"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


sábado, 29 de septiembre de 2018

Los Hermanos Bécquer en Veruela

Como comentaba en la entrada anterior, uno de los aspectos que más me atraía del Monasterio de Veruela era que hubiese sido el lugar elegido por los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer para retirarse durante varios meses, y el que tanto su vida, como su obra y los hechos que durante esa estancia acontecieron, hayan sido recogidos en una completa y bella exposición, bajo la denominación de "Espacio Bécquer". Pues bien, precisamente a él vamos a dedicar la entrada de hoy. Os apetece acompañarme?


Habíamos visto cómo el Monasterio de Veruela sufre grandes e importantes cambios durante el siglo XIX, como consecuencia de las desamortizaciones. La primera tuvo lugar entre 1808-1814, en plena Guerra de la Independencia, suprimiendo el gobierno napoleónico todos los conventos, excepto aquellos dedicados a la educación. Cierra entonces el Monasterio y la mayoría de los monjes, salvo dos administradores, viajan de vuelta a sus poblaciones de origen, para regresar a Veruela después de la guerra.

En 1820, el nuevo monarca, Fernando VII, decreta la disolución de las órdenes monacales, de modo que tras personarse el alcalde de Tarazona en el Monasterio para inventariar sus bienes y precintar el archivo, la biblioteca y la iglesia, se produce una nueva salida de los monjes.

Vuelven éstos en 1824 para empezar a reorganizarse, pero a la muerte del monarca, se produce una división en la comunidad: unos monjes apoyan abiertamente a la regente María Cristina, mientras otros son decididamente carlistas. Todo ello va produciendo un desmantelamiento progresivo del patrimonio artístico del Monasterio, que culmina con la desamortización de Mendizábal y su abandono definitivo en 1835. Al no haber ninguna vigilancia, en él se refugiaron indigentes, vagabundos...y tanto la biblioteca como el mobiliario se fueron quemando, robando y en definitiva perdiendo.

En 1844 fue sacado a pública subasta, pasando la mayor parte de sus bienes a manos de particulares, y a partir de 1845 se creó una Junta de Conservación, con el objetivo de ir reparando todas las deficiencias encontradas. Finalmente, en 1877 la Compañía de Jesús instala un noviciado en el Monasterio, que se mantendrá hasta 1973, excepción hecha de los años de la Segunda República y la Guerra Civil (1932-1939)

Sin embargo, antes de la cesión a los Jesuitas, en 1849, se puso en marcha una hospedería que gestionaba el alquiler de algunas celdas a familias menestrales durante los meses de verano. Nos encontramos en pleno romanticismo, época en la que los más ilustres viajeros, ansiosos por conocer lugares pintorescos, aislados y cargados de historia, se mueven imbuidos por el espíritu de Chateaubriand expuesto en "El genio del cristianismo": buscando la relación entre el arte cristiano y su integración en la Naturaleza. Quedan así fascinados por el conjunto monástico de Veruela, su esplendida arquitectura románica y gótica, y ese estado de semi abandono que hace más visible su relación con el entorno natural.

Pintores, arquitectos y escritores, tanto españoles como extranjeros, llegan al Moncayo para visitar no sólo el Monasterio sino toda la zona, recogiendo sus maravillosos complejos artísticos, sus costumbres y leyendas, y dejando constancia en sus obras. Todo ello llegará a oídos de los hermanos Bécquer, de modo que en 1863, Gustavo, que se siente enfermo, viaja a Sevilla para pasar el verano en casa de su hermano. Desde allí viajan juntos a Madrid (tras la ruptura de Valeriano con su mujer a éste le acompañan sus dos hijos, Alfredo y Julia) para recoger a Casta (la esposa de Gustavo) y su hijo Gregorio Gustavo Adolfo, y emprender todos viaje hacia la abadía de Veruela, a la que llegan muy probablemente en el mes de septiembre.

En una de las celdas del Monasterio se instalará el poeta, para en sus propias palabras: "haciendo vida mitad por mitad literaria y campestre, espera vuestro compañero y amigo recobrar la salud, si Dios es servido de ello, y ayudaros a soportar la pesada carga del periódico en cuanto la enfermedad y su natural propensión a la vagancia se lo permitan". 

Y aquí me permito hacer un inciso, para preguntarme por qué los escritores más talentosos que conozco están aquejados de esa "natural propensión a la vagancia"... 

Vamos a empezar nuestro recorrido. La estancia del poeta en "Santa María de Veruela" se nos recuerda desde el primer momento, pues nada más atravesar la portería del Monasterio podemos apreciar su silueta, recortada sobre un banco de piedra, compartiendo las frescas tardes del Moncayo con uno de los monjes de cuya hospitalidad disfrutase.


Del mismo modo, en el momento en que nos disponemos a acceder al interior del recinto monástico, dos placas conmemorativas nos vuelven a recordar la estancia aquí de nuestro enfermo y atribulado poeta. La primera y más antigua fue colocada el 24 de Julio de 1955, por la asociación "Amigos de Bécquer", mientras que la segunda data de 1986 y es un homenaje del "Ateneo de Zaragoza".


Y llegamos así al "Espacio Bécquer" propiamente dicho, que como anticipamos en el post anterior se encuentra en el amplio corredor que fuese anexionado a la "cilla" del Monasterio en el siglo XIV, y que permitía el acceso de los legos o hermanos conversos a la iglesia, a través de la "Puerta de los conversos".



La exposición comienza lógicamente realizando un recorrido cronológico por la vida de los hermanos Bécquer: su nacimiento en Sevilla, su infancia (vemos incluso algunos dibujos de ambos realizados por su padre) y los avatares de su juventud, pasando por la muerte de sus padres, sus andanzas sevillanas, primeros estudios, romances y trabajos.


Cumplidos los dieciocho, Gustavo abandona Sevilla para conquistar Madrid. Sin embargo, se ve sumido en una suerte de angustias, oficios miserables, pensiones de mala muerte, pobreza, hambre y bohemia, que, invariablemente deben acompañar a los que el mismo denomina "mártires de la inteligencia":

"Existen espíritus superiores que, fuertes con la conciencia de su valía, vuelven una y cien veces al combate, hasta que, venciendo cuantos obstáculos se amontonan en su camino, se rebelan en toda la majestad de su genio: Mártires de la inteligencia"

Y me permito aquí hacer nuevamente un inciso, para dar fe de ello, pues tengo el honor de contar con la amistad de alguno de esos espíritus superiores, que pese a los miles de obstáculos, tienen el valor y la grandeza de no abandonar nuca la batalla.


Vamos avanzando y recorremos su obra a lo largo de sus primeros años: zarzuelas, libretos, poemas... al tiempo que vamos siguiendo las andanzas de Valeriano, a través de algunos de sus dibujos.


En 1860, Gustavo entabla relación con Joaquín Espin y Guillen, quien dirigía los coros del Teatro Real, y con su esposa, hermana de la cantante Isabel Colbrand. Precisamente en los álbunes de sus hijas, con fecha en mayo de dicho año, se han encontrado los manuscritos de las Rimas XVI: "A Julia" y XX, así como dos dibujos y el poema "Duerme", que será la futura Rima XXVII:


El 20 de Diciembre de 1860 comienza a publicarse "El Contemporáneo", periódico afín al partido que lidera el general Narváez, y en el que Gustavo asienta plaza como redactor desde el primer número. Será este su principal medio de vida durante cuatro años, en él adquiere su buen nombre como periodista versátil y dedicado, y en él se publicarán las famosísimas cartas escritas en el Monasterio: "Cartas desde mi celda".


En 1861 aparecen en "El Contemporáneo" algunas de sus famosas leyendas: "El monte de las ánimas", "Los ojos verdes" o "Maese Pérez, el organista". Ese mismo año contrae matrimonio con Casta Esteban, de quien se dice fue su esposa, aunque nunca su mujer. En 1862 nacerá su primer hijo Gregorio Gustavo Adolfo.


Y llegamos a 1863, año en que como hemos dicho empieza su estancia en Veruela, prolongándose hasta Octubre de 1864 (aunque en ese tiempo hiciese un par de viajes a Madrid o Bilbao).


Durante esa época, ambos van a vivir experiencias tanto personales como artísticas, que marcarán el resto de sus vidas. La influencia que sobre Gustavo ejerce el Monasterio y la propia región del Somontano, es apreciable en su obra, siendo el tema común de ocho artículos enviados a "El Contemporáneo" a modo de cartas, entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, y que han sido inmortalizadas bajo el epígrafe "Desde mi celda".

En las dos primeras nos hace además una perfecta y detallada descripción de su viaje, que es no solo espacial, sino también temporal, pues lo que busca el poeta es un lugar que conserve, aún puros, los restos de una cultura en declive, casi como su propia vida. Podemos así, a través de la propia exposición, acompañarle en un viaje retrospectivo, desde la naciente modernidad de la capital, hasta la misma Edad Media representada por el monasterio en el que nos encontramos.




En cuanto a Valeriano, de su estancia en el Monasterio nos queda como legado los álbumes "Expedición a Veruela" y "Spanish Sketches", este último recogido por primera vez en esta exposición, así como algunos dibujos que se publicaron en "El Museo Universal" y que recogen con gran delicadeza y virtuosismo los lugares por los que paseaban, así como los tipos y costumbres de las gentes que los habitaban.





Recoge también diferentes escenas de su propia familia, así como descripciones muy detalladas de la arquitectura del propio Monasterio, que han servido de gran ayuda a la hora de restaurar algunos de los elementos dañados por el paso del tiempo y el expolio.

Estamos por tanto ante un polifacético artista, pintor costumbrista, arquelojista y paisajista. Todo un virtuoso, cuyo nombre hemos de reivindicar, pues su vida y su obra han quedado un tanto eclipsadas por la carismática figura de su hermano.







Llegamos así a 1865, año que comienza bien para los hermanos Bécquer, pues Valeriano va a ser pensionado con dos mil quinientas pesetas anuales, para que estudie y pinte las costumbres españolas, debiendo entregar dos cuadros cada año. Por su parte Gustavo publica dos de sus Rimas, la XI: "Yo soy ardiente, yo soy morena", y la XXIII, la que sin duda todos hemos repetido millones de veces: 


El 15 de Septiembre nacerá el segundo hijo de Gustavo y Casta, Jorge Bécquer Esteban. Y ya a finales de año se inicia su colaboración, junto con Valeriano, en la revista satírica "Gil Blas" (bajo el seudónimo de Sem o S).


En 1866 Gustavo es nombrado director literario de "El Museo Universal", en el que publicará varios trabajos no firmados, acompañados por las ilustraciones de su hermano Valeriano.

Firmados aparecen algunos de sus poemas, como las futuras Rimas V, XI, XXIV, II, o LXIX:


El año 1868 es igual de convulso para los hermanos Bécquer que para la propia España. Gustavo y Casta se separan durante el verano debido a la infidelidad de ésta, de modo que el poeta, sus hijos, Valeriano y los suyos, se trasladan a Soria.

El 18 de septiembre estalla la Revolución "Gloriosa", para destronar a Isabel II, con lo que Gustavo pierde su puesto de censor, y a Valeriano le retiran la pensión. Se limitan a publicar en "El Museo Universal" con lo que disminuyen sus ingresos y vuelven las penurias económicas. Se trasladan entonces a vivir a Toledo, aunque siguen realizando viajes periódicos a Madrid. 


Las cosas, lamentablemente, no mejoran en 1869, como se desprende de la carta enviada a Francisco de la Iglesia, pidiendo ayuda económica:


Llega el año 1870, y Gustavo pasa a dirigir "La Ilustración de Madrid", fundada por Eduardo Gasset. En ella se publicarán los dibujos de Valeriano junto con las aportaciones literarias del poeta, de modo que tanto los hermanos Bécquer como sus hijos se instalan entonces en la capital, en el barrio de la Concepción.

Sin embargo, poco duraría esta aparente felicidad, pues Valeriano cae gravemente enfermo, muriendo el 23 de septiembre. Gustavo Adolfo queda terriblemente afectado, y escribe una hermosa y emotiva semblanza de su hermano, que se publica en "La Ilustración de Madrid" junto con la necrológica.

Junto con sus hijos y sobrinos se traslada a un piso de la calle Claudio Coello, y tras ser nombrado director de "El Entreacto", retoma aquí su actividad literaria. Sin embargo, pronto caerá también gravemente enfermo, falleciendo el 22 de diciembre, tan sólo dos meses después de su hermano.


Es enterrado en la Sacramental de San Lorenzo el día de Nochebuena. Su amigo Casado del Alisal propone entonces recopilar todas sus obras, así como los dibujos de Valeriano, y publicarlos, donando los beneficios a sus hijos y viuda. Y es así como Gustavo Adolfo Bécquer, pese a morir siendo aún joven, alcanzó la inmortalidad. Porque allí donde "sentirse puedan en un beso dos almas confundidas", habrá poesía, y estará él. 

Que tire la primera piedra aquel que no haya recitado ni una sola vez alguna de sus rimas...




Y hasta aquí podemos considerar nuestro recorrido por la vida y la obra de los hermanos Bécquer. La segunda parte de la exposición, en la que podemos seguir contemplando los dibujos de Valeriano, se encuentra dedicada a la fama póstuma de Gustavo Adolfo, así como a su influencia en el resto de poetas en lengua española. 

Y es que si en vida sus obras no fueron altamente reconocidas, tras su muerte se convirtieron en todo un referente de la poesía romántica, marcando el inicio de la poesía española contemporánea, pues según palabras de Aquilino Duque: "Bécquer alumbró un manantial para que bebiese todo el mundo". Podríamos decir entonces que vamos a hacer un recorrido sobre "Bécquer después de Bécquer". 

 

Vemos así como desde 1871, sus amigos más cercanos no dejan de difundir sus "Obras", siendo sus embajadores también en América, lo que llevó a la aparición de una segunda edición en 1877. 

Empieza a nombrarse a Bécquer en los debates sobre la poesía española, junto a los grandes de todos los tiempos. Por ejemplo, en el debate sobre poesía lírica española celebrado en el Ateneo de Madrid en 1876 se presentó la lírica becqueriana como sinónimo de libertad, y se acuñó el tópico del descuido becqueriano. En 1879 se organizó una lectura poética en el propio Ateneo, incluyendo a Bécquer con Garcilaso, Fray Luis de León, Góngora, Quevedo o Bretón de los Herreros.

Varias revistas le dedicaron homenajes en el cincuentenario de su nacimiento, como "La Ilustración Artística" de Barcelona, el 27 de diciembre de 1886. En Sevilla incluso se inició una campaña para la construcción de un monumento dedicado al poeta, aunque en ese momento no llegó a término.


En 1889 el propio Juan Valera dice que a Bécquer "no se le puede negar la gloria de haber creado escuela", y en 1902 lo incluye en su "Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX" como un poeta notable.

En los años ochenta las Rimas se reproducían sueltas en periódicos y revistas, o se recopilaban en antologías; Bécquer va ganando cada vez más adeptos tanto entre los lectores como entre críticos. Sus obras se empiezan a traducir al francés y al ruso, y se publican en Europa. También en América triunfarán sus "Obras", despertando la admiración entre otros de un joven Ruben Darío, quien le imitará en su "Rimas y Abrojos" (1887).

Incluso el propio Miguel de Unamuno queda atrapado por el influjo de Bécquer: "Teresa" es un homenaje al poeta y una defensa de la poesía que "siente pensando y piensa sintiendo".


También su huella se aprecia en la obra de  Juan Ramón Jiménez, quien en sus años jóvenes imitó su estilo sin tapujos, y a quien se refirió con una hermosa defensa en su célebre discurso "Los que influyeron en mí".

Las "Soledades" de Antonio Machado muestran también una clara influencia becqueriana: el sueño, los presagios, las voces interiores, lo fantasmagórico... Y por supuesto, el dolor de la pasión amorosa: "en el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día: ya no siento el corazón".


Bécquer también influye en los prosistas, y así Azorín dirá de él: "los escritores originales son todos sencillos, claros, desaliñados casi...porque sienten mucho. Cervantes, Teresa de Jesús, Bécquer...son incorrectos, torpes, desmañados". Y es también Azorín quien se da cuenta de la importancia del Bécquer prosista, exaltando las "Leyendas" y sobre todo "Desde mi celda", en las que se refleja una España que desaparece inexorablemente.

Su huella se encuentra también en Pio Baroja, empeñado en la creación de personajes soñadores, en la eterna búsqueda de ese amor perfecto que nunca se encuentra. E incluso en Valle-Inclán podemos encontrar multitud de referentes románticos, entre ellos como no, la lírica de Bécquer, fuente de inspiración para sus "Sonatas".

Con el nuevo siglo comienza una amplia difusión social de la literatura becqueriana, que tuvo un claro efecto positivo con la creación de una corriente crítica y erudita, y en cierto modo, tuvo también un efecto negativo, pues buena parte de la burguesía lo toma como poeta de cabecera, exaltando su obra desde un punto de vista sensiblero e incluso cursi. Probablemente a este periodo se deba la opinión que algunos tienen de él como "poeta de señoritas".


Dentro de los homenajes realizados al poeta cabe destacar:
  1. El monumento erigido en el Parque de Maria Luisa de Sevilla (que tuve la suerte de contemplar hace dos años, y que resulta sin duda bellísimo), impulsado por los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, inaugurado en 1911.
  2. El traslado de los restos de ambos hermanos a la capilla de la Universidad Literaria de Sevilla, hecho que reivindicaban muchos sevillanos, y que tuvo lugar el 11 de abril de 1913. Los actos de traslado fueron presenciados por un jovencísimo Luis Cernuda, quien quedaría profundamente impresionado. 

Y así, además de en Cernuda, la influencia de Bécquer será notable en muchos de los componentes de la "Generación del 27", como Rafael Alberti ("Miedo y vigilia de Gustavo Adolfo Bécquer") y Federico García Lorca ("Canciones").

El recorrido avanza analizando su influencia sobre poetas como Vicente Alexandre, Manuel Altoaguirre o Miguel Hernández. Se nos habla de la biografía de Gustavo escrita por Benjamín Jarnés bajo el título "Doble agonía de Bécquer", y publicada en 1936, o sobre ciertos análisis de su obra en los que algunos quisieron ver lecturas políticas, asimilables a la convulsa situación que vivía España en plena Guerra Civil: César González Ruano o José María Pemán. Y finalmente se recuerda su influencia sobre algunos poetas exiliados.
En definitiva una amplia, cuidada y magnífica exposición, que sin duda merece la pena visitar. 


Terminamos así nuestro recorrido, con una de mis Rimas preferidas. Y es que Gustavo, aunque hace muchos años que nos dejaste y el sol brilla cada día, somos millones los que recordamos y agradecemos tu paso por el mundo:


Bueno, y después de pasar por la tienda de recuerdos del Monasterio donde me hice con las "Obras Completas" de Gustavo Adolfo y Valeriano en Veruela, no pude dejar de sentarme por un momento junto al poeta, bajo los magníficos olmos, para rendirle también mi humilde homenaje.


Y esto es todo lo que quería compartir hoy con vosotros. Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por acompañarme, espero que os haya resultado entretenido e interesante.

Me despido como siempre, dando la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratitos muy agradables, y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios. Os deseo a todos una muy buena semana, y un comienzo de otoño repleto de nuevos desafíos que espero sigamos compartiendo.

Un Fuerte Abrazo y Sed Felices.




martes, 21 de agosto de 2018

El Monasterio de Veruela

El Real Monasterio de Santa María de Veruela, fue la primera fundación de la orden del Cister en el Reino de Aragón, allá por el año 1145. 

Desde hacía mucho tiempo despertaba mi interés, no sólo debido a mi admiración por San Bernardo de Claraval y la propia orden cisterciense, o a su indudable interés artístico, sino porque fue allí precisamente donde uno de mis poetas favoritos, Gustavo Adolfo Bécquer, se retiró junto con su familia y la de su hermano Valeriano, desde diciembre de 1863 a julio de 1864, dejándonos, fruto de dicha estancia, obras como "Cartas desde mi celda" y "Espedición (sic) de Veruela" (álbum con 91 primorosos dibujos de Valeriano). De modo que, con todo ello en mente, he aprovechado unos días libres para realizar una visita. 

Os apetece acompañarme?



Lo primero que debemos hacer a la hora de visitar el Monasterio, es acercarnos a la orden del Císter. Había visto la luz en 1098, cuando un grupo de monjes benedictinos de la abadía francesa de Molesmes, deciden instalarse en un paraje de la Borgoña llamado Cîtaux (del que derivará su nombre). Será San Esteban Harding, tercer abad de Cîteaux, quien redacte los principios que inspiran la vida de la orden en su Carta de Caridad, considerada su documento fundacional, y aprobada por el papa Calixto II en 1119.

Sin embargo, su principal y más famoso impulsor será San Bernardo, monje de Cîteaux, quien en 1123 decide establecer una nueva fundación en Claraval, impulsando un enorme proceso de expansión, que dejará a su muerte en 1153 un total de 351 casas repartidas por toda Europa.

De acuerdo al lema de San Benito "ora et labora", las tres ocupaciones básicas de un monje cisterciense se distribuían, de manera escrupulosamente metódica, a lo largo del día:
  • La oración en común, o el canto del Oficio Divino, se llevaba a cabo en la iglesia: maitines o vigilias, laudes, prima, tercia sexta, nona, vísperas y completas.
  • La lectio divina, o lectura meditada de las Escrituras y demás textos religiosos.
  • El trabajo manual, que comprendía desde la copia de manuscritos, a las labores agropecuarias, pasando por oficios artesanos o las propias tareas domésticas.
Todo ello en un ambiente regido por la austeridad, el silencio, la humildad, y especialmente la caridad, aplicada sobre los peregrinos, los enfermos, o todos aquellos que necesitasen ayuda.

Para poder llevar a cabo todas estas actividades, los monjes cistercienses van a construir Monasterios como el de Veruela: muy amplios, de orden muy racional, con un modelo común de planta funcional y regular, predominando el trazado rectilíneo y el ángulo recto. En su interior, los monjes contaban con todas las dependencias necesarias para la vida en comunidad, y no necesitaban abandonarlo en ningún momento.

Dónde se van a ubicar? Pues en parajes que favoreciesen la soledad y el aislamiento, por ello los encontramos en bosques, valles, o zonas montañosas como la que nos ocupa, el Moncayo. 

Siguiendo lo que establece la regla de San Benito, todo el recinto monástico se encuentra separado del exterior por una cerca medieval, sustituida por la "Muralla" que podemos contemplar en la actualidad, y que data de los siglos XIII-XVI. Es de mampostería y mortero enlucido, y está rematada por almenas. Con un perímetro de 970 metros, trazado hexagonal irregular y trece torreones semicirculares, encierra una superficie de unas cinco hectáreas.


Cabe destacar que justo delante del Monasterio, en el punto exacto en el que comienza el camino que va a Trasmoz pasando por el poblado celtíbero de la Oruña, podemos contemplar la famosa "Cruz de Bécquer", lugar desde el que el poeta recogía su correo mientras duró su estancia en Veruela, y a la que hicese referencia en la Carta II de "Desde mi celda".



La cruz original fue construida en la segunda mitad del siglo XVI como símbolo religioso y temporal, indicador de la justicia civil y criminal que impartían los abades de Veruela. Fue levantada durante el gobierno de Carlos Cerdán Gurrea (1561-1586), cuyas armas ostenta en dos de las caras de la pilastra. Sin embargo, quiso el destino que en agosto de 2007 fuese destrozada por la caída de un olmo, de modo que hubo de ser reconstruida en 2008. Tiene 1,20 metros de altura, y está realizada con piedra negra de Trasmoz. 

Me fascina comprobar como, dos siglos después, la imagen que podemos contemplar es prácticamente la misma que disfrutaran los hermanos Bécquer, y de la que dejase constancia el genial Valeriano, en este precioso grabado realizado para ilustrar un artículo de su hermano Gustavo Adolfo en la revista "El Mundo".


Bueno, vamos a continuar. El punto de comunicación entre el exterior y el interior del monasterio era la "Portería" (la única parte que queda de la cerca medieval original). Se trata del torreón (mal llamado a veces torre del homenaje), al que precede la barbacana. 


Tiene dos puertas, una más pequeña para viandantes, y una mayor para las caballerías; entre ellas, la imagen en piedra de San Bernardo. La primera planta se habilitó como capilla dedicada a San Bartolomé, y el cuerpo superior, hexagonal y con remate piramidal, se finalizó en 1559, junto con el nuevo recinto amurallado. Flanqueando el torreón se encuentra la vivienda del portero (lado sur), y una pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora (lado norte).



Atravesamos la portería y un impresionante camino arbolado nos conduce hacia la Iglesia de Santa María. El sol nos acaricia suavemente, y no escuchamos más sonido que el del viento meciendo las copas de los árboles y dejando caer algunas hojas a nuestros pies. No podremos encontrar mejor lugar para caminar en silencio, a solas con nuestros pensamientos, dejando que la paz nos inunde por unos instantes. 

Sin duda un lugar para perderse... y encontrarse.




Llegamos así frente a la "fachada de la Iglesia de Santa María", datada a finales del siglo XII. Su portada es de estilo románico, con cinco arquivoltas de medio punto que descansan sobre columnas adosadas, de tal modo que una imposta de tacos, conocida en la zona como "ajedrezado jaqués" va a ser el motivo que las separe. Los capiteles muestran motivos vegetales, salvo tres que son historiados. Sobre la portada corre un friso de pequeños arquitos sobre baquetones cortados, y entre los dos centrales figura un "crismón". 


La zona superior de la fachada presenta un óculo que ilumina la nave central, y dos laterales más pequeños, que hacen lo propio con las naves laterales.


En su lado norte se alza la "torre de Santiago", cuyo cuerpo inferior se terminó en 1549, durante el gobierno de Lope Marco, abad del que iremos hablando todo el tiempo, ya que fue el principal impulsor de todas las mejoras arquitéctónicas y artísticas llevadas a cabo en el Monasterio, durante el periodo renacentista. En dicho cuerpo se encuentra el escudo de armas del arzobispo Hernando de Aragón, flanqueado por las del propio abad. 

Ya en 1672-76, con otro abad, Francisco Confredi, se levantaron otros dos cuerpos de ladrillo, donde vemos alojadas las campanas.



Llega el momento de acceder al interior del recinto monástico, cuyo núcleo fundamental es el claustro, alrededor del cual se van a situar las principales dependencias. De acuerdo a la tradición benedictina, es de planta cuadrada, con cuatro pandas o galerías que se abren a un jardín central, y que además de servir de vías de comunicación entre las distintas zonas, se utilizaban como espacios de lectura, meditación o incluso para algunas ceremonias litúrgicas.

Hay que tener en cuenta que la distribución de espacios en torno al claustro no era al azar, sino que obedecía a criterios tanto sociológicos como funcionales. Así, en las pandas norte, sur y este encontramos las dependencias de uso exclusivo de los monjes, mientras que la panda oeste se reservaba para los hermanos conversos, presentes en el monasterio para ayudar en los trabajos manuales.

Bien, pues vamos allá. Para acceder, atravesamos el "Zaguán de la Clausura". La portada es la primitiva, realizada allá por el 1550. Consta de un cuerpo inferior formado por pilastras, arco y entablamento, que aparecen profusamente decorados con motivos renacentistas. 


Ya a principios del siglo XVIII se levantó el cuerpo superior, en ladrillo, con su ático en el que figura nuevamente el escudo de armas del arzobispo Hernando de Aragón.



Llegamos por fin al "Claustro", en el que, junto al trino de los pájaros, casi nos parece escuchar el tañer de las campanas, los cantos de los monjes...y los suspiros de nuestro poeta.


Su estilo es gótico, pues fue construido en el último tercio del siglo XIV, sustituyendo al primitivo (muy deteriorado tras la Guerra de los Pedros: Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón). Como decía, está formado por cuatro galerías, actuando como núcleo de distribución:
  • galería norte: anexa a la iglesia, destinada a la lectura y formación de los monjes
  • galería sur: dando al refectorio
  • galería este: hacia la sala capitular
  • galería oeste: anexa a la cilla, destinada a los hermanos conversos.
Las galerías se cubren con impresionantes bóvedas de crucería simple, cuyos nervios descansan en los muros exteriores, sobre ménsulas que aparecen decoradas con motivos vegetales, animales y humanos.


Al patio, el claustro se abre a través de enormes ventanales, dispuestos sobre un zócalo, con columnillas muy estilizadas, cuyos capiteles se encuentran decorados con especies vegetales. Cabe destacar que vamos a encontrar diferentes especies, en función a su localización natural, por ejemplo vides en la zona más soleada pues así se encontraban para proporcionar sombra, o hiedras en la zona más húmeda y umbría. De esta manera. la decoración no sólo tenía un objetivo artístico, sino también pedagógico.



Al exterior, ya mirando al patio, se distribuyen los contrafuertes, decorados por gárgolas (la mayoría reconstruidas a semejanza de las originales) y pináculos decorados con flores.

El "Sobreclaustro" es ya renacentista. Tres de sus galerías fueron construidas entre 1548 y 1551, bajo el abad Lope Marco, por lo que su escudo de armas aparece en los medallones que decoran los antepechos centrales de la galería oriental. Los demás antepechos aparecen profusamente adornados, con grifos, cornucopias, cabezas de distintos señores...

Por su parte, el tramo occidental carece de decoración, siendo terminado bajo el abad Francisco Hurtado de Mendoza (1595-1602). Muy destacable también es el friso de azulejo, que recorre todos los muros interiores, en el que los escudos heráldicos alternan con los grifos.



Abierto al claustro, justo frente al refectorio, nos encontramos con un templete hexagonal, de estilo gótico, y con una fuente central. Este era el "Lavabo" que los monjes utilizaban antes de pasar a comer en el refectorio.



Su bóveda se sustenta mediante doce nervios que se unen en la clave. Arquivoltas apuntadas sobre columnillas configuran los vanos de apertura al patio central, y justo en sus contrafuertes, podemos encontrar las escasas gárgolas góticas originales que han llegado hasta hoy. Debo confesar que me chiflan!



Vamos a detenernos ahora en las dependencias que encontramos en las galerías. Hemos dicho que la galería oeste estaba destinada a los hermanos conversos. 


Pues bien, anexa a ella tenemos la "Cilla", una amplia sala que se destinaba al almacén de grano, utensilios agrícolas y bodega. Ha ido sufriendo diferentes modificaciones a lo largo de los siglos, y así en el XIV se le incorporó un corredor, para permitir que los conversos pudiesen acceder a la iglesia a través de la "puerta de los conversos". Precisamente en dicho corredor se encuentra instalado el "Espacio Bécquer", al que dedicaremos un post independiente, pues realmente lo merece.




Me encantan las características que, según la regla de San Benito, debía tener el hermano cillero: "sensato, de conducta prudente, sobrio, no dado a la glotonería, ni vanidoso, ni inquieto, ni pendenciero, ni pródigo, sino temeroso de Dios, y que para toda la comunidad sea como un padre".

Frente al lavabo nos encontramos la "Cocina", datada en el siglo XIII. Es una habitación de planta cuadrada, iluminada espectacularmente mediante unos vamos en arco de medio punto y óculos. La bóveda es de crucería gótica y en ella podemos apreciar los orificios para la salida de humos. 


En una de las paredes aparece un nicho (hoy cegado pero apreciable por la diferencia en el material utilizado) por el que se pasaba la comida a los monjes, que se encontraban en el "Refectorio". 


Es éste un espectacular salón, de planta rectangular, utilizado para la comida en común. Los muros son los primitivos del siglo XIII (contribuyendo al eco que se produce allí al hablar, probablemente para potenciar la lectura con la que uno de los monjes amenizaba la comida de sus compañeros, desde un púlpito cuyo espacio aún se conserva).



Sin embargo, lo que de verdad atrae nuestra atención es la bóveda, de crucería estrellada, que mandase construir el abad Lope Marco, en 1548, para sustituir la primitiva techumbre de madera. En ella se pueden apreciar los escudos, una vez más, del propio abad y del arzobispo Hernando de Aragón.



Junto al refectorio se encontraba el "calefactorio" con una chimenea para calentar a los monjes, e incluso para realizar sangrías, muy útiles, según ellos, para reducir el apetito sexual. Junto a él, la "Sala de los monjes", dedicada al trabajo amanuense de transcribir, anotar e ilustrar los libros que después intercambiaban con otros monasterios. Aquí estaban también las letrinas y la enfermería. Todas estas estancias han sufrido, sin embargo, profundas alteraciones que las hacen prácticamente irreconocibles a día de hoy.

Bueno, y llegamos ya a la "Sala Capitular", uno de los espacios más importantes del monasterio. Se construyó en el siglo XIII, y está situada en la galería oriental. En ella los monjes se reunían para tratar asuntos importantes: elección de abad, toma de hábitos, compra-venta de bienes, confesión de faltas, imposición de castigos...Era además preceptiva la lectura de un capítulo de la Regla, de ahí su nombre.


Tenemos cinco arcos de medio punto que abren a la sala del claustro, descansando sobre grupos de cuatro columnillas, en cuyos capiteles volvemos a encontrar decoración vegetal finamente trabajada. Se trata de una arquería plenamente románica.


Sin embargo, en el interior empezamos a tener una arquitectura progótica, de modo que cuatro columnas centrales y ocho adosadas a los muros, sostienen una bóveda de crucería de gruesos nervios. En el pavimento encontramos laudas sepulcrales, en las que no aparecen inscripciones, pero sí simbología que permitía conocer su pertenencia a abades: todos portan el báculo distintivo.



A ambos lados tenemos dos sepulcros: en el lado norte, el de  Lope Ximénez, señor de Agón (1284) y en el sur el del abad Sancho Marcilla (1383). Ambos están policromados, y las figuras yacentes se acompañan de unos leones muy particulares (hay que considerar que los escultores de la época no habían visto nunca tales animales, de modo que los recrearon en base a las descripciones que recibían; juzgad vosotros mismos ☺)





Un dato muy curioso es que en dicha sala se conserva la "piedra de mesura", en la que podemos apreciar el patrón de medida para los arquitectos y constructores posteriores: tres pies (dos mayores y uno menor), cuatro coronas circulares enlazadas, y la escuadra (para los ángulos rectos). A partir de combinaciones de las medidas de los distintos elementos se pueden obtener todas las dimensiones del monasterio. Sin duda una auténtica joya.



Y de esta manera hemos llegado a la "Iglesia", dedicada a Santa María, según tradición de la orden del Cister, y sin duda impresionante.

Se inició por la cabecera, quedando prueba documental de que los altares fueron bendecidos entre 1168 y 1182, aunque la consagración definitiva tuvo lugar en 1248. Dice la Regla de San Benito que " el oratorio será lo que dice su nombre, de manera que ninguna otra cosa se hará o guardará allí, y cuando termine el oficio divino todos saldrán de él en silencio absoluto guardando la reverencia debida a Dios".

La iglesia presenta en conjunto una planta de tipo basilical, con tres naves y un crucero destacado. La nave central es más ancha que alta, y queda delimitada longitudinalmente por pilares cruciformes, de gran grosor, con columnas adosadas, entre las que se extienden arcos de medio punto, es decir, estamos ante un estilo románico. De él nos hablan también las estrechas ventanas, que dejan pasar escasa luz e invitan por tanto al recogimiento.

En el muro de cierre del brazo sur del crucero encontramos además un bello óculo calado, de tracería geométrica. Imitándolo, se colocó otro en el hastial de los pies ya en época moderna.


Los cinco absidiolos, de aspecto románico, están cubiertos por bóveda de cuarto de esfera, mientras que girola, presbiterio, crucero y naves tienen ya bóvedas de crucería simple, de estilo gótico. En general, predomina un aspecto austero, con escasa decoración, y ornamentos, acorde totalmente a los principios cistercienses.


En el altar mayor se venera como hemos dicho a Nuestra Señora de Veruela, una talla en madera policromada, de finales del siglo XV. Si bien la iglesia llegó a tener piezas importantes como el retablo mayor, el órgano o una cuidada sillería, todo ello se perdió durante las desamortizaciones sufridas por el monasterio.



Adosada al brazo norte del crucero, se encuentra la "Capilla de San Bernardo". Fue mandada construir por el abad Lope Marco para colocar en ella su sepultura, siendo por tanto de estilo renacencista. Fue bendecida en 1552. Su portada es un arco triunfal en el que apreciamos una vez más los escudos de armas del abad y del arzobispo Hernando de Aragón.

El retablo mayor está dedicado a San Bernardo y fue contratado al escultor Armando de Bruselas (1556). Destacar que también se ha depositado en esta capilla la lauda sepulcral del infante Alfonso de Aragón, hijo del Rey Jaime I el Conquistador.


Encajado en el arcosolio, podemos encontrar el sepulcro de nuestro abad, bellamente realizado en alabastro entre 1551 y 1553, con la intervención de un gran imaginero aragonés, Pedro de Moreto. 

Se trata de un sepulcro de cama, con la figura del difunto yacente y un repertorio figurativo en el que destacan las tres virtudes teologales, flanqueadas por los escudos del abad Marco, y una conversación sagrada en la que participan la Virgen, el Niño, y los santos Pedro, Pablo, Benito y Bernardo.


Dejamos la iglesia para dirigirnos a la "Sacristía Nueva", levantada en tiempos del abad Bernardo López (1664-1668) y decorada más tarde por su sucesor Orencio Borruel (1668-1672), ya en claro estilo barroco.

Para llegar a ella, debemos cruzar una monumental portada, de yeso policromado, decorada con abundantes ángeles niños y regordetes, diferentes figuras alegóricas, y rematada por la Inmaculada y San Juan Bautista niño.


En el interior, los muros aparecen articulados sobre pilastras corintias, profusamente labradas con motivos geométricos. El entablamento y la bóveda, de medio cañón con lunetos, lucen abundante decoración en yeso, con motivos geométricos, naturistas, angelotes y como no, los escudos de armas que hemos venido viendo a lo largo de todo el monasterio.





Pero, sin duda, la figura más especial de toda la sacristía es una imagen tallada de la "Virgen con el Niño", atribuida a Juan de Juni y datada en 1560. Una auténtica belleza:


Bueno, pues llega el momento de finalizar nuestra visita, volviendo a nuestro hermoso camino arbolado. Allí, a nuestra izquierda, encontramos el "Palacio Abacial" del siglo XVI, convertido hoy en sala de exposiciones temporales, bajo el nombre de "Casa de Velázquez".

Fue construido durante el gobierno de Carlos Cerdán Gurrea (1561-1586), para residencia de los abades, estableciéndose también allí la botica, y la residencia del hermano cillero. Es una amplia construcción en ladrillo visto, que se organiza en el interior en torno a un patio abierto, delimitado por cuatro columnas jónicas de mármol negro de Trasmoz.


Y finalmente, ya casi prestos a abandonar el recinto, nos encontramos con el "Aljibe" del siglo XIII, construido para abastecer de agua al monasterio, y junto al que hoy se ha levantado el "Museo del Vino y del Aceite", dependiente del Consejo Regulador Denominación de Origen Campo de Borja.





Y con esto hemos llegado al final de nuestra visita, y de cuanto quería compartir hoy con vosotros. Si habéis sido capaces de llegar hasta aquí, tenéis mi absoluta gratitud, y podéis ir a por una copita de viejo vino porque os lo habéis ganado jejeje. Espero que os haya podido resultar interesante, haya despertado vuestra curiosidad, y si aún no lo conocéis os animéis a visitarlo. Os aseguro que lo vais a disfrutar.

Y sin más, me despido dando como siempre la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratitos muy agradables, y agradeciendo de corazón todas vuestras visitas y cariñosos comentarios; ya sabéis que son el motor de este blog. Os deseo a todos una magnífica semana.

Un Fuerte Abrazo y Sed Felices!