"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


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jueves, 29 de abril de 2021

G.K.Chesterton y la más alta ocasión que vieron los siglos

Decía G. K. Chesterton que "a cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales", y probablemente nunca hayamos estado más necesitados de ellos que ahora. Nuestra civilización se derrumba gustosamente; Occidente se muere porque quiere morir.

Y precisamente porque nunca como ahora ha sido tan necesario insuflarse de heroísmo, y porque pertenezco a esa especie en vías de extinción de los que no se resignan a dejarse llevar por la corriente, tengo la costumbre de revisitar un poema capaz de devolverme la esperanza: "Lepanto" de "el divino gordo" (como le llama un amigo muy querido).


Hay pocos textos más hermosos, ¿verdad? Pues hoy me gustaría compartir aquí unas humildes reflexiones sobre él.

 .- ¿Por qué eligió Chesterton este tema a principios del siglo XX? Por dos cuestiones a mi modo de ver: en primer lugar por una pasión o filia personal, y en segundo por una cuestión social, histórica, por el momento en el que está viviendo y porque es consciente de la proximidad de una contienda que parece inevitable.

Es fácil intuir que el tema representaba una pasión personal conociendo la biografía de “el divino gordo”. Habiendo crecido a finales del XIX  como buen burgués, había profesado todo lo que luego repudió: fue escéptico, agnóstico y relativista. Pero hete aquí que un día empezó a analizar la Modernidad de la que su Inglaterra natal era abanderada y a darse cuenta de que el triunfo de la secularización había sido tal que se había llegado a una total negación de la trascendencia. Desde la economía a la familia o a la propia forma de vida, todo era industrial, material, sin ninguna relación con lo absoluto; la persona no era más que una pieza en esa maquinaria, y lo económico primaba sobre la dignidad y la libertad individual. 

Llegando a la conclusión de que la Modernidad había fracasado porque en ningún momento lo mundano (incluido el estado) va a proporcionar felicidad al hombre, se ve en la necesidad de formular una hipótesis sustitutoria, algo que le devuelva la trascendencia, y aunque empieza poco a poco a coquetear con el Cristianismo (hasta que finalmente se convierte en un católico ferviente hallando aquí las respuestas que buscaba) empieza también a bucear en la historia para, evidentemente, llegar al periodo en el que toda la sociedad, la vida, estaba fundamentada en la trascendencia, que no es otro que la Edad Media y que le fascina por completo. Y si hay algo trascendente, que ensalce la libertad y la dignidad del hombre, la entrega a los demás, el amor por la patria, el orgullo de pertenencia, eso son las Cruzadas (por cierto aquí juega un papel importante su amigo Belloc, que tiene un libro espectacular sobre ellas del mismo título). 

El segundo aspecto es el histórico, pero en cierto modo es inseparable del personal. Chesterton considera que la Modernidad ha fracasado porque se ha fundado sobre verdades relativas y materialismo. Una de sus frases célebres es que “cuando el hombre deja de creer en Dios, empieza a creer en cualquier cosa”, crea religiones de sustitución, y justo ahí estaba viendo el peligro del totalitarismo que empezaba a amenazar a Europa y las pulsiones nacionalistas que acabarían conduciendo en 1914 a la Primera Guerra Mundial.

Por lo tanto, ¿qué mejor símbolo para representar todo eso que “Lepanto, la más alta ocasión que vieron los siglos”? 



.- ¿Qué simboliza esa historia de cruzados en la Europa de 1914? Pues bien, el poema de Chesterton, además de bellísimo, es un llamamiento en toda regla. Por un lado representa la necesidad de que toda la “cristiandad” se una contra un enemigo común (en este caso la Alemania de 1911). Por otro supone la reivindicación de un modo de ver y entender la vida, el del Cruzado, pero dejando claro que no es algo que esté sólo al alcance de una élite, sino del común. No deja en ningún momento de ensalzar la figura de Don Juan, el último caballero de Europa, capaz de oír la llamada para defender lo que una vez fue un mundo “dorado”, y que es, precisamente, un hijo ilegítimo: “un príncipe sin corona, en un trono sin nombre, abandonando su dudoso trono e infamado sitial”.

Y por otro lado no tiene recato en contraponer a Don Juan con cada uno de los reyes o el mismísimo Papa. Mientras una se mira al espejo, el otro bosteza en Misa, y el español se muere de miedo, Don Juan coge las armas, parte a la batalla, se enfrenta con valor al enemigo y devuelve la libertad a los hombres. ¿Qué simboliza en aquella Europa? Pues que los políticos estaban, como siempre, muy ocupados cada uno a lo suyo mientras el peligro acechaba, y serían nuevamente los “cruzados” de a pie quienes lucharan, murieran y vencieran (todos esos jóvenes ingleses que fueron a combatir y a los que luego rendiría homenaje en su obra). 


Impresionante resulta este verso: “¡Es el que no dice "Kismet"; es el que no conoce el Destino, Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama! Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde”. Chesterton nos está diciendo aquí que es la historia la que llama, todos los que vivieron y murieron antes que ellos, los que con sus aciertos y sus errores no se rindieron para edificar algo que merece ser defendido aún a riesgo de la propia vida (otra frase de Chesterton: “los hombres no luchan porque odien lo que tienen delante sino porque aman lo que tienen detrás”) y que ellos deberán ahora hacer lo propio.

Y ya en los últimos versos: “Cervantes en su galera envaina la espada (Don Juan de Austria regresa con un lauro) Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España, Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco, Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero... (Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)”  nos está diciendo dos cosas: por una parte que pese a que la tierra esté agotada y el camino parezca no llevar a ninguna parte, siempre hubo y siempre habrá hombres capaces de batallar hasta el último aliento  por defender los ideales que merecen ser defendidos, aunque los tachen de locos (to dream the impossible dream), en una especie de permanente cruzada contra el mundo moderno. Y en segundo lugar, que a lo que debemos aspirar es a la sonrisa satisfecha (y, siendo un católico convencido, misericordiosa) que producen la conciencia limpia y el deber cumplido, y a huir de las risas crueles de los tiranos. 

El último caballero sonríe y envaina el acero. Es un hombre libre. 

Y hasta aquí todo lo que quería compartir con vosotros hoy. Como dice otro amigo, nuestra historia está llena de Trafalgares y Lepantos, pero de nosotros depende, ante todo, no dejar de luchar.

Muchas gracias por vuestras visitas y por tomaros el tiempo para dejarme algún comentario, que como siempre digo, son el motor de este pequeño rincón. Os deseo un buen "puente"

Un Abrazo y Sed Felices.


miércoles, 22 de julio de 2020

"Quinta da Regaleira". Sintra

Una de las localidades más bellas de Portugal, situada a menos de una hora en tren de Lisboa, es la villa de Sintra, no en vano declarada  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 19 de diciembre de 1995. 

Situada en la Sierra de Sintra, la villa nos sorprende con un microclima muy especial, una vegetación exuberante, playas y acantilados, que ya desde el siglo XIV atrajeron a monarquía y nobleza quienes construyeron palacios y suntuosas residencias, instalándose aquí desde conventos y monasterios hasta órdenes militares. Sin embargo es en el siglo XIX cuando alcanza su máximo apogeo, convirtiéndose en lugar de residencia de la monarquía portuguesa, y atrayendo como un imán a numerosos artistas europeos como el sin par Lord Byron quien la definiría como "el Glorioso Edén".

Tras un breve paseo por las estrechas y adoquinadas calles de su casco histórico (al que dedicaremos otro post), resulta visita indispensable  uno de los lugares más mágicos y especiales de la villa, máximo exponente de esa explosión romántica que sacudió Sintra en el diecinueve: La Quinta da Regaleira.

Sueño y obra del aristócrata Antonio Augusto Carvalho Monteiro, quien, dueño de tal fortuna que le valió el sobrenombre de “Montero de los millones”, encargó tan particular proyecto al genial arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini, incorporando además  la  maestría de los escultores, canteros y talladores que habían trabajado con él en el Palace Hotel de Buçaco.

La Quinta debe su nombre al lugar en el que se ubica, los terrenos de la Vizcondesa da Regaleira, siendo construida ya en el periodo final de la monarquía, entre 1904 y 1910. Carvalho Monteiro era un hombre de gran cultura, espíritu científico, inclinaciones místicas y esotéricas, coleccionista, filántropo, bibliófilo... es decir, el epítome del caballero decimonónico. Por ello, quiso vivir rodeado de todo aquello que le apasionaba, y dejarlo además escrito en piedra, oculto a plena luz, para ser descubierto por aquellos que fueran dignos de ello. 

Toda la Quinta está planteada como el escenario de un viaje iniciático, una suerte de peregrinación por un jardín simbólico plagado de referencias a la mitología, al Olimpo, a Dante y Virgilio, a Camões, a la misión templaria de la Orden de Cristo, a grandes místicos y taumaturgos, los enigmas del Arte Real y a la Magna Obra Alquímica.

La entrada para visitantes se encuentra en el la parte superior de la finca, de modo que desde la Plaza de Sintra tendremos que caminar unos ochocientos metros de agradable cuesta arriba bordeando los jardines, hasta que, a medio camino, las elegantes y manuelinas agujas del Palacio empiecen a aparecer en el horizonte.


En esta zona nos encontramos las que fueran dependencias de los empleados de la finca, las caballerizas y el "couch house" (el equivalente al garaje en el que se guardaban los coches de caballos), y una pequeña central eléctrica que abastecía de energía a toda la propiedad.


Si bien arquitectónicamente denotan más sobriedad que los edificios principales, ya podemos ver aquí algunos de los elementos más característicos del estilo manuelino: cuerdas, nudos, perlas, escudos, y sobre todo elementos vegetales, decoran profusamente puertas, balcones, columnas y fachadas.



Estamos en la parte alta de la finca y por ello el impresionante bosque aparece aquí más desordenado, en una exhuberante combinación de especies (limoneros, robles, castaños, cedros, cipreses, pinos de Norfolk...) reflejo del interés de Monteiro por el "primitivismo". Y entre ellos, empezamos a encontrar ya las primeras referencias mitológicas en algunas de sus bellísimas fuentes (no serán éstos los primeros tritones a los que tengamos ocasión de saludar ☺ )



Paseando por el jardín llegamos al imponente "Portal de los Guardianes". 


Compuesto por una estructura semicircular rematada por dos torres laterales y con un minarete central, desde aquí  los "guardianes" (dos tritones) protegen la entrada (o la salida, dependiendo de cómo se iniciase el recorrido) de uno de los puntos más emblemáticos de la Quinta (y muy probablemente el que atrae al mayor número de visitantes): el "Pozo Iniciático". Es decir, con eterno celo custodian los "guardianes", ajenos al devenir del tiempo, la puerta que separa el mundo exterior del inframundo, vedada para aquellos que no lograsen superar el  misterioso y legendario ritual de iniciación.



Frente al "Portal de los Guardianes" se alzan otras dos estructuras cargadas de simbolismo: la "Torre de los Mundos Celestes" y la "Torre del Zigurat" bajo las cuales se encuentra una enorme cisterna de agua que abastece las fuentes y estanques, o el gran "Lago de la catarata".

Inspirada en las construcciones místicas de sumerios y asirios, la "Torre del Zigurat" ( piramidal y escalonada, de base cuadrada y con terraza) tiene por objeto la ascensión hasta el templete que la culmina, para estar, así, más cerca de los dioses.


A no mucha distancia nos encontramos con otro de los elementos más llamativos del jardín, la "Torre da Regaleira". Construida para que quien subiese a ella tuviera la sensación de encontrarse en el eje del mundo, nos ofrece unas vistas maravillosas de la Quinta e incluso de Sintra. Construida sobre la "Gruta de Leda" como símbolo de naturaleza alquímica, pretende simbolizar la unión en este caso del cielo y la tierra.




Bueno, pues llegamos por fin al elemento más llamativo y misterioso de la Quinta, el célebre y celebrado "Pozo Iniciático". Escondida en un conjunto megalítico formado por enormes rocas cubiertas de musgo, se encuentra la entrada (aunque, a riesgo de romper algún corazón, debo decir que muy escondida ya no está pues una larga cola de visitantes nos anticipa que allí la vamos a encontrar) a una torre invertida de 27 metros de profundidad que pretende llevarnos al mismo centro de la tierra. Inspirado en la Divina Comedia de Dante, el pozo consta de nueve pisos (nueve niveles) que representarían los nueve círculos del Infierno o los nueve cielos del Paraiso, según el recorrido iniciático elegido.



Las escaleras, muy estrechas y en espiral, giran en el sentido de las agujas del reloj, agrupadas de quince en quince escalones, hasta completar 139 (el lugar está repleto de referencias alquímicas, masónicas y esotéricas). De este modo, en semipenumbra, acariciando unas paredes de piedra húmedas y cubiertas de musgo, el hombre realiza un simbólico descenso a los infiernos para desde aquí renacer a una nueva vida espiritual.


En el fondo del Pozo nos encontramos embutida en mármol con una rosa de los vientos sobre una cruz templaria, fusionando así el escudo herádico de los Carvalho Monteiro con la Orden del Temple (algunos dicen que los nueve pisos del Pozo simbolizan a los nueve caballeros fundadores de la Orden).


Desde aquí, un sin fin de grutas nos conducirán por el verdadero infierno (todo el recorrido subterráneo de la Quinta conduce al Pozo Iniciático), hasta que, a medida que vayamos alcanzando la perfección espiritual, podamos renacer a una nueva luz exterior (en mi caso en la "Gruta del Este" ☺)


Continuamos nuestro camino por los hermosos jardines para dirigirnos hacia el "Palacio da Regaleira". Estamos en la parte baja de la finca y por ello los jardines empiezan a presentar un mayor orden y un aspecto menos salvaje, aunque nos continúan sorprendiendo las innumerables especies vegetales que aquí se concentran.



Pero antes de llegar al Palacio, debemos detenernos en una pequeña joya dentro de todo este sin par mundo de las maravillas, la "Capilla de la Santísima Trinidad", verdadero tesoro del estilo neomanuelino. Construida en piedra blanca, en su fachada están representados, a ambos lados, Santa Teresa de Avila y San Antonio, y en el centro, el Misterio de la Anunciación.



En su interior nos volvemos a encontrar con referencias a la Orden del Temple (veremos la cruz templaria en el suelo de la capilla) o una esfera armilar sobre la que descansa la Cruz de la Orden de Cristo. La cabecera se encuentra decorada con un mosaico que representa la coronación de la Virgen, quien aparece vestida con los tres colores alquímicos:  blanco, rojo y azul, además de una faja dorada que simboliza el oro alquímico y la suma de todas las virtudes.


Y finalmente nos disponemos ya a visitar el Palacio. Su imponente fachada es un claro exponente del estilo manuelino: agujas, pináculos y fantásticas gárgolas; cuerdas, nudos, esferas... representantes de la epopeya náutica portuguesa, elementos del mundo vegetal, y entre los elementos simbólicos un pelícano que se infiere una herida para alimentar a sus crías con su propia sangre, símbolo que representa a Cristo y fuese muy utilizado por la masonería. Toda la decoración estuvo a cargo del escultor José da Fonseca.



Al acceder a la planta baja, nos adentramos en la "Sala de Caza", hermoso comedor presidido por una impresionante chimenea, de un blanco impoluto, decorada con escenas alegóricas a la caza, y rematada por la figura de un cazador con sus perros. Tanto los mosaicos venecianos del suelo, como la decoración del techo hacen referencia al "ciclo de la vida".


A continuación nos encontramos en el "Salón del Renacimiento", antigua sala de estar, cuya decoración está inspirada en el Renacimiento italiano.



Pasamos a la "Sala de los Reyes", antigua sala de billar, en la que, en un maravilloso techo artesonado, aparecen representados los monarcas portugueses: 20 reyes y 4 reinas, así como los escudos de Oporto, Braga, Coimbra y Lisboa. Sobre la chimenea se encontraba el escudo de armas de Monteiro, habiendo sido remplazado por el escudo de la ciudad de Sintra.



En la primera planta están las habitaciones privadas de la familia, la zona de estudio y de juegos infantiles. En la segunda, la "Sala Octogonal" que da acceso a la terraza de la misma forma (nuevamente vemos una referencia a la simbología templaria), así como los dormitorios privados y la biblioteca. Finalmente en la tercera planta veremos la torre neo-medieval en la esquina norte del Palacio, en cuyo interior se encontraba el estudio privado del propietario conectado a través de una pequeña escalera con su laboratorio alquímico y las terrazas.


Y así concluimos nuestra visita, alejándonos del misterioso Palacio por el "Paseo de los Dioses", alameda compuesta por la alineación de estatuas de divinidades clásicas como Fortuna, Orfeo, Venus, Flora, Vulcano o Hermes. Sin duda nadie mejor para decirnos "hasta pronto".



Bueno, pues esto es todo cuanto quería compartir hoy con vosotros. Si habéis llegado hasta aquí, muchísimas gracias; espero que os haya podido resultar entretenido e interesante y os animéis a hacer una visita. Yo, que queréis que os diga, me lo pasé como una enana ☺

Y sin más me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios.

Un Abrazo y Sed Felices.


domingo, 3 de marzo de 2019

Iglesia de Santa María de la Victoria y "El Éxtasis de Santa Teresa". Roma

Existe una pequeña iglesia en Roma que si bien no llama excesivamente la atención por su exterior, es famosa por albergar en su interior una de las obras de arte más hermosas de la historia. Me estoy refiriendo a la Iglesia de "Santa María della Vittoria" y por supuesto al "Éxtasis de Santa Teresa" (L'Estasi di Santa Teresa) de nuestro viejo amigo Gian Lorenzo Bernini. 

A ambas vamos a dedicar hoy este recorrido virtual, de modo que si os apetece acompañarme, comenzamos!

El terreno en el que se levanta la iglesia, originariamente rural, fue adquirido por los padres Carmelitas Descalzos, quienes habían obtenido un Breve apostólico de Pablo V para poder edificar conventos de su Orden por toda la Cristiandad. Existen discrepancias en la fecha de inicio de su construcción, aunque la podemos situar entre 1603 y 1608, en el barroco temprano, bajo la dirección de Carlo Maderno. 

Inicialmente fue dedicada a San Pablo y financiada por los propios Carmelitas. Sin embargo, el hallazgo durante la excavación de los cimientos de la escultura conocida como el "Hermafrodita durmiente", hizo que el Cardenal Scipione Borghese reclamase la concesión de la misma, a cambio de financiar el resto de la obra de la fachada y "prestar" a la orden los servicios de su arquitecto Giovanni Battista Soria. Éste llevará a cabo la fachada, entre 1624 y 1626, mostrando la clara influencia de otra obra de Maderno, la "Iglesia de Santa Susanna", situada justo al otro lado de la calle.

En la batalla de la Montaña Blanca, en 1620, las fuerzas imperiales recuperan Bohemia para la Cristiandad. Su capellán, de la orden Carmelita, portaba una imagen de la Natividad, a la que se atribuye haber conducido a la victoria a las tropas católicas frente a las protestantes. Dicha imagen será conducida primero a Praga, y desde allí a Roma, siendo depositada inicialmente en la iglesia de Santa María la Mayor, en presencia del papa Gregorio XV. El 8 de mayo de 1622, será trasladada en solemne procesión a San Pablo, consagrando entonces la iglesia a la Sagrada Virgen y dándola el nombre de "Santa María de la Victoria"

Es curioso que, para recordarnos una vez más la victoria sobre el infiel, podemos observar también, colgados por la iglesia, estandartes turcos capturados en la batalla de Viena en 1683.

Como hemos dicho, exteriormente pasa prácticamente desapercibida, sin embargo, cuando cruzamos el umbral, nos adentramos en uno de los espacios barrocos más suntuosos de cuantos pueblan la ciudad eterna. La luz, el color, el aroma a incienso...todo está diseñado para sorprendernos en una atmósfera de mágico recogimiento.


Consta de una sola nave bastante amplia, bajo una bóveda segmentada baja, y con tres capillas laterales interconectadas y dos capillas en el crucero. Cada una de ellas se localiza detrás de arcos, separados por soberbias pilastras corintias con capiteles dorados que apoyan en un rico entablamento. Los revestimientos de mármol policromado, que contrastan entre sí, se encuentran profusamente adornados con ángeles y "putti" de estuco blanco y dorado en bulto redondo. 

La decoración interior se fue enriqueciendo a través de los años, después de la muerte de Maderno. Así, la bóveda fue pintada al fresco en 1663 con temas triunfales: "La Virgen María triunfa sobre la Herejía" y "Caída de los ángeles rebeldes", ambos obra de Giovanni Domenico Cerrini. 


Por su parte el Altar Mayor, en el que se encontraba la milagrosa imagen de la Natividad a la que se atribuyese la victoria en Praga, fue destruido por un incendio en 1833. El príncipe Alessandro Torlonia lo mandó reconstruir en 1880, de modo que hoy podemos contemplar la parte superior del ábside decorada por un gran fresco de Luigi Serra: "Entrada de la Imagen de la Madonna en Praga", y en el centro, rodeado por los rayos de gloria, el pequeño cuadro de "Santa Maria della Vittoria", copia del original destruido en el fuego. Destaca la rica decoración del altar, en el que abundan los mármoles policromados y  las piedras preciosas.


No debemos dejar de admirar la cúpula, en la que encontramos el "Rapto de San Pedro al Cielo", obra nuevamente de Giovanni Domenico Cerrini.


El coro fue diseñado por Mattia Rossi, uno de los principales discípulos y colaboradores de Bernini, y en él hay que destacar, amén del maravilloso órgano, pieza en la que siempre me fijo pues siento por ellos especial debilidad, en los ángeles que lo sostienen en alto, así como los que soportan la cornisa y la bóveda:


Bueno, llega el momento de hablar de las capillas laterales, y por lo tanto de la joya de la iglesia, la responsable de que la visiten, cada año, miles de personas de los cinco continentes: la "Capilla de Santa Teresa de Jesús". 

Llamada también "Capilla Cornaro", fue proyectada por Gian Lorenzo Bernini en 1646, por encargo del Cardenal Francesco Cornaro, y en ella se encuentra una de las obras maestras de la escultura barroca: "El éxtasis de Santa Teresa".


Realizada entre 1647 y 1651, por encargo del Cardenal veneciano para decorar el lugar en el que debiera ir su tumba, la escena representa un episodio descrito por la propia Santa Teresa de Ávila en su escrito autobiográfico conocido como "Libro de la Vida"; el momento en que un ángel le atraviesa el corazón con un dardo de oro:

"Vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto"
Libro de la Vida. Capítulo XXIX.

Toda la capilla es una explosión de color gracias a la cuidada combinación de mármol y metal, y a primorosos detalles, como la luz, que filtrada a través de una ventana ubicada por encima de Santa Teresa, realza los rayos dorados que descienden sobre ambas figuras. En la cúpula frescos con un cielo de trampantojo, lleno de querubines, con la luz que desciende del Espíritu Santo representado en forma de paloma. 


Sobre la escena del éxtasis se han escrito ríos de tinta. La postura del cuerpo y la expresión de la Santa han dado lugar a las más variadas interpretaciones, intentando siempre buscar una explicación "terrenal". Sin embargo, tan sólo la genialidad de Bernini podría conseguir que el rostro de Santa Teresa, en plena transverberación, nos trasmita la profunda mezcla de dolor físico y placer divino que acompaña a la experiencia mística. 

Para dotarla del dinamismo propio del barroco, Bernini trabaja la piedra en olas de tela, enfatizando el terremoto espiritual que está experimentando Teresa. Un viento divino agita la ropa del ángel, que sonríe travieso, mientras dirige su flecha de oro al corazón de la Santa. La nube sobre la que descansa ésta, parece, sin pulir, casi de algodón, tan liviana, que la ropa de Teresa aparenta flotar mientras ésta se eleva en su levitación. 

Es tal la precisión con que el artista diseñó y ejecutó su obra, que cuando en la penumbra de la capilla, la luz atraviesa la pequeña ventana superior e incide sobre los rayos dorados, las dos figuras parecen elevarse sobre nosotros, de forma que al contemplar esa explosión de belleza, también nuestro corazón se eleva, gozoso, hacia el Creador.


Si giramos a nuestra derecha, justo frente a la capilla que acabamos de describir nos encontramos con la "Capilla de San José", denominada así por estar presidida por el grupo escultórico de Domenico Guidi (1625-1701), "El Sueño de San José". Claramente influido por la obra de Bernini, representa el instante en el que un ángel aparece para revelar a San José la virginal concepción de María.


Y por último debemos admirar la "Capilla de la Virgen del Carmen", presidida por la obra del Balzico (1825-1901), "La Virgen que entrega el escapulario a San Simón Stock".


Es hora ya de abandonar la iglesia, y al salir, no podemos dejar de prestar atención a la imponente fuente que encontramos junto a ella: la conocida popularmente como "Fuente de Moisés":


Llamada "Fuente del Agua Feliz" en honor del papa Sixto V (Felice Peretti), se ubicó en este punto para suministrar agua a los barrios surgidos en las colinas del Viminal y del Quirinal, y en especial a su extensa Villa Montalto, que se extendía entre ambas. 

Diseñada por Giovanni Fontana, se inauguró el 15 de junio de 1587. Consta de tres arcos cerrados escoltados por cuatro columnas jónicas, dos de mármol de Cipolin y dos de brecha gris. Cuatro leones de estilo egipcio descansan a sus pies. Las columnas sostienen las arquitrabes sobre las cuales reposa el ático en el que figura el escudo papal sujeto por dos ángeles; lo rematan dos pequeños obeliscos. Para proteger la bañera de la fuente existe una balaustrada proveniente de un edificio erigido bajo el pontificado de Pío IV (aunque no consigue evitar que turistas y romanos se refresquen en sus aguas en los meses de verano)

Gran parte del travertino empleado en su construcción proviene de las cercanas "Termas de Diocleciano", mientras que los leones originales, dos de pórfido y dos de mármol claro, provenían del Panteón de Agripa donde fueron encontrados. Con el fin de protegerlos de posibles daños y del paso del tiempo, se trasladaron a los Museos Vaticanos bajo el pontificado de Gregorio XVI (1831-1846), y se sustituyeron por copias de Adamo Tadolini.

En los dos nichos laterales encontramos sendos altorrelieves: a la izquierda "Aarón guiando al pueblo hebreo al agua emanada del desierto", obra de Giovan Battista della Porta y a la derecha "Gedeón elige a los soldados observando su modo de beber", de Flaminio Vacca y Pietro Paolo Olivieri.

En el nicho central, Moisés (muy poco apreciado por los romanos, quienes le denominan "el Moisés ridículo") señala las aguas que surgen de la roca de forma milagrosa. La obra es de Leonardo Sormani, con la colaboración de Prospero Antichi, conocido como il Bresciano, del cual se dice que se suicidó, por la vergüenza tan terrible que sintió al ser consciente de la fealdad de su estatua. Juzgad vosotros mismos ☺


Bueno, pues ahora sí hemos llegado al final de nuestro recorrido. Muchas gracias por haberme acompañado, espero que os haya gustado, o al menos os haya podido resultar interesante.

Me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores, que espero se sientan como en casa, y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios. Os deseo una fantástica semana.

Un Abrazo y Sed Felices!


sábado, 16 de febrero de 2019

Basílica de Sancta María ad Martyres-Panteón. Roma.

Si existe un lugar en Roma que atrae especialmente a los visitantes, ese es sin duda El Panteón. Considerado como una de las obras maestras de la arquitectura universal, es también una de las más singulares, ya que cuando traspasamos el imponente pórtico y las grandiosas columnas, nos adentramos en un perfecto espacio de recogimiento. En tan particular edificio se unen la historia de la antigua y pagana Roma imperial, con los cantos de alabanza a Dios Padre; la búsqueda de los eternos misterios (los enigmas de la luz y del espacio, los astros luminosos…), con la propia búsqueda espiritual. Estamos ante un lugar, en suma, donde cada piedra, cada estatua, cada obra de arte, tiene un pasado, un presente y un futuro. 


Fue Marco Vipsanio Agripa, yerno y colaborador del primer emperador Agusto, quien hizo construir el templo en el año 27 a.C, para dedicarlo a las siete divinidades planetarias, denominándose por ello “Panteón”, es decir, “de todos los dioses”. El edificio original, probablemente algo más pequeño que el actual, fue reconstruido por Adriano entre el 118 y el 125 d.C, invirtiendo 180 grados la orientación del mismo y abriendo ante el templo una gran plaza porticada.

Durante el reinado de los primeros emperadores el Panteón se cerró y abandonó, siendo después saqueado por los bárbaros. Más tarde, en el año 609 d.C, el emperador bizantino Foca lo donó al Papa Bonifacio IV, quien consagró el templo, dedicándolo a Sancta María ad Martyres, como contraposición a la antigua advocación pagana. Por ello, cuando visitamos el Panteón, estamos entrando en una Basílica cristiana, y no visitando un mero lugar turístico; algo que, lamentablemente, la mayoría suele olvidar.

Durante los siglos que siguieron a su consagración, la Basílica sufrió saqueos, daños y restauraciones. Se incorporaron dos campanarios cortos y apuntados obra de Bernini, cuyo diseño, totalmente ajeno a la arquitectura clásica del edificio, provocó el rechazo de los romanos, quienes los llamaban “orejas de burro”. Y llegamos así a 1878, año en que tras la Unidad de Italia, se destinó a lugar de sepultura de los Soberanos, se volvió a reformar, y se demolieron los famosos campanarios.

Vamos a empezar nuestro recorrido, observando el impresionante edificio justo desde el lugar que inmortalizasen Gregory Peck y Audrey Hepburn en la encantadora “Vacaciones en Roma”. Os apetece acompañarme?


Su imponente estructura se eleva sobre unos cimientos formados por un anillo de hormigón, realizado con roca volcánica mezclada con malta. Sobre él se apoyan las paredes de unos seis metros de grosor, formadas por tres estratos diferentes y aligeradas por cavidades que servían para dar relieve, al tiempo que facilitaban el secado de la malta.

La entrada del Panteón está precedida por un gran pórtico, de 34 por 16 metros, con ocho columnas en la fachada y tres a los lados. En el edificio original, el pórtico se alzaba casi un metro con respecto a la plaza, de forma que al templo se accedía por una escalinata de cinco peldaños. El tímpano del frontón que remata el pórtico estaba probablemente decorado con estatuas de bronce, pues los orificios presentes en el mismo hacen pensar en un águila con las alas abiertas.

En el friso del pórtico podemos ver una inscripción con letras de bronce que reza: “Marco Vipsanio Agripa, hijo de Lucio, como el constructor del Panteón, durante su tercer consulado”. Fue colocada por Adriano cuando ordenó reconstruir el templo, como recuerdo a su predecesor. Bajo ella, aparece un epígrafe grabado para recordar, a su vez, una reforma llevada a cabo en época de Septimio Severo (193-211 d.C).


El espacio del pórtico se divide en tres naves, con dos filas de tres columnas. La central es la de mayor amplitud, y conduce a la puerta de entrada de la Basílica. Las laterales, por su parte, conducen a dos grandes hornacinas, en las que con probabilidad se encontraban las estatuas del emperador Augusto y del cónsul Agripa. Las columnas, de granito rosa y gris, miden doce metros y medio de alto y cuatro metros y medio de circunferencia.


Por su parte, las vigas que sostienen la cubierta del pórtico estuvieron inicialmente revestidas de bronce, pero en 1625, el Papa Urbano VIII Barberini , lo utilizó para realizar el baldaquino del altar de la Basílica de San Pedro y numerosos cañones para Castel Sant’Angelo. Precisamente por ello, su nombre quedó para siempre unido al dicho popular: “Quod non facerut barbari, facerunt Barberini”.


La puerta de acceso a la Basílica es, de las que se han conservado de la época romana, la más grande, con más de siete metros de alto por cinco de ancho. Cubierta por completo de láminas de bronce, se caracteriza por una rejilla superior, que además de facilitar la iluminación interior, forma junto con las pilastras de bronce y las vigas de madera un sistema que permite la apertura y el mantenimiento de sus dos enormes hojas. Estuvo mucho tiempo bloqueada, pero tras su restauración, es posible abrirla con el simple empuje de dos personas.


La entrada fue proyectada para magnificar el poder del emperador Augusto, pues la propia construcción del Panteón se cree concebida para crear un espectáculo astronómico único, un show a mayor gloria del emperador, que se podía contemplar un solo día al año. Así, según el historiador y arqueólogo profesor La Rocca: “los rayos del sol, entrando por el óculo, iluminan las paredes del templo como si fueran un reflector, marcando el pasar de las estaciones y evidenciando en determinados días y horarios los edículos y las exedras. El haz luminoso ilumina perfectamente la puerta de entrada del Panteón el 21 de abril, fecha en la que se celebra el nacimiento de Roma: a las 12 del mediodía en punto, el faro de luz centraba y sigue centrando la entrada del templo”. Y ese era justo el momento que el emperador elegía para entrar en el Panteón, como si del nuevo fundador de Roma se tratara. 

Bien, llegamos ya al interior del Panteón, y nos encontramos en un lugar único por su grandiosidad, simbolismo y perfecta geometría: su altura y anchura son idénticas, de forma que el espacio de la Basílica puede inscribirse en una esfera perfecta de 43,30 metros de diámetro.


En el nivel inferior se abren ocho grandes ábsides, que alternan la planta trapezoidal con la semicircular. En los espacios situados entre las capillas se encuentran a su vez ocho edículos con columnas corintias, rematados con frontones curvilíneos y triangulares. Su decoración es fruto de diferentes restauraciones llevadas a cabo a través de los siglos, sin que responda por ello a un proyecto establecido y preciso.




En el segundo nivel, un orden de columnillas de pórfido adosadas enmarcaba las falsas ventanas, pero la decoración romana original fue sustituida por la actual en 1747, por el arquitecto Posi. 

Sin embargo, lo que verdaderamente asombra, maravilla y atrae todas las miradas en el Panteón, es su cúpula y el gran óculo central por el que entra la luz.


La gran cúpula del Panteón tiene un diámetro en su base de 43,30 metros, mientras que el óculo central tiene unos 9 metros. 

A medida que se asciende la cúpula va perdiendo espesor, de modo que de los seis metros del cilindro en el que se apoya se llega a menos de dos metros en su ápice. El material de construcción es una mezcla de argamasa y piedras volcánicas, piedra pómez para ser exactos, de modo que el porcentaje de la misma va siendo cada vez mayor a medida que nos acercamos al óculo central. Cinco filas de veintiocho casetones decoran la bóveda, disminuyendo gradualmente de tamaño para acentuar su forma.


Y he aquí la grandeza de una cúpula que, no contando con refuerzos, se mantiene en pie desde hace casi veinte siglos. Por qué? Básicamente por la técnica con la que fue construida, absolutamente innovadora en su momento, y ejemplo para construir maravillosas obras que vendrían después, como la cúpula de la Catedral de Florencia.

Cómo se construyó? Bien, en diferentes fases, la mezcla de argamasa y piedra volcánica se iba aplicando en pequeñas cantidades, drenando inmediatamente el agua sobrante. De esta manera, eliminando casi por completo las burbujas de aire que normalmente se forman durante el proceso de secado, se confería al material una resistencia excepcional. 

Cuenta la leyenda además, que para construirla se rellenó en el interior con tierra mezclada con monedas de oro y una vez terminada la obra, se invitó al pueblo a colaborar en la limpieza, de forma que quien encontrase las monedas podía quedarse con ellas (como imaginaréis el proceso de limpieza fue rápido y exhaustivo ☺). Pero no deja de ser una leyenda, porque en realidad la cúpula no fue construida sobre un cúmulo de tierra, sino sobre una armadura de madera semiesférica, con los moldes de los casetones.

El óculo es esa perfecta apertura circular, de nueve metros de diámetro, que ilumina la cúpula. 


Muchos se preguntan si, además de la luz, no entra la lluvia en el Panteón al estar el óculo siempre abierto. Pues bien, en Roma se dice que, pese a esa enorme apertura, el agua de lluvia se desvanece antes de entrar en el Panteón. En realidad la leyenda nació mucho antes de la existencia de la luz eléctrica, cuando cientos de velas iluminaban la iglesia, y el calor producido por sus llamas creaba una corriente de aire (el llamado "efecto chimenea"), que al ascender nebulizaba el agua de lluvia produciendo la sensación de que ésta desaparecía.

Pero la realidad es bastante más prosaica, y cuando llueve en Roma el agua entra en el Panteón, alcanzando el pavimento de mármol que los antiguos romanos construyeron, por eso, ligeramente cóncavo, de manera que confluyese en los veintidós orificios de desagüe estratégicamente camuflados entre las taraceas de mármoles policromados.

Frente a la puerta de entrada nos encontramos el Altar Mayor de la Basílica de Sancta María ad Martyres. Proyectado por Alessandro Specchi en el siglo XVIII por orden de Clemente XI, vino a sustituir al altar medieval original.


Detrás del altar se encuentra un ábside, con bóveda decorada con mosaicos, y donde se conserva la copia de la tabla de la "Virgen con el Niño" del siglo VII, cubierta con una lámina de plata, que se creía obra de San Lucas, y que fue colocada en el templo con motivo de su consagración a Sancta María ad Martyres. Junto al ábside, el coro de madera de mediados del siglo XIX, proyectado por el arquitecto Luigi Poletti, quien también trabajase en San Pablo Extramuros.

A ambos lados del altar, enmarcadas por columnas, se encuentran las estatuas de "San Rasio" (izquierda) y "San Atanasio" (derecha), pues sus reliquias se habían encontrado cuarenta años antes de la reforma dieciochesca del altar.


Dentro de las capillas que podemos contemplar en el Panteón cabe destacar:

.- La Capilla de San José en Tierra Santa: dedicada al patrón de los "Virtuosos del Pantéon", insititución con fines artísticos que tenía aquí su sede, y de la que formaban parte ilustres pintores, escultores y arquitectos, tales como Rafael, Caravaggio, Vignola, Valadier y Canova.

Fue concedida en 1542 al canónigo Desiderio da Segni, quien después de un viaje de peregrinación a Palestina, había traído en una caja la tierra que había ido recogiendo en los principales lugares de veneración. Una vez obtuvo la concesión, restauró la capilla, colocó la reliquia en el suelo, y la dedicó a San José. Al año siguiente, el propio canónigo constituyó la Congregación de los Virtuosos, por lo que en el interior de la capilla podemos ver numerosas inscripciones conmemorativas de los mismos, alternando con frescos y relieves que muestran diferentes episodios de la vida de San José.

En el altar tenemos una escultura de Vicenzo de Rossi: "San José con el Niño Jesús". A los lados de la misma, dos pinturas de Francesco Cozza: la "Adoración de los pastores" (izquierda) y la "Adoración de los Magos" (derecha) que datan de 1661.


.- La Capilla del Crucifijo: así llamada por el espléndido crucifijo de madera del siglo XV que se conserva sobre el altar. 

Una de las características de esta capilla es que permite ver una parte de la estructura interna con arcos de descarga del edificio, realizada en ladrillo, por las primeras cuadrillas de obreros que trabajaron en  su construcción.


.- La Capilla de la Virgen de la Clemencia: así denominada por el fresco de la escuela umbro-lacial del siglo XV que preside su altar, y que muestra a la Virgen de la Clemencia entre San Francisco y San Juan Bautista. Curiosamente, en un principio estuvo colocado en el exterior, en la hornacina izquierda del pórtico, protegida por una reja, y por ello es conocida popularmente como "Virgen de la Reja". En 1837 fue colocada tal y como la podemos ver en la actualidad.


.- La Capilla de la Anunciación: así llamada por el fresco que la decora, atribuido por algunos a Melizzo da Forli y por otros a Antoniazzo Romano. 

A su izquierda tenemos una obra de Clemente Maioli: "San Lorenzo y Santa Inés", y a la derecha "La incredulidad de Santo Tomás", pintura de Pietro Paolo Bonzi de 1663. En este espacio se conservan dos ángeles de mármol donados por el cardenal Tomasi a los Virtuosos, y más tarde por éstos al Capítulo de la Iglesia.

Y era en esta capilla donde se encontraba la fuente bautismal, celebrándose aquí los bautizos, ya que la Basílica fue parroquia desde el siglo X hasta 1824.


Hemos dicho que después de la Unificación de Italia, el Panteón fue utilizado como lugar de sepultura de los Soberanos, de modo que en sendas capillas podemos contemplar:

.- La tumba del Rey Humberto I y Margarita de Saboya: proyectada por Giuseppe Sacconi, y ubicada en la capilla que inicialmente se dedicase a San Miguel Arcángel y más tarde a Santo Tomás.

Para realizarla, Sacconi utilizó el mismo proyecto que había presentado al concurso para la ejecución de la tumba de Victor Manuel II (que se encuentra justo enfrente). No obstante murió antes de poderlo ver terminado, confiando su finalización a su discípulo Guido Cirilli en 1910.

La tumba está formada por una losa de alabastro con marco de bronce dorado, rodeado por un friso. A ambos lados se encuentran las figuras alegóricas de la Bondad (obra de Eugenio Maccagnani) y de la Munificencia (de Arnaldo Zocchi). Ante la tumba se encuentra el ara de pórfido con el emblema real, obra también de Guido Cirilli.


.- La tumba de Víctor Manuel II: situada en la capilla que en un principio se dedicase al Espíritu Santo, y que fuese modificada en 1878 para acoger los restos mortales del rey Victor Manuel II de Saboya, artífice en 1861 de la Unificación de Italia, convirtiéndose así en su primer Rey.

Como hemos dicho, la ejecución de la obra se sacó a concurso, y rechazado el de Sacconi, se adjudicó a Manfredo Manfredi, cuyo boceto definitivo fue aprobado el 21 de mayo de 1885, tardando tres años en terminarse.

La tumba está formada por una gran lápida de bronce con una inscripción conmemorativa: VITTORIO EMANUELE II IL PADRE DELLA PATRIA, y coronada por un águila romana de bronce. Bajo la lápida, el escudo de armas de la casa Saboya sobre dos hojas de palma. En el centro, colgada frente al monumento, una lámpara arde en memoria de otro rey, Víctor Manuel III, que murió exiliado en Alejandría en 1947.


Con el Renacimiento, el Panteón se convirtió en un prestigioso lugar de sepultura, de modo que custodia en sus capillas los restos de artistas y personajes históricos de primer nivel, como Annibale Carracci, el arquitecto Baldassare Peruzzi y e músico Arcangelo Corelli. Pero si hay una tumba que atrae como un imán a los visitantes, esa es, sin duda, la de Rafael Sanzio, el pintor de Urbino.


La tumba de Rafael se encuentra alojada en un edículo llamado "Virgen de la Piedra", pues en su parte superior se encuentra la estatua de la Virgen María con el Niño en brazos, y la Virgen apoya el pie en una piedra. La obra fue realizada por el escultor Lorenzetto, por encargo del propio Rafael para decorar su sepultura.


El pintor murió el 6 de abril de 1520, día de Viernes Santo, a la edad de 37 años. Su pérdida conmocionó a los romanos y a toda la corte pontificia, de modo que atendiendo a sus últimos deseos, su cuerpo fue sepultado aquí. En 1833 surgió la duda de que fuese realmente Rafael quien aquí descansaba, por lo que se procedió a la apertura de la tumba. Se encontraron los restos mortales, se pudo determinar que efectivamente correspondían al artista, y se trasladaron a un sarcófago de mármol de época romana donado por el Papa Gregorio XVI. 

En él se grabaron los versos dictados por el cardenal Pietro Bembo (que no podéis apreciar porque la tumba está protegida por un cristal y no hay manera de librarse del brillo del flash) y que rezan: ILLE HIC EST RAPHAEL TIMUIT QUO SOSPITE VINCI / RERUM MAGNA PARENS ET MORIENTE MORI ("Aquí yace aquel Rafael por el que la naturaleza creía haber sido vencida cuando estaba vivo y muerta cuando él murió". No os parece absolutamente precioso?)


Finalmente, no quería terminar el recorrido por el Panteón, sin llamar vuestra atención sobre el maravilloso "Via Crucis" que se colocó en la Basílica en mayo de 2009, con motivo del 1400º aniversario de su Dedicación al culto cristiano. Las piezas son obra del escultor Federico Severino, quien contó con la asesoría a nivel simbólico-teológico del sacerdote Angelo Pavesi. 

De esta manera, el arte se vuelve a poner al servicio de Dios, para conducir a los peregrinos a través del misterio de la Cruz hasta la alegría gloriosa de la Resurrección. 


Bueno, pues de esta manera llegamos al final de nuestra visita. Espero que os haya gustado y os haya podido resultar interesante. Estamos, sin duda, ante una de esas obras maestras universales que se deben visitar al menos una vez en la vida.

Y esto es todo lo que quería compartir hoy con vosotros, de modo que me despido, como siempre, dando la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratos muy agradables, y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios. Espero que tengáis una muy feliz semana.

Un Abrazo y Sed Felices!