóricas a la caza, y rematada por la figura de un cazador con sus perros. Tanto los mosaicos venecianos del suelo, como la decoración del techo hacen referencia al "ciclo de la vida".


A continuación nos encontramos en el "Salón del Renacimiento", antigua sala de estar, cuya decoración está inspirada en el Renacimiento italiano.



Pasamos a la "Sala de los Reyes", antigua sala de billar, en la que, en un maravilloso techo artesonado, aparecen representados los monarcas portugueses: 20 reyes y 4 reinas, así como los escudos de Oporto, Braga, Coimbra y Lisboa. Sobre la chimenea se encontraba el escudo de armas de Monteiro, habiendo sido remplazado por el escudo de la ciudad de Sintra.



En la primera planta están las habitaciones privadas de la familia, la zona de estudio y de juegos infantiles. En la segunda, la "Sala Octogonal" que da acceso a la terraza de la misma forma (nuevamente vemos una referencia a la simbología templaria), así como los dormitorios privados y la biblioteca. Finalmente en la tercera planta veremos la torre neo-medieval en la esquina norte del Palacio, en cuyo interior se encontraba el estudio privado del propietario conectado a través de una pequeña escalera con su laboratorio alquímico y las terrazas.


Y así concluimos nuestra visita, alejándonos del misterioso Palacio por el "Paseo de los Dioses", alameda compuesta por la alineación de estatuas de divinidades clásicas como Fortuna, Orfeo, Venus, Flora, Vulcano o Hermes. Sin duda nadie mejor para decirnos "hasta pronto".



Bueno, pues esto es todo cuanto quería compartir hoy con vosotros. Si habéis llegado hasta aquí, muchísimas gracias; espero que os haya podido resultar entretenido e interesante y os animéis a hacer una visita. Yo, que queréis que os diga, me lo pasé como una enana ☺

Y sin más me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios.

Un Abrazo y Sed Felices.


sábado, 18 de abril de 2020

Lisboa de la mano de Fernando Pessoa

Hablar de Lisboa es, inevitablemente, hablar de Fernando Pessoa. En las calles adoquinadas, en el bullicio de la gente, en el ajetreado circular de los tranvías, en el sol reflejándose en las casitas coloreadas, en los gatos que caminan sigilosos por los tejados, en las terrazas y los cafés, las palabras del poeta nos acompañan como la particular banda sonora de nuestro caminar.

Resulta obligado comenzar nuestro recorrido por la plaza más importante de Lisboa: la Plaza del Comercio. Puerta de entrada del comercio marítimo a la ciudad durante décadas y presidida por la "estatua ecuestre de José I", en ella se encuentra uno de los lugares más visitados por los innumerables viajeros, hoy igual que antaño: el Muelle de las Columnas. Punto en el que la plaza se une con el río Tajo, hasta aquí llegaban los barcos que traían a embajadores, nobles y reyes a la ciudad, a la que accedían por la escalinata de mármol sobre la que ahora, siglos después, nos encontramos.



En el lado norte de la Plaza se alza, majestuoso, el  Arco da Rua Augusta, con el que comienza la calle más importante de "La Baixa", la Rua Augusta. Diseñado por el arquitecto Santos de Carvalho para celebrar la reconstrucción de la ciudad después del gran terremoto, resulta tan imponente que no podemos apartar la mirada del maravilloso conjunto escultórico que lo remata: la Gloria coronando al Genio y al Valor (alegoría atemporal, por muy denostados que ambos parezcan estar en estos tiempos).


Pues bien, debajo de la arcada nordeste de la Plaza se encuentra uno de los lugares más frecuentados por nuestro poeta: el Restaurante Martinho da Arcada.


Inaugurado en 1782, se tiene por el café más antiguo de Lisboa y por uno de los puntos de reunión preferidos de Fernando Pessoa, especialmente al final de su vida. Aquí solía acudir para almorzar ( su plato favorito eran los "ovos mexidos com queijo") o reunirse con otros colaboradores de la revista Orphéu. Es por ello que se mantiene intacta la mesa que el poeta solía ocupar y por lo que su imagen nos recibe ya desde la entrada: “Pessoa frecuentaba todas las tabernas de Lisboa. No obstante, es aquí donde realmente encontró abrigo”.



En 1927, Coca-Cola encargó a la Agencia Hora una campaña publicitaria para su bebida, de tal modo que, estando Pessoa trabajando en ella, fue el responsable de crear el primer anuncio de Coca-Cola en Portugal, con el eslogan "primero se extraña, después se entraña". Por esas cosas de la vida, la fortuna volvió a darle la espalda, pues la justicia portuguesa y el Estado Novo prohibieron la entrada de la bebida en el país y su campaña nunca llegó a ver la luz. 


Era nuestro poeta un asiduo de las plazas lisboetas, de modo que en nuestro caminar por la Rua Augusta, nos dirigimos ahora a otra de sus preferidas, la Plaza del Rossio (oficialmente llamada de don Pedro IV) verdadero centro neurálgico de Lisboa, en "La Baixa", a muy poca distancia de la Plaza da Figueira y la Plaza de los Restauradores.

“Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que confluyen en ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida" 

La Plaza de Don Pedro IV, sigue siendo conocida por los lisboetas con su nombre medieval, Rossio, que quiere decir "espacio de propiedad común", ya que en ella se celebraron desde festejos populares a mercados, pasando por revueltas y actos inquisitoriales. Ya mediado el siglo XIX la plaza fue cubierta por mosaicos ondulados blancos y negros formando los típicos dibujos que podemos encontrar en toda la ciudad.


En el centro de la Plaza, dándola nombre, se alza la estatua de Pedro IV, el primer rey constitucional de Portugal, muy querido por los lisboetas debido a sus ideas liberales.


Obra del escultor Elias Robert y del arquitecto Gabriel Davioud, sobre una imponente columna se encuentra la figura de dicho emperador de Brasil y rey de Portugal que otorgó a nuestros vecinos la Carta Constitucional  en 1826. En la base del monumento podemos ver cuatro grandes figuras alegóricas de las virtudes del rey: Prudencia, Templanza, Fortaleza y Justicia. 


Hemos dicho que aquí se celebraron algunas ejecuciones en tiempos de la Inquisición, y es que, en el mismo emplazamiento que hoy ocupa el Teatro Nacional de Doña María II, se levantaba el Palacio de la Inquisición, que sería reconstruido por el Marqués de Pombal después del terremoto de 1755, para desaparecer definitivamente entre las llamas en 1836.


Denominado Teatro de Doña María II en honor a la hija del rey Don Pedro, estamos ante un edificio de estilo neoclásico, realizado por el italiano Fortunato Lodi en 1846, con una amplia y larga fachada de dos plantas con amplios ventanales, y una tercera más pequeña coronada por figuras alegóricas de estilo clasicista.

Destaca como elemento central el espectacular pórtico, dotado de columnas jónicas procedentes de la desaparecida iglesia de San Francisco y rematado por un gran frontón triangular decorado con alegorías en piedra, obra de Assis Rodrigues. Coronando todo el conjunto se encuentra la figura del dramaturgo Gil Vicente, fundador del teatro portugués.

Amaba Pessoa el calor sosegado de las tardes veraniegas en "La Baixa", el devenir cansado de las gentes, los vendedores ambulantes, y sobre todo los silencios, esos que necesitaba pues "casi siempre he tenido como timidez de tanta gente, de mí mismo y de mi propósito". Conserva Lisboa esa decadencia que invita a la melancolía, de modo que, abstraídos del bullanguero ir y venir de los turistas, merece la pena detenerse un momento a contemplar la puesta de sol en el mismo punto en el que lo hiciera nuestro desasosegado amigo.

Muy cerca de la plaza, en su esquina noroeste, se encuentra la Estación de Trenes del Rossio, cuya imponente fachada neo-manuelina con puertas en forma de herradura llama inmediatamente nuestra atención. 

La construcción de la estación correspondió a la Compañía Ferroviaria Real Portuguesa a finales del siglo XIX, siendo edificada entre 1886 y 1887, según el proyecto del arquitecto Luis Monteiro, quien se inspiró en el estilo manuelino, característico de la arquitectura portuguesa como ya vimos en el post anterior.


De aquí parten los trenes para Sintra, y aquí nos vienen a la memoria las palabras de Bernardo Soares, pues no hubo mayor enemigo de la idea de viajar ("¡Ah, que viajen los que no existen!"), mayor enamorado de Lisboa ni, a su pesar, admirador de tranvías y ferrocarriles: "Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranvía cuando va a Benfica, y si un día va a Cintra, siente que ha ido a Marte".

Seguimos caminando  por Lisboa de la mano del poeta para llegar a su barrio, al "Chiado". Aquí comenzó todo un 13 de junio de 1888, cuando en el número 4 del Largo de Sao Carlos, en una de esas plazas tan suyas, de un barrio repleto de intelectuales, cosmopolita, y frente al Teatro Nacional Sao Carlos, nacía Fernando Pessoa.


Hoy es muy fácil identificar su casa pues delante de ella se eleva una enorme estatua del autor.

Teatro Nacional Sao Carlos


"El Chiado" es hoy, como ayer, un hervidero de actividad, un ir y venir sin pausa de turistas, lisboetas, artistas callejeros, nostálgicos de las letras en busca de ese ejemplar único y descatalogado en alguna de las hermosas librerías que nos salen al paso, y amantes del poeta como yo, que se detienen en una de ellas, la histórica Livraria Bertrand, fundada por dos franceses en 1732 (dicen que la más antigua del mundo) para comprar el "Libro del Desasosiego" y "Amor", y tomar un café en ese pequeño remanso de paz que nos espera, al fondo, y en el que se rinde de nuevo homenaje al lisboeta más universal.  

“Son las calles antiguas con otra gente, hoy las mismas calles diferentes; son personas muertas que me están hablando, a través de la transparencia de la falta de ellas hoy; son remordimientos de lo que hice o no hice, ruidos de regatos de noche, ruidos allá abajo, en la casa quieta”. 

Es éste el barrio de los tranvías (por aquí pasa el famoso y turístico 28), de las calles empinadas de escaleras infinitas y fachadas cubiertas de azulejos (aunque hoy casi no se vean bajo los graffiti), de ropa tendida en los balcones como si el tiempo se hubiera detenido, de suelos cubiertos de azulejos en blanco y negro que contrastan con las fachadas de colores, de museos, de iglesias y una vez más, de plazas, como la  dedicada a otro grande de las letras portuguesas, Luis de Camões.



"En ciertos momentos muy claros de la meditación, como aquellos en que, al principio de la tarde, vago observador por las calles, cada persona me trae una noticia, cada casa me ofrece una novedad, cada letrero contiene un aviso para mí. Mi paseo callado es una conversación continua, y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesión del Destino". 

En la Basílica de Nuestra Señora de los Mártires, en pleno corazón del Chiado, fue bautizado Pessoa. 


La Basílica tiene su origen en 1147, cuando tras la reconquista de Lisboa, el rey Alfonso Henriques la mandó construir, poniendo la primera piedra, con el fin de albergar la imagen de la Virgen (traída por los cruzados ingleses) a quien había pedido protección en batalla, y a quien denominaron Nuestra Señora  de los Mártires en memoria de todos los soldados que murieron en combate en defensa de la fe cristiana.

La ermita ya era una gran iglesia barroca en 1755, cuando fue completamente destruida durante el terremoto por lo que en 1769 se optó por trasladar la iglesia a la actual Rua Garrett. De estilo neobarroco, obra del arquitecto Reinaldo Manuel dos Santos, fue terminada en 1784.

Sobre el pórtico central se halla un medallón conmemorativo dedicado al templo primitivo: representa a D. Afonso Henriques, acompañado del legendario cruzado Guilherme da Longa Espada, dando gracias a la Virgen por la conquista de Lisboa (obra de Francisco Leal García).

Se trata de un templo de nave única encuadrada por ocho capillas laterales, revestida interiormente con mármoles y en la que, junto con importantes obras escultóricas y pictóricas, destacan las maravillosas pinturas del techo del cuerpo central obra de Pedro Alexandrino. 


Nos llama también la atención un precioso Belén, montado en la sección original del siglo XVIII, formado por delicadas figuras de terracota que se creen obra de Joaquim Machado de Castro, y que por el proverbial amor y cuidado de los fieles fueron recuperadas, restauradas y dispuestas según las escenas principales de la Natividad.


Y por fin, caminando por esas calles que fueron las suyas y a las que tanto amó, llegamos al punto final de nuestro recorrido, en el que sentado a la mesa, con su eterno sombrero y sus piernas cruzadas, Fernando Pessoa nos da la bienvenida. 

"Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella -el bullicio- en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan (…) la vida evidente y unánime"


De todos los cafés del Chiado, A Brasileira es sin duda el más emblemático, el más bohemio, el más decadente y el más visitado. Escenario habitual del poeta, lugar de incontables tertulias literarias, artísticas e intelectuales, se dice que la "bica", un café fuerte, negro y corto, se inventó en este lugar.

El local fue abierto por Adriano Telles el 19 noviembre 1905 (después de abrir uno en Oporto en 1903), dedicado a la venta de café brasileño (el verdadero) originario del estado de Minas Gerais, aunque vendían además  muchos otros productos, como aceite, harina, té, diversos tipos de pimientos y de vino. 

Remodelado en 1908 y luego en el 1922 dando paso un verdadero café-restaurante, presenta una deliciosa decoración  "Art déco".  En 1997 fue declarado como parte del Patrimonio arquitectónico portugués, con la categoría de "inmueble de interés público".



Y así, tomando uno de esos cafés tan negros y fuertes, con la mirada en un mundo que fue, disfrutamos de un momento de nostalgia, ensimismados, también nosotros, en el desasosiego.