"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


miércoles, 7 de septiembre de 2016

"Le Palais Garnier". Ópera Nacional de París

Existe un lugar en París en el que coexisten la historia y la leyenda, la magia y la belleza, la ciencia y el arte. Un lugar que te atrapa desde el primer momento, y en el que sientes que tu espíritu se eleva hasta un mundo en el que los sueños se hacen realidad. Para mí, el lugar más hermoso y especial de la ciudad, el "Palais Garnier", la Ópera Nacional de París.


Coronando la "Plaza de la ópera" se levanta majestuoso el mayor teatro lírico del mundo: 11.000 m2, capacidad para 2000 espectadores, y un escenario en el que caben 450 personajes. Construido entre 1862 y 1875 según el proyecto de un joven arquitecto desconocido hasta entonces, "Charles Garnier", quien resultase ganador del concurso para la construcción de la nueva ópera, por unanimidad del jurado, en 1861.

Voltaire definió la ópera como "el país de las hadas", y eso fue precisamente lo que Garnier pretendió edificar; un palacio, un templo, un santuario, en el que las almas de los hombres se movieran entre hadas y divinidades, al menos mientras dura una representación. 

Un santuario concebido casi como "una obra de arte total" (según palabras de Wagner), pues en él se combinan prácticamente todas ellas: arquitectura, pintura, escultura... Una grandiosa combinación de elementos, supeditados en perfecta armonía. Una explosión artística de belleza inigualable.

Y un palacio, que alberga a un personaje cuya "leyenda", plasmada en inmortal novela por Gastón Leroux, daría lugar a una de las más hermosas partituras que se hayan llevado a un escenario: "El Fantasma de la Ópera"

Efectivamente, en los subterráneos de la "Ópera Garnier", por los que discurren lagos vitales para la acústica de la sala, vivió, según nos cuenta Leroux, un músico excepcional que ocultaba su rostro deformado tras una máscara, que padeció los rigores de un amor no correspondido por una joven y bella soprano, y cuyo "fantasma" continúa hoy vagando por la Ópera. Seguro que ahora comprendéis mejor por qué es este mi lugar favorito de todo París, y no puedo dejar de visitarlo cada vez que voy a la ciudad.

Bueno, pues si os apetece acompañarme en esta visita al "Palais Garnier", dedicaremos esta primera parte del recorrido al exterior del edificio, para en una próxima entrada adentrarnos ya en "el país de las hadas".

Lo primero que nos llama la atención es que resulta muy difícil encuadrar el "Palacio Garnier" en un estilo arquitéctónico al uso, pese a tener influencias renacentistas, barrocas, clasicistas... Nos quedaremos entonces con la respuesta del propio Garnier a la emperatriz Eugenia, quien tras un primer vistazo al edificio preguntó desdeñosa: "qué estilo es este? no es griego, no es Luis XIV, ni Luis XV..." a lo que el arquitecto respondió: "No, esos estilos están superados. Es Napoleón III y se queja usted!"

En la fachada principal predomina el orden clásico: el primer piso se ubica sobre una escalinata y se corona por un ático (es decir, base, cuerpo y corona).  Se encuentra decorada profusamente por las "divinidades" a las que rinde culto. Encontramos por ejemplo los bustos dorados de ilustres compositores, ordenados por fecha de nacimiento, primero a la derecha y luego a la izquierda del busto central, el de "Mozart". Junto a ellos máscaras doradas, grupos de niños, representaciones de la música, la lírica o la poesía, y enormes candelabros con la lira de Apolo, nos invitan a entrar y descubrir su mundo de fantasía.





La fachada principal nos deja ver  por el exterior las galerías que alberga en su interior. Así en el primer piso tenemos la "Loggia", una amplia balconada donde la policromía alcanza su máxima expresión: mármol verde de Suecia, amarillo de Valencia, rojo de Languedoc, azul turquí, negro de Bélgica...En el artesonado del techo destacan unos imponentes medallones de mosaico, con fondo de oro.

Los frontones de las puertas se abren al "Gran Foyer", decorados con grupos de niños y medallones de mármol, mientras que las balaustradas nos permiten dsifrutar de unas maravillosas vistas de la plaza de la Ópera. Así quedaba clara la intención del arquitecto, que la "Loggia" constituyese ese lugar de tránsito entre el exterior (nuestro valle de lágrimas) y el interior (el país de las hadas)



Por su parte, en el piso inferior la separación entre exterior e interior la establece "el Vestíbulo de entrada", presidido por las esculturas en mármol de cuatro grandes compositores: Rameau, Lulli, Gluk y Haendel, que simbolizan respectivamente la música francesa, italiana, alemana e inglesa. Si bien en época de representaciones este es el vestíbulo de entrada, en las visitas programadas supone el final del recorrido, conduciéndonos a la salida y/o a la tienda.  


Veamos ahora las fachadas laterales, algo más sobrias pero en la misma línea arquitectónica. Volvemos a encontrar los bustos de los compositores, junto con los escudos de armas de sus corresponidentes ciudades de nacimiento. En la fachada oeste se representan: la Música y la Danza, el Canto y la Poesía. En la fachada este: la Comedia y el Drama, la Ciencia y el Arte. Una balaustrada rematada con ocho columnas y veintidós estatuas-lámparas rodea las fachadas laterales.

Los toldos corresponden a la terraza del "Café de la ópera"



Uno de los requisitos fundamentales era que Napoleón III  pudiese acceder al edificio con total seguridad. Para ello, Garnier dedicó a esta función un pabellón entero del lado oeste, conocido por ello hasta hoy como "el Pabellón del Jefe de Estado". Dotado de una doble rampa, permitía al Emperador y su séquito acceder en coche a la planta superior, y bajar en un vestíbulo interior en rotonda, permaneciendo en todo momento alejado del público. La entrada al Pabellón está flanqueada por dos columnas rostrales, coronadas por un águila de bronce, obra de "Henri de Jacquemart".




Delante de la rampa de acceso, dando la bienvenida al visitante, se encuentra el monumento a Charles Garnier, en el que el busto del arquitecto aparece enmarcado por dos figuras alegóricas: el Estudio y la Fama. 


El público que acudía a la ópera en coche, accedía entonces por la planta baja del pabellón este, que conducía a la llamada "Rotonda de los Abonados" y a la "Gran Escalera" (podían aparcar hasta cinco coches a la vez). 

La cúpula achatada, supone la manifestación en el exterior del auditorio en forma de herradura. El cimborrio está decorado con una corona de la ciudad de París, rodeada por ramas en forma de alas, queriendo recordar a las águilas del pabellón imperial. 

Finalmente, el foso del escenario cuyo piñón culmina a cuarenta y siete metros de altura, domina el resto del edificio, dibujando en el cielo de París la silueta más característica y reconocible, el famoso "Apolo", levantando su lira y hermoso en todo su dorado esplendor, flanqueado por la Poesía y la Música (quién desearía mejor compañía?). A ambos lados, encontramos dos variantes de "la Fama sujetando a Pegaso por la brida".


No me puedo resistir a recordar que aquí, delante de Apolo, tiene lugar una de las escenas más emblemáticas y emocionantes del musical, aquella en la que el "Fantasma" pronuncia con voz desgarrada mi sentencia preferida.

"You will curse the day you did not do! All that the Phantom asked of you!


Permitidme que me despida por hoy con esta pequeña licencia :) Ante todo espero que os haya gustado el recorrido; como os decía, la próxima entrada la dedicaremos ya a profundizar en el maravilloso interior. 

Quiero dar la bienvenida a los nuevos seguidores que espero pasen por aquí ratitos muy agradables, y una vez más agradecer de corazón vuestras visitas y cariñosos comentarios. Sin más me despido y os deseo un feliz fin de semana.

Un Abrazo y Sed Felices!



2 comentarios:

  1. es una maravilla por dentro y por fuera. has sido afortunada de poder visitarlo, ya veo que apareces en varias fotos. parís es una ciudad tan llena de edificios históricos, monumentos y obras de arte, que resulta abrumadora.
    besos y gracias por estas visitas guiadas en las que aprendemos tanto!!

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    1. Hola Chema, tienes toda la razón, es un lugar maravilloso e inigualable. No puedo dejar de visitarlo siempre que voy a París, pero es que además intento que el hotel esté siempre cerca para poder pasar por ella varias veces al dia jejejej. Desprende un magnetismo muy especial.
      Un besazo y muchas gracias por visitarme siempre y dejarme bonitas palabras!

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