"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


martes, 13 de noviembre de 2018

"Biblioteca Medicea Laurenciana". Florencia

La "Basílica de San Lorenzo" es, probablemente, la iglesia más antigua de Florencia. Se dice que la iglesia original fue fundada en el año 393, dedicándose a los mártires San Lorenzo y San Cenobio, primer obispo de Florencia , que fue enterrado en ella. Durante años fue la Catedral de la ciudad y el lugar de culto de la familia más importante de Florencia, los Medici, de modo que gracias a sus donaciones, esa pequeña iglesia original fue transformándose en una obra maestra del Renacimiento, proyectada por Filippo Brunelleschi, y realizada por genios de la talla de Miguel Ángel, Donatello y Filippino Lippi.

En 1059 fue reconstruida en estilo románico, pero es en 1418 cuando Juan de Medici, fundador de la fortuna familiar, encarga a Brunelleschi la construcción de una nueva iglesia que fuese ademas un mausoleo familiar. En ella trabaja el arquitecto hasta su muerte en 1446, haciéndose cargo de los trabajos y finalización, su discípulo y heredero Antonio Manetti. Y si bien ha sufrido algunas transformaciones ulteriores en los siglos XVIII y XIX, la Basílica conserva, aún hoy, la armoniosa grandiosidad y el sentido de perfecta integridad, que le confieren las exactas proporciones que gobiernan su estructura.

Será el Papa Leon X, hijo de Lorenzo "El Magnífico", quien decida la construcción de la Sacristía Nueva, con el fin de albergar los monumentos funerarios de su padre y de su tio Giuliano. La obra es encargada nada menos que a Miguel Ángel, el artista más afamado del momento. Los trabajos se inician en el año 1521 y son interrumpidos en 1527 por la caída de los Medici y la restauración republicana, para ser retomados definitivamente en el año 1530. Nacen así las "Capillas Mediceas", el verdadero panteón familiar.

En 1524, el Papa Medici Clemente VII, encarga, nuevamente a Miguel Ángel, la construcción de la "Biblioteca Laurenciana", para la conservación de los valiosos códices de la colección familiar. Miguel Ángel empieza para ello a flanquear un costado del Claustro, que fuese levantado por Antonio Manetti.

Bien, pues estos tres elementos constituyen el complejo monumental de "San Lorenzo", visita obligada en Florencia para todos los apasionados del arte y muy especialmente de aquellos que adoramos las inigualables esculturas de Miguel Ángel Buonarroti.



Vamos a dividir nuestra "visita" virtual en dos partes; la primera la dedicaremos a la "Biblioteca Medicea Laurenziana", recorriendo además el Claustro y el Tesoro Mediceo, mientras que la segunda la dedicaremos a la propia Basílica, y las Capillas Mediceas. Qué decis? Os apetece acompañarme?

Estupendo, pues empezaremos dirigiendo nuestros pasos al claustro principal, conocido como "Chiostro dei canonici".

Se remonta a la última fase de renovación del complejo ordenada por la familia Medici, y llevada a cabo en el siglo XV. Construido por Antonio Manetti, se trata de un claustro de doble loggia, con grandes arcadas redondeadas en la parte inferior y arquitrabe en la superior. Entre ambas, encontramos cuatro medallones con los escudos de armas de la Familia Medici.

Si recorremos las cuatro galerías, podemos ir contemplando numerosas placas conmemorativas, entre las que destaca la dedicada a Anna María Ludovica de'Medici, por su papel decisivo en la renovación de la basílica en 1742, así como la estatua de mármol del Obispo de Como, el coleccionista e historiador Paolo Giovio, realizada por Francesco da Sangallo en 1560.



Merece la pena tomarnos un momento, para contemplar en silencio la fachada de la propia biblioteca con sus enormes ventanales, la cúpula de la Basílica, y disfrutar, como si de un viaje en el tiempo se tratase, de la historia, la paz y la tradición que se respiran.



Una primera escalera nos indica el camino a la Biblioteca, y nos conduce a la parte superior del Claustro, desde la que podremos contemplar las maravillosas siluetas del Duomo y el Campanile, alzándose hacia el cielo florentino.




Llegamos así al "Ricetto", proyectado por Miguel Ángel, y realizado entre 1559 y 1571. Acabamos entonces de adentrarnos en el Vestíbulo de una biblioteca, en cuyo corazón se encuentran manuscritos de incalculable valor recopilados por Cosme "el Viejo" ( 1389-1464) con la ayuda de los principales humanistas de la época, enriquecida notablemente por las adquisiciones de Lorenzo "el Magnífico" (1449-1492) y abierta al público de acuerdo a sus deseos por su sobrino Julio, quien ascendería al trono papal en 1523 como Clemente VII.

La característica fundamental del vestíbulo es su diseño vertical. Miguel Ángel, en su talento creativo, tomó los clásicos elementos grecolatinos: columnas, ménsulas, frontones, para combinarlos de una manera mucho más personal y arriesgada. Así las paredes se dividen en tres secciones decoradas por columnas dobles, ménsulas retorcidas y nichos de doble agua enmarcados por pilastras muy poco convencionales.


Sin embargo, el elemento que más llama nuestra atención es la enorme escalera de piedra negra que nos conduce a la sala de lectura. Planeada inicialmente en madera por Miguel Ángel, fue realizada por Bartolomeo Ammannati en 1559 en ‘pietra serena’. para conseguir aquello que Miguel Ángel pretendía, es decir, convertir el vestíbulo en una especie de preámbulo oscuro al brillo cegador de la sala de lectura.


A principios del siglo XX, el techo fue cubierto por una tela pintada por Giacomo Lolli (1857-1931), imitando los motivos del techo de madera de la sala de lectura. Impresionante!


Bien, pues al final de la escalera nos aguarda ya la joya de la corona, la enorme y majestuosa "Sala de lectura", uno de los pocos lugares del siglo XVI que se encuentra casi perfectamente conservado, pues todo aquí es original: desde el techo de madera realizado por  Giovan Battista del Tasso sigiendo el diseño de Migel Ángel, las maravillosas ventanas en las que vemos el escudo de los Medici diseñadas por Giorgio Vasari, hasta el increíble suelo de terracota roja y blanca diseñado por Niccolò Tribolo, discípulo de Buonarroti y que reproduce de manera especular los motivos del techo.





La sala se distribuye, a diferencia del vestíbulo, con predominio horizontal. A ambos lados encontramos sendas series de bancos de madera, llamados "plutei", que tenían una doble función: estantes y armarios. Es decir, los códices se almacenaban horizontalmente en los estantes inferiores, se sujetaban al banco con cadenas y allí se podían consultar libremente. 



Si os dais cuenta, los manuscritos se distribuían por temas: astronomía, retórica, filosofía, historia, gramática, poesía, geografía... Los preciosos manuscritos de los estudiosos griegos y latinos son una prueba del interés en los autores clásicos que prosperaron en la corte de los Medici.







A medio camino de la sala de lectura, a nuestra derecha, encontramos la "Tribuna D’Elci". Dicha rotonda fue añadida a la biblioteca original en la primera mitad del siglo XIX, con objeto de acoger la colección de libros del coleccionista florentino Angelo Maria D’Elci, donados a la Laurenziana en 1818. Entre las piezas donadas se encuentran gran número de incunables, primeras ediciones de los Clásicos, e incluso ediciones impresas por Aldo Manuzio. Todos ellos pertenecen a los siglos XV a XVIII, resultándome especialmente curioso conocer que los incunables eran encuadernados siempre en cuero rojo, mientras que todas las ediciones posteriores lo eran en verde.

En cuanto a la rotonda en sí, el proyecto le fue encargado al arquitecto Pasquale Poccianti, quien utilizó un estilo neoclásico tanto a nivel arquitectónico como en la decoración: paredes de dos tonos, columnas y suelo de terracota. Se inauguró en 1841 y se utilizó como sala de lectura hasta los años 70 del pasado siglo, cuando los libros que contenía se trasladaron a otras zonas con condiciones más adecuadas de conservación y se viene utilizando como sala de conferencias, seminarios...No me negaréis que sería una experiencia inolvidable asistir a alguno de ellos!



Bueno, pues muy a nuestro pesar debemos decir adiós a la biblioteca, no sin antes dejar unas palabras en el libro de visitas, para volver al Claustro.


Una vez allí, nos dirigimos a nuestra izquierda para acceder a la cripta, que contiene el "Tesoro de San Lorenzo". Se trata del basamento de la Sacristía Vieja, iniciada por Brunelleschi en 1422. Es lugar de gran valor simbólico y funerario, pues aquí se encuentra la tumba de Cosimo "Pater Patriae":


Ese valor se perdió en el siglo XVI, cuando la cripta pasó a ser sede de la Compañía del Santísimo Sacramento, quien encargó la decoración de sus paredes con las pinturas murales de Filippo Giarré, aunque más tarde fuesen cubiertas.

Hoy aquí nos encontramos un tesoro-museo, con una importante cantidad de reliquias y objetos litúrgicos, procedentes en su mayor parte de la propia Basílica de San Lorenzo, pero también de la Capilla de los Santos Cosme y Damian. 




Y aquí también, encontramos la tumba de uno de los más grandes escultores del Renacimiento, Donatello, muerto en Florencia en 1466, y enterrado al lado de su gran mecenas. Sin duda, un punto en el que no podemos dejar de detenernos, para rendir nuestro respetuoso y agradecido homenaje a quien nos ha regalado tan hermosas obras de arte:


Y es aquí precisamente donde terminamos hoy, para en nuestro próximo post, adentrarnos en detalle en la fastuosa Basílica, y las monumentales Capillas Mediceas. Espero que hayáis disfrutado del recorrido y os haya podido resultar interesante. 

Sin más, me despido como siempre dando la bienvenida a los nuevos seguidores, que espero pasen por aquí ratitos agradables, y por supuesto, agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios.

Os deseo a todos una estupenda semana.

Un Abrazo y Sed Felices!



sábado, 29 de septiembre de 2018

Los Hermanos Bécquer en Veruela

Como comentaba en la entrada anterior, uno de los aspectos que más me atraía del Monasterio de Veruela era que hubiese sido el lugar elegido por los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer para retirarse durante varios meses, y el que tanto su vida, como su obra y los hechos que durante esa estancia acontecieron, hayan sido recogidos en una completa y bella exposición, bajo la denominación de "Espacio Bécquer". Pues bien, precisamente a él vamos a dedicar la entrada de hoy. Os apetece acompañarme?


Habíamos visto cómo el Monasterio de Veruela sufre grandes e importantes cambios durante el siglo XIX, como consecuencia de las desamortizaciones. La primera tuvo lugar entre 1808-1814, en plena Guerra de la Independencia, suprimiendo el gobierno napoleónico todos los conventos, excepto aquellos dedicados a la educación. Cierra entonces el Monasterio y la mayoría de los monjes, salvo dos administradores, viajan de vuelta a sus poblaciones de origen, para regresar a Veruela después de la guerra.

En 1820, el nuevo monarca, Fernando VII, decreta la disolución de las órdenes monacales, de modo que tras personarse el alcalde de Tarazona en el Monasterio para inventariar sus bienes y precintar el archivo, la biblioteca y la iglesia, se produce una nueva salida de los monjes.

Vuelven éstos en 1824 para empezar a reorganizarse, pero a la muerte del monarca, se produce una división en la comunidad: unos monjes apoyan abiertamente a la regente María Cristina, mientras otros son decididamente carlistas. Todo ello va produciendo un desmantelamiento progresivo del patrimonio artístico del Monasterio, que culmina con la desamortización de Mendizábal y su abandono definitivo en 1835. Al no haber ninguna vigilancia, en él se refugiaron indigentes, vagabundos...y tanto la biblioteca como el mobiliario se fueron quemando, robando y en definitiva perdiendo.

En 1844 fue sacado a pública subasta, pasando la mayor parte de sus bienes a manos de particulares, y a partir de 1845 se creó una Junta de Conservación, con el objetivo de ir reparando todas las deficiencias encontradas. Finalmente, en 1877 la Compañía de Jesús instala un noviciado en el Monasterio, que se mantendrá hasta 1973, excepción hecha de los años de la Segunda República y la Guerra Civil (1932-1939)

Sin embargo, antes de la cesión a los Jesuitas, en 1849, se puso en marcha una hospedería que gestionaba el alquiler de algunas celdas a familias menestrales durante los meses de verano. Nos encontramos en pleno romanticismo, época en la que los más ilustres viajeros, ansiosos por conocer lugares pintorescos, aislados y cargados de historia, se mueven imbuidos por el espíritu de Chateaubriand expuesto en "El genio del cristianismo": buscando la relación entre el arte cristiano y su integración en la Naturaleza. Quedan así fascinados por el conjunto monástico de Veruela, su esplendida arquitectura románica y gótica, y ese estado de semi abandono que hace más visible su relación con el entorno natural.

Pintores, arquitectos y escritores, tanto españoles como extranjeros, llegan al Moncayo para visitar no sólo el Monasterio sino toda la zona, recogiendo sus maravillosos complejos artísticos, sus costumbres y leyendas, y dejando constancia en sus obras. Todo ello llegará a oídos de los hermanos Bécquer, de modo que en 1863, Gustavo, que se siente enfermo, viaja a Sevilla para pasar el verano en casa de su hermano. Desde allí viajan juntos a Madrid (tras la ruptura de Valeriano con su mujer a éste le acompañan sus dos hijos, Alfredo y Julia) para recoger a Casta (la esposa de Gustavo) y su hijo Gregorio Gustavo Adolfo, y emprender todos viaje hacia la abadía de Veruela, a la que llegan muy probablemente en el mes de septiembre.

En una de las celdas del Monasterio se instalará el poeta, para en sus propias palabras: "haciendo vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros a soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión a la vagancia se lo permitan". 

Y aquí me permito hacer un inciso, para preguntarme por qué los escritores más talentosos que conozco están aquejados de esa "natural propensión a la vagancia"... 

Vamos a empezar nuestro recorrido. La estancia del poeta en "Santa María de Veruela" se nos recuerda desde el primer momento, pues nada más atravesar la portería del Monasterio podemos apreciar su silueta, recortada sobre un banco de piedra, compartiendo las frescas tardes del Moncayo con uno de los monjes de cuya hospitalidad disfrutase.


Del mismo modo, en el momento en que nos disponemos a acceder al interior del recinto monástico, dos placas conmemorativas nos vuelven a recordar la estancia aquí de nuestro enfermo y atribulado poeta. La primera y más antigua fue colocada el 24 de Julio de 1955, por la asociación "Amigos de Bécquer", mientras que la segunda data de 1986 y es un homenaje del "Ateneo de Zaragoza".


Y llegamos así al "Espacio Bécquer" propiamente dicho, que como anticipamos en el post anterior se encuentra en el amplio corredor que fuese anexionado a la "cilla" del Monasterio en el siglo XIV, y que permitía el acceso de los legos o hermanos conversos a la iglesia, a través de la "Puerta de los conversos".



La exposición comienza lógicamente realizando un recorrido cronológico por la vida de los hermanos Bécquer: su nacimiento en Sevilla, su infancia (vemos incluso algunos dibujos de ambos realizados por su padre) y los avatares de su juventud, pasando por la muerte de sus padres, sus andanzas sevillanas, primeros estudios, romances y trabajos.


Cumplidos los dieciocho, Gustavo abandona Sevilla para conquistar Madrid. Sin embargo, se ve sumido en una suerte de angustias, oficios miserables, pensiones de mala muerte, pobreza, hambre y bohemia, que, invariablemente deben acompañar a los que el mismo denomina "mártires de la inteligencia":

"Existen espíritus superiores que, fuertes con la conciencia de su valía, vuelven una y cien veces al combate, hasta que, venciendo cuantos obstáculos se amontonan en su camino, se rebelan en toda la majestad de su genio: Mártires de la inteligencia"

Y me permito aquí hacer nuevamente un inciso, para dar fe de ello, pues tengo el honor de contar con la amistad de alguno de esos espíritus superiores, que pese a los miles de obstáculos, tienen el valor y la grandeza de no abandonar nuca la batalla.


Vamos avanzando y recorremos su obra a lo largo de sus primeros años: zarzuelas, libretos, poemas... al tiempo que vamos siguiendo las andanzas de Valeriano, a través de algunos de sus dibujos.


En 1860, Gustavo entabla relación con Joaquín Espin y Guillen, quien dirigía los coros del Teatro Real, y con su esposa, hermana de la cantante Isabel Colbrand. Precisamente en los álbunes de sus hijas, con fecha en mayo de dicho año, se han encontrado los manuscritos de las Rimas XVI: "A Julia" y XX, así como dos dibujos y el poema "Duerme", que será la futura Rima XXVII:


El 20 de Diciembre de 1860 comienza a publicarse "El Contemporáneo", periódico afín al partido que lidera el general Narváez, y en el que Gustavo asienta plaza como redactor desde el primer número. Será este su principal medio de vida durante cuatro años, en él adquiere su buen nombre como periodista versátil y dedicado, y en él se publicarán las famosísimas cartas escritas en el Monasterio: "Cartas desde mi celda".


En 1861 aparecen en "El Contemporáneo" algunas de sus famosas leyendas: "El monte de las ánimas", "Los ojos verdes" o "Maese Pérez, el organista". Ese mismo año contrae matrimonio con Casta Esteban, de quien se dice fue su esposa, aunque nunca su mujer. En 1862 nacerá su primer hijo Gregorio Gustavo Adolfo.


Y llegamos a 1863, año en que como hemos dicho empieza su estancia en Veruela, prolongándose hasta Octubre de 1864 (aunque en ese tiempo hiciese un par de viajes a Madrid o Bilbao).


Durante esa época, ambos van a vivir experiencias tanto personales como artísticas, que marcarán el resto de sus vidas. La influencia que sobre Gustavo ejerce el Monasterio y la propia región del Somontano, es apreciable en su obra, siendo el tema común de ocho artículos enviados a "El Contemporáneo" a modo de cartas, entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, y que han sido inmortalizadas bajo el epígrafe "Desde mi celda".

En las dos primeras nos hace además una perfecta y detallada descripción de su viaje, que es no solo espacial, sino también temporal, pues lo que busca el poeta es un lugar que conserve, aún puros, los restos de una cultura en declive, casi como su propia vida. Podemos así, a través de la propia exposición, acompañarle en un viaje retrospectivo, desde la naciente modernidad de la capital, hasta la misma Edad Media representada por el monasterio en el que nos encontramos.




En cuanto a Valeriano, de su estancia en el Monasterio nos queda como legado los álbumes "Expedición a Veruela" y "Spanish Sketches", este último recogido por primera vez en esta exposición, así como algunos dibujos que se publicaron en "El Museo Universal" y que recogen con gran delicadeza y virtuosismo los lugares por los que paseaban, así como los tipos y costumbres de las gentes que los habitaban.





Recoge también diferentes escenas de su propia familia, así como descripciones muy detalladas de la arquitectura del propio Monasterio, que han servido de gran ayuda a la hora de restaurar algunos de los elementos dañados por el paso del tiempo y el expolio.

Estamos por tanto ante un polifacético artista, pintor costumbrista, arquelojista y paisajista. Todo un virtuoso, cuyo nombre hemos de reivindicar, pues su vida y su obra han quedado un tanto eclipsadas por la carismática figura de su hermano.







Llegamos así a 1865, año que comienza bien para los hermanos Bécquer, pues Valeriano va a ser pensionado con dos mil quinientas pesetas anuales, para que estudie y pinte las costumbres españolas, debiendo entregar dos cuadros cada año. Por su parte Gustavo publica dos de sus Rimas, la XI: "Yo soy ardiente, yo soy morena", y la XXIII, la que sin duda todos hemos repetido millones de veces: 


El 15 de Septiembre nacerá el segundo hijo de Gustavo y Casta, Jorge Bécquer Esteban. Y ya a finales de año se inicia su colaboración, junto con Valeriano, en la revista satírica "Gil Blas" (bajo el seudónimo de Sem o S).


En 1866 Gustavo es nombrado director literario de "El Museo Universal", en el que publicará varios trabajos no firmados, acompañados por las ilustraciones de su hermano Valeriano.

Firmados aparecen algunos de sus poemas, como las futuras Rimas V, XI, XXIV, II, o LXIX:


El año 1868 es igual de convulso para los hermanos Bécquer que para la propia España. Gustavo y Casta se separan durante el verano debido a la infidelidad de ésta, de modo que el poeta, sus hijos, Valeriano y los suyos, se trasladan a Soria.

El 18 de septiembre estalla la Revolución "Gloriosa", para destronar a Isabel II, con lo que Gustavo pierde su puesto de censor, y a Valeriano le retiran la pensión. Se limitan a publicar en "El Museo Universal" con lo que disminuyen sus ingresos y vuelven las penurias económicas. Se trasladan entonces a vivir a Toledo, aunque siguen realizando viajes periódicos a Madrid. 


Las cosas, lamentablemente, no mejoran en 1869, como se desprende de la carta enviada a Francisco de la Iglesia, pidiendo ayuda económica:


Llega el año 1870, y Gustavo pasa a dirigir "La Ilustración de Madrid", fundada por Eduardo Gasset. En ella se publicarán los dibujos de Valeriano junto con las aportaciones literarias del poeta, de modo que tanto los hermanos Bécquer como sus hijos se instalan entonces en la capital, en el barrio de la Concepción.

Sin embargo, poco duraría esta aparente felicidad, pues Valeriano cae gravemente enfermo, muriendo el 23 de septiembre. Gustavo Adolfo queda terriblemente afectado, y escribe una hermosa y emotiva semblanza de su hermano, que se publica en "La Ilustración de Madrid" junto con la necrológica.

Junto con sus hijos y sobrinos se traslada a un piso de la calle Claudio Coello, y tras ser nombrado director de "El Entreacto", retoma aquí su actividad literaria. Sin embargo, pronto caerá también gravemente enfermo, falleciendo el 22 de diciembre, tan sólo dos meses después de su hermano.


Es enterrado en la Sacramental de San Lorenzo el día de Nochebuena. Su amigo Casado del Alisal propone entonces recopilar todas sus obras, así como los dibujos de Valeriano, y publicarlos, donando los beneficios a sus hijos y viuda. Y es así como Gustavo Adolfo Bécquer, pese a morir siendo aún joven, alcanzó la inmortalidad. Porque allí donde "sentirse puedan en un beso dos almas confundidas", habrá poesía, y estará él. 

Que tire la primera piedra aquel que no haya recitado ni una sola vez alguna de sus rimas...




Y hasta aquí podemos considerar nuestro recorrido por la vida y la obra de los hermanos Bécquer. La segunda parte de la exposición, en la que podemos seguir contemplando los dibujos de Valeriano, se encuentra dedicada a la fama póstuma de Gustavo Adolfo, así como a su influencia en el resto de poetas en lengua española. 

Y es que si en vida sus obras no fueron altamente reconocidas, tras su muerte se convirtieron en todo un referente de la poesía romántica, marcando el inicio de la poesía española contemporánea, pues según palabras de Aquilino Duque: "Bécquer alumbró un manantial para que bebiese todo el mundo". Podríamos decir entonces que vamos a hacer un recorrido sobre "Bécquer después de Bécquer". 

 

Vemos así como desde 1871, sus amigos más cercanos no dejan de difundir sus "Obras", siendo sus embajadores también en América, lo que llevó a la aparición de una segunda edición en 1877. 

Empieza a nombrarse a Bécquer en los debates sobre la poesía española, junto a los grandes de todos los tiempos. Por ejemplo, en el debate sobre poesía lírica española celebrado en el Ateneo de Madrid en 1876 se presentó la lírica becqueriana como sinónimo de libertad, y se acuñó el tópico del descuido becqueriano. En 1879 se organizó una lectura poética en el propio Ateneo, incluyendo a Bécquer con Garcilaso, Fray Luis de León, Góngora, Quevedo o Bretón de los Herreros.

Varias revistas le dedicaron homenajes en el cincuentenario de su nacimiento, como "La Ilustración Artística" de Barcelona, el 27 de diciembre de 1886. En Sevilla incluso se inició una campaña para la construcción de un monumento dedicado al poeta, aunque en ese momento no llegó a término.


En 1889 el propio Juan Valera dice que a Bécquer "no se le puede negar la gloria de haber creado escuela", y en 1902 lo incluye en su "Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX" como un poeta notable.

En los años ochenta las Rimas se reproducían sueltas en periódicos y revistas, o se recopilaban en antologías; Bécquer va ganando cada vez más adeptos tanto entre los lectores como entre críticos. Sus obras se empiezan a traducir al francés y al ruso, y se publican en Europa. También en América triunfarán sus "Obras", despertando la admiración entre otros de un joven Ruben Darío, quien le imitará en su "Rimas y Abrojos" (1887).

Incluso el propio Miguel de Unamuno queda atrapado por el influjo de Bécquer: "Teresa" es un homenaje al poeta y una defensa de la poesía que "siente pensando y piensa sintiendo".


También su huella se aprecia en la obra de  Juan Ramón Jiménez, quien en sus años jóvenes imitó su estilo sin tapujos, y a quien se refirió con una hermosa defensa en su célebre discurso "Los que influyeron en mí".

Las "Soledades" de Antonio Machado muestran también una clara influencia becqueriana: el sueño, los presagios, las voces interiores, lo fantasmagórico... Y por supuesto, el dolor de la pasión amorosa: "en el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón".


Bécquer también influye en los prosistas, y así Azorín dirá de él: "los escritores originales son todos sencillos, claros, desaliñados casi...porque sienten mucho. Cervantes, Teresa de Jesús, Bécquer...son incorrectos, torpes, desmañados". Y es también Azorín quien se da cuenta de la importancia del Bécquer prosista, exaltando las "Leyendas" y sobre todo "Desde mi celda", en las que se refleja una España que desaparece inexorablemente.

Su huella se encuentra también en Pio Baroja, empeñado en la creación de personajes soñadores, en la eterna búsqueda de ese amor perfecto que nunca se encuentra. E incluso en Valle-Inclán podemos encontrar multitud de referentes románticos, entre ellos como no, la lírica de Bécquer, fuente de inspiración para sus "Sonatas".

Con el nuevo siglo comienza una amplia difusión social de la literatura becqueriana, que tuvo un claro efecto positivo con la creación de una corriente crítica y erudita, y en cierto modo, tuvo también un efecto negativo, pues buena parte de la burguesía lo toma como poeta de cabecera, exaltando su obra desde un punto de vista sensiblero e incluso cursi. Probablemente a este periodo se deba la opinión que algunos tienen de él como "poeta de señoritas".


Dentro de los homenajes realizados al poeta cabe destacar:
  1. El monumento erigido en el Parque de Maria Luisa de Sevilla (que tuve la suerte de contemplar hace dos años, y que resulta sin duda bellísimo), impulsado por los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, inaugurado en 1911.
  2. El traslado de los restos de ambos hermanos a la capilla de la Universidad Literaria de Sevilla, hecho que reivindicaban muchos sevillanos, y que tuvo lugar el 11 de abril de 1913. Los actos de traslado fueron presenciados por un jovencísimo Luis Cernuda, quien quedaría profundamente impresionado. 

Y así, además de en Cernuda, la influencia de Bécquer será notable en muchos de los componentes de la "Generación del 27", como Rafael Alberti ("Miedo y vigilia de Gustavo Adolfo Bécquer") y Federico García Lorca ("Canciones").

El recorrido avanza analizando su influencia sobre poetas como Vicente Alexandre, Manuel Altoaguirre o Miguel Hernández. Se nos habla de la biografía de Gustavo escrita por Benjamín Jarnés bajo el título "Doble agonía de Bécquer", y publicada en 1936, o sobre ciertos análisis de su obra en los que algunos quisieron ver lecturas políticas, asimilables a la convulsa situación que vivía España en plena Guerra Civil: César González Ruano o José María Pemán. Y finalmente se recuerda su influencia sobre algunos poetas exiliados.
En definitiva una amplia, cuidada y magnífica exposición, que sin duda merece la pena visitar. 


Terminamos así nuestro recorrido, con una de mis Rimas preferidas. Y es que Gustavo, aunque hace muchos años que nos dejaste y el sol brilla cada día, somos millones los que recordamos y agradecemos tu paso por el mundo:


Bueno, y después de pasar por la tienda de recuerdos del Monasterio donde me hice con las "Obras Completas" de Gustavo Adolfo y Valeriano en Veruela, no pude dejar de sentarme por un momento junto al poeta, bajo los magníficos olmos, para rendirle también mi humilde homenaje.


Y esto es todo lo que quería compartir hoy con vosotros. Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por acompañarme, espero que os haya resultado entretenido e interesante.

Me despido como siempre, dando la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratitos muy agradables, y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios. Os deseo a todos una muy buena semana, y un comienzo de otoño repleto de nuevos desafíos que espero sigamos compartiendo.

Un Fuerte Abrazo y Sed Felices.