Había una vez una joven llamada Victoria que quería ser actriz. Como no encontraba trabajo, decidió disfrazarse de hombre adoptando el nombre de Víctor. Sin embargo, el único trabajo que consiguió fue un anuncio en el que tenía que transportar espárragos en una carretilla y como era de esperar, al cabo de un tiempo este papel le resultó muy aburrido.
Entonces decidió pedir ayuda a su amigo el Gato de Cheshire, para ver si la ponía más guapa y podía encontrar un trabajo mejor.
"Muy bien" - le dijo el Gato- "lo primero vamos a arreglarte esos ojos. Hay que colocarte el izquierdo en su sitio, porque se te ve un trocito de metal".
"Estupendo, esto ya está mejor. Además esos párpados que tienes están muy descoloridos, así que los vamos a dar un colorcito uniforme y un poquito de brillo".
"Perfecto, ahora sólo queda proporcionarte un vestuario adecuado, para lo que voy a replicar un modelo muy Famoso, que he visto en un catálogo de los años 70, pura moda Vintage".
Después de que el Gato pasara unos días cosiendo, el conjunto estaba listo por fín, y Victoria se encontró tan guapa con él, que decidió salir a dar un paseo.
En eso estaba cuando vio que se acercaba un guapo joven, rubio y con pequitas igual que ella, con unos preciosos ojos castaños. Como era muy tímida intentó esconderse para ver si él pasaba de largo, pues no iba a saber qué decirle.
Sin embargo, la curiosidad pudo más y se volvió para mirarle, pensando que el joven ya se habría alejado.
Cual no sería su sorpresa, cuando se lo encontró frente a frente. Aquello fue un auténtico flechazo, resultando además que aquel joven era el dueño de una gran hacienda, de modo que nuestra amiga Victoria decidió abandonar sus sueños de actriz, diciéndose que al fin y al cabo, la cosa estaba muy malita, y oportunidades como estas no se presentan todos los días, de modo que hay que aprovecharlas al vuelo.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.