"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


sábado, 13 de febrero de 2016

Tapicería "amateur"

Todos aquellos que somos aficionados a las artes decorativas, sabemos que cualquier objeto, aún cuando a primera vista parezca no encajar en un determinado ambiente, puede quedar perfectamente integrado si le dedicamos un poquito de trabajo. 

Mi objetivo era aprovechar una mesa modernista, de cristal y patas de hierro forjado, e integrarla en la decoración de la buhardilla, de modo que tras considerar distintas posibilidades decidí reconvertirla en mesa camilla. 

En primer lugar, para confeccionar las faldillas elegí una tela estilo "Toile de Jouy" en rojo oscuro, que rematé con una pasamanería con  flecos del mismo tono. 

Ahora, para conseguir un efecto "rústic-chic", coloqué alrededor cuatro sillas en madera oscura con cojines en rojo, y sobre la mesa algunos adornos muy "Vintage". De esta manera, el conjunto encaja a la perfección con el estilo que quería conseguir:



La verdad es que me sobraba bastante tela, y como tenía guardadas unas perchas muy "shabby" que me había regalado una amiga,  decidí utilizar ambas cosas para fabricar un perchero. Para ello lo primero fue forrar un lienzo con la tela, claveteada en la parte posterior, y a continuación colocar las dos perchitas mediante unos tornillos tirafondos:




Colgado en la pared, coordina perfectamente con la mesa y me permite tener ordenadas algunas bolsas :)


Seguro que prácticamente todos conocéis la "cama-diván" de forja que venden en Ikea. Pues bien, yo también tengo una jejejejej. La verdad es que me encantó desde que la vi por primera vez, y por tamaño encajaba perfectamente en uno de los laterales de la buhardilla de modo que se vino conmigo a casa. 

El objetivo en este caso era, a partir de ella, diseñar un diván en armonía con el resto de la habitación; el modo de conseguirlo, mediante la tapicería. 

El primer paso fue comprar una funda nórdica, en color rosa oscuro, con un estampado bastante similar al de las faldillas, aunque sin ser propiamente "toile de Jouy" para no crear un ambiente muy recargado. La segunda fase consistía en confeccionar una serie de cojines, que adecuadamente colocados, nos permitieran conseguir el efecto "diván"



Para los dos cojines de los brazos, me decanté por una tela granate con un precioso brocado, de modo que no necesitaban ningún adorno más. Para el respaldo he confeccionado cuatro cojines en beige, también en tela brocada, pero algo más sencilla. Dos de ellos los he dejado completamente lisos, mientras que en los otros dos he introducido como adorno una puntilla de hilo estilo "shabby" que me encanta.

Con la almohada de la funda nórdica he elaborado dos cojines algo más pequeños, y para los dos últimos, he utilizado una tela lisa, en el mismo tono rosa de la funda, y he colocado, utilizando pegamento textil, dos flores de tela que tenía en casa (ya sabéis, esas cosas que compramos sin un motivo concreto, y que al final siempre acaban resultando de gran utilidad), que resultan un complemento "shabby-chic" absolutamente perfecto. 







La verdad es que me encanta el resultado, los tonos, la distribución; ha quedado todo perfectamente integrado y además me he divertido mucho planificándolo, buscando las telas, cosiendo... Así que ya sabéis, cuando penséis que un mueble, objeto, etc no os encaja... no dudéis en darle una segunda oportunidad!!



Bueno, pues esto es todo lo que os quería enseñar hoy y espero que os haya gustado. 

Me despido como siempre dando la bienvenida y las gracias a cuantos pasan a visitar este pequeño rincón y deciden quedarse por aquí, espero que se sientan como en casa. Del mismo modo quiero agradecer de corazón a todos aquellos que os tomáis la molestia de dejar unas palabras, comentario, sugerencia... ya sabéis que de ellos se alimenta el blog. Os deseo a todos un feliz "día de San Valentín" y una excelente semana.

Un Abrazo y Sed Felices!



sábado, 6 de febrero de 2016

Las Torres de "Notre-Dame"

Desde que leí por primera vez la novela de Victor Hugo "Notre Dame de París", había soñado con subir a sus torres y recorrer la misteriosa y fascinante "Galería de las Quimeras". Cuando visité la ciudad hace diez años no pude hacerlo, de modo que esta vez, costase lo que costase, no podía dejarlo pasar.

Y digo costase lo que costase porque para visitar las torres no importa que tengas el "Paris Musseum Pass", es inevitable guardar cola, que suele rondar los noventa minutos (en mi caso además hube de soportar lluvias intermitentes). Una vez consigues flanquear la entrada, debes hacer frente a 402 escalones de piedra, en una estrecha e interminable escalera de caracol. En cualquier caso, la recompensa bien merece el esfuerzo realizado!

Aquí podéis ver la cola bajo el cielo amenazante :)

Tras la primera etapa de escalones llegamos a la "sala superior de la torre Norte". Se encuentra situada a la altura de la tribuna del órgano, y es el punto en el que te piden la entrada, y puedes aprovechar para descansar un poquito viendo un documental en una pantalla o comprar algún souvenir, inevitablemente dedicado a "Quasimodo" y/o "Esmeralda".

La arquitectura de la sala es impresionante; cubierta por una bóveda ojival de ocho partes, cuya clave se eleva a 14 metros. Mención especial merece la escalera de caracol que aparece al fondo de la sala, en una torreta completamente calada. 





Continuamos ascendiendo para llegar a la "Galería de las Quimeras", situada ya a 46 metros de altura. Y es en ese momento cuando el tiempo retrocede y nos adentramos en un mundo mágico, enigmático y misterioso, de la mano de numerosas figuras, extraordinariamente hermosas en todas sus grotescas y extravagantes formas: pájaros fantásticos, monstruos fabulosos, diablos, demonios... Es unánime entonces el murmullo de cuantos allí estamos, todos como una sola voz, aún con lenguas diferentes: "fíjate que maravilla!!"

De todas ellas la primera que nos da la bienvenida es la famosísima "estirga burlona", que, tras siglos contemplando la ciudad desde su privilegiada posición, parece burlarse del poder y la sabiduría, sacando eternamente la lengua tanto a la "estatua de Carlomagno" como a la "Sorbona". 


Junto a ella, aves misteriosas y diablos burlones, perpetuos testigos de la vida y las metamorfosis de París,desde una balaustrada profusamente decorada: florones, frondas, cabezas gesticulantes...



Esta me recuerda muchísmo a la película de Disney!

Mi favorita!

Estamos delante del primer campanario, el de la torre Norte, soportado por imponentes columnas, con delicada y abundante decoración, e igualmente salvaguardado por fabulosas criaturas.



Las "quimeras", a diferencia de las "gárgolas" que fueron dispuestas desde el origen de la Catedral con la misión  de evacuar el agua de las lluvias, fueron diseñadas e incorporadas por "Viollet-le-Duc" en la restauración de 1845. Desde entonces han sido fuente de inspiración para artistas y han dado lugar a múltiples investigaciones en busca de sus posibles significados (según algunos autores su disposición es una verdadera guía de "alquimia" e incluso, uno de los cuervos, está mirando al lugar en el que se oculta la piedra filosofal). Los verdaderos motivos de su creador, me temo, seguirán siendo para nosotros un insondable misterio.

En la "Plaza del Atrio" se encuentra la marca a partir de la que se mide la distancia entre París y las demás ciudades. Un adoquinado dibuja parte de la planta de la Catedral, y el trazado de la antigua "rue Neuve-Notre-Dame" está indicado por unos adoquines de considerable tamaño. Dicho atrio se debe a la mejora urbanística llevada a cabo por "Haussmann" entre 1860 y 1870.

En el centro, sobre el techo de la nave central de la Catedral, un misterioso flautista toca sin cesar una embriagadora melodía, que escuchan, vueltos hacia él, fantásticos monstruos y animales híbridos.





Tras el músico alado, sobre el centro del crucero, se alza soberbia hacia el cielo la imponente "aguja" de 93 metros. Levantada por "Viollet-le-Duc" sobre la aguja primitiva de 1250, que fuese derribada durante la Revolución, se emplearon en ella nada menos que 500 toneladas de madera y 250 toneladas de plomo.

Aparece coronada por un gallo de bronce, que contiene en su interior tres Reliquias (que también encontraremos en la propia Catedral y en la Cripta): una de la Corona de espinas de Jesús, una de Saint Denis y una de Sainte Geneviève. De esta forma, según los franceses, el gallo supondrá un verdadero "pararrayos espiritual" que proteja a cuantos visiten "Notre Dame".

En la base de la aguja nos reciben "los doce Apóstoles", acompañados por las representaciones alegóricas de los cuatro Evangelistas. Distribuidos en cuatro grupos descendentes de tres apóstoles, todos miran hacia París excepto uno, "Santo Tomás", que girado y protegiéndose del sol con la mano, se encuentra contemplando la aguja. Curiosamente, tiene el rostro de "Viollet-le-Duc"! 

Si se trata de una muestra de la vanidad que suele acompañar a los artistas, o de una pequeña licencia del autor, que maravillado ante su propia obra decidió contemplarla para siempre, creo que tampoco llegaremos a saberlo nunca.

Por último llegamos al "campanario de la torre Sur", que alberga la campana mayor conocida como "Emmanuel". Data del siglo XVII, y pesa más de 13 toneladas, de modo que sólo el badajo tiene un peso de 500 kg. Para llegar a ella nos dejan entrar en grupos de cinco personas, a través de una puertecita de madera que hay que cruzar agachado. En el interior, en semipenumbra, ascendemos unas escaleras de gruesa madera y podemos contemplar la campana en toda su majestuosidad. La sensación es tan mágica que casi puedes sentir al jorobado campanero subiendo a tu lado dispuesto a tocarla!

Si bien las cuatro campanas de la torre Norte repican varias veces al día, "Emmanuel" solo se tañe en las principales festividades católicas, y hete aquí que como ya os comenté, ese día se estaba celebrando una misa en honor de las víctimas de la Segunda Gran Guerra. De modo que cuando me disponía a hacer una fotografía veo que los vigilantes se ponen unos auriculares de protección y nos hacen salir a toda prisa. "Emmanuel" empezaba a tocar!! 

Finalmente, la "cúspide de la torre Sur" nos permite disfrutar de una maravillosa panorámica de una ciudad, ya de por sí es hermosa, realzada por los espectaculares claroscuros del cielo tras la tormenta estival.

Al oeste, en la "isla de la Cité", podemos ver elevarse al cielo la aguja de la "Sainte-Chapelle", el "Hotel-Dieu", y el imponente complejo que forma el "Palacio de Justicia". Más allá, la inconfundible silueta de la "Tour Eiffel" y la dorada cúpula de "Los Inválidos".




Al norte sobresalen la imponente "Torre Saint-Jacques" y el "Sacré-Coeur" sobre la colina de Montmatre. Un poco más al oeste, el "Louvre" y la noria de las "Tullerías".


Al sur en la "rive gauche" podemos apreciar el pintoresco conjunto que forman las antiguas y apiñadas viviendas del "Barrio Latino" y la "Iglesia de Saint-Julien-le-Pauvre". Ago más al fondo  la "Torre de Montparnasse"

En lo alto de la montaña de Sainte Genevieve se alza el "Pantheón", y un poco más al oeste se pueden apreciar las dos torres asimétricas de "Saint-Sulpice". Debajo de nosotros, en la plaza, la "estatua de Carlomagno" y los miles de turistas que sin prisa, pero sin pausa, caminan junto al Sena y sus "bouquinistes".



Y ya solo nos queda realizar el camino de vuelta y descender los 402 escalones, lo cual, debo decir, resulta bastante más sencillo que subirlos jejejej. 

Sin duda una visita inolvidable, que nos hace sentirnos, por una lado, parte de la historia, y por otro, protagonistas de un mágico y misterioso cuento, en un mundo y un tiempo muy lejanos a estos tan convulsos en los que nos ha tocado vivir.

Bueno, pues esto es cuanto os quería mostrar hoy. Espero que hayáis disfrutado de la visita, al menos tanto como yo lo he hecho acompañándoos. 

Me despido como siempre dando la bienvenida a cuantos tienen la amabilidad de seguir y visitar este pequeño rincón, y agradeciendo de corazón que os toméis la molestia de dejar un comentario, sugerencia, propuesta... Os deseo a todos una magnífica semana.

Un Abrazo y Sed Felices!



viernes, 22 de enero de 2016

Notre - Dame de París

No se puede hablar de París sin hablar de "Notre-Dame", del mismo modo que es imposible  hablar del arte "Gótico" sin hablar de dicha Catedral.

Efectivamente, en el lugar que ocupase primero un templo romano dedicado al "dios Júpiter", y después una basílica cristiana (merovingia), se alza hoy majestuosa sobre el Sena, esta "Catedral de Catedrales".

Fue en 1163 cuando el obispo "Maurice de Sully" coloca la primera piedra de "Notre-Dame de París", iniciándose la construcción del coro. Durante 200 años más se fueron levantando las naves, la fachada y finalmente las impresionantes torres acabadas en 1245. A continuación vinieron las capillas de las naves y del coro, para completarse en 1250 la fachada del brazo norte del transepto, mientras la del brazo sur se iniciaba ocho años más tarde. Finalmente, en 1345 se dio por terminado el que sería considerado el mayor edificio religioso occidental hasta mediados del siglo XIII.


Sin embargo, si la mano del hombre había sido capaz de construir algo de semejante belleza, sería también capaz de amenazarla e incluso dañarla gravemente. Siglos de guerras fueron deteriorando su aspecto original, y especialmente durante la Revolución, corrió el riesgo de ser derribada en 1793 (muchas de sus estatuas resultan dañadas y robados sus tesoros), para terminar siendo dedicada a la "diosa Razón" cuando Robespierre instauró su culto. No obstante fue reconsagrada, para ser testigo de la "auto coronación" de Napoleón en 1804.

Con el "Romanticismo" la Catedral vuelve a ser apreciada, especialmente tras la publicación de una obra maestra de la literatura, la novela homónima de Victor Hugo. Publicada en 1831, "Notre-Dame de París" se centra en el lugar más extraordinario de la Catedral, sus torres (a las que dedicaremos su propia entrada), que el propio autor califica como "conjunto maravilloso y armónico". Es tal su admiración, que participará activamente en la campaña para la restauración definitiva de "Notre-Dame", llevada a cabo por Viollet-le-Duc entre 1844 y 1864. 

Os apetece que la veamos con más detalle? Os adelanto que las fotos están tomadas antes y después de subir a las torres, intervalo en el que hubo una típica tormenta parisina. Fijáos como cambia la luz en apenas dos horas; pero qué sería de París sin la lluvia y el olor de los castaños mojados?

Os recuerdo que si pincháis en cada fotografía esta adquiere su tamaño original, así podréis apreciar mejor cada detalle.

Empecemos con la fachada occidental, la más conocida y espectacular. Se encuentra dividida verticalmente por medio de columnas en tres partes, mientras que horizontalmente son dos galerías las que la van a dividir en tres planos; esto la otorga una perfecta proporcionalidad.  La organización de la fachada sigue un patrón jerárquico y geométrico: de arriba a abajo tenemos la torre norte, la torre sur, la Galería de las quimeras, el rosetón occidental, la Galería de los reyes y las puertas de acceso, localizadas en los tres portales que se abren en el plano inferior.

Como os he comentado, a las torres y la fascinante Galería de las quimeras les dedicaremos una entrada particular. Bajo esta última, en la parte central de la fachada, una galería de pequeños arcos entrecruzados discurre sobre dos colosales ventanales bíforos que flanquean el impresionante rosetón de 10 metros de diámetro, soberbio exponente del arte "Gótico". 



Delante del rosetón, encontramos un grupo escultórico dedicado a la Virgen con el Niño rodeada por ángeles, mientras que en cada ventanal aparecen respectivamente las estatuas de Adán y Eva.



Separando plano central e inferior encontramos la impresionate "Galería de los Reyes", con 28 magníficas estatuas que representan a los Reyes de Israel y de Judea. Fueron estas precisamente las más dañadas durante la Revolución, pues el pueblo enardecido, pensando que se trataba de los Reyes de Francia, no dudó en abatirlas. Años después fueron restauradas y se las volvió a colocar en su lugar original, para que podamos seguir contemplándolas generación tras generación.



Vamos al plano inferior, formado por tres portales del más puro estilo "Gótico":
  • Puerta del lado norte: Puerta de la Virgen.
  • Puerta central: Puerta del Juicio Final.
  • Puerta del lado sur: Puerta de Santa Ana.
      El Juicio final era probablemente el tema favorito de los artistas góticos, por ello no es extraño que ocupe la posición central:
      • En la columna que lo divide se encuentra representado Cristo, mientras que en los marcos aparecen representados los doce Apóstoles, junto con algunos vicios y virtudes. 
      • En la curva del arco, toda la corte celestial, el Paraíso y el Infierno. 
      • Finalmente en el tímpano, el Juicio final, con Cristo entre la Virgen, San Juan y los ángeles, separando a los que alcanzan la salvación de los condenados arrastrados al Infierno.




      En el lado derecho tenemos el portal de Santa Ana:
      • En la pilastra una estatua de San Marcelo, quien fuese Obispo de París en el siglo V .
      • En el tímpano se representa a la Virgen entre dos ángeles, y a ambos lados de la misma el Obispo Maurice de Sully y el Rey Luis VII, artífices de la Catedral.




      Y por último, en el lado izquierdo, se encuentra el portal de la Virgen, evidentemente dedicado a ella:
      • En la pilastra divisoria aparece una estatua de la Virgen con el Niño.
      • En la parte superior del tímpano diferentes escenas de su vida, muerte, glorificación y asunción.
      • Y en los marcos, diferentes figuras de Ángeles y Santos.



      En ambos flancos, derecho e izquierdo, se puede apreciar el sistema de contrafuertes y arbotantes que supuso una de las grandes y novedosas introducciones del arte "Gótico". 



      Además, gracias a la bóveda de crucería, las cargas se concentran en  los pilares, permitiendo que los muros se llenen de grandes y elaboradas vidrieras y rosetones (símbolo "solar" o de la "rosa de la Virgen" según quien lo interprete). 

      El "Gótico" es una arte de inspiración divina, dedicado a la exaltación de Dios, por ello a diferencia de las oscuras y recogidas del Románico, sus Catedrales se llenan de luz, la luz divina que debe iluminar al hombre.




      El tejado, a dos aguas, dispone de unos canalillos en el trasdós de los arbotantes, por los que circulará el agua para ser expulsada por las "gárgolas", originales del período "Gótico" a diferencia de las Quimeras que encontramos en las torres y que serían añadidas posteriormente por Viollet-le-Duc.




      Bueno, una vez admirado el exterior nos disponemos a entrar. Se trata de un templo de culto católico romano. Dio la casualidad de que ese día, festivo, se celebraba una misa conmemorativa del papel de los judíos durante la Guerra Mundial, de modo que si al habitual número de turistas que cada hora visitan la Catedral, le añadimos todos los asistentes a la ceremonia, autoridades, seguridad, etc, os podéis imaginar que hacer un recorrido por el interior no resultó tarea sencilla.

      No obstante, a nadie puede dejar indiferente la majestuosidad del templo (130 metros de largo, 50 m de ancho y 35 m de altura con capacidad para 9000 personas), la sensación de recogimiento que produce la penumbra rota sólo por la luz que entra por los magníficos vitrales, y el olor a incienso que flota en el ambiente.





      La iglesia consta de cinco naves separadas por grandes columnas cilíndricas, y un doble deambulatorio que rodea el transepto y el coro. A lo largo del mismo encontramos diferentes capillas, ricas en obras de arte de los siglos XVI y XVII, a las que una vez más, la luz filtrada a través de los grandes vitrales confiere un aspecto "glorioso".



      Del transepto se pasa al coro, con dos columnas en su entrada, estando adosada al pilar de la derecha la bella y famosa estatua de "Nuestra Señora de París" del siglo XIV. El presbiterio está rodeado por un coro en madera tallada del siglo XVIII, y en el centro el altar mayor, con la hermosísima "Piedad" de Nicolás Costou. 

      Y en los dos extremos, los impresionantes rosetones, con sus 13 metros de diamétro y sus mágicos vitrales del siglo XIII, cuya riqueza cromática y cuidada y milimétrica disposición, provocan que el visitante tenga la sensación de que una inmensa estrella acaba de estallar en el interior del templo, dispersando su luz en todas direcciones.






      Y allí, bajo esa mágica luz, puedes sentir como cada piedra, cada cristal, cada imagen, parece querer narrarte la historia de aquellos "constructores de Catedrales" que, quizá guardianes de misteriosos conocimientos sobre la proporción y la armonía del Universo, decidieron transmitirlos, siglo tras siglo, de la manera más hermosa que se pueda imaginar. 

      Y por un fugaz instante, desaparece el convulso mundo que te rodea, y sientes que quizá, al fin y al cabo, aquellos hombre tenían razón y  todos llevamos algo "divino" muy dentro. 

      Bueno, pues esto es todo lo que os quería mostrar hoy. Son varias las entradas sobre arte e historia de París que tengo pendientes, e iré desarrollando poco a poco, Dios mediante. Espero que os haya gustado!

      Muy bienvenidos los nuevos seguidores, muchísimas gracias por todas vuestras visitas y cariñosos comentarios y muy buen fin de semana para todos!

      Un Abrazo y Sed Felices!