"Art is the only serious thing in the world. And the artist is the only person who is never serious" Oscar Wilde.



"Haz lo necesario, después todo lo posible, y así conseguirás hasta lo imposible" San Francisco de Asís


sábado, 6 de febrero de 2016

Las Torres de "Notre-Dame"

Desde que leí por primera vez la novela de Victor Hugo "Notre Dame de París", había soñado con subir a sus torres y recorrer la misteriosa y fascinante "Galería de las Quimeras". Cuando visité la ciudad hace diez años no pude hacerlo, de modo que esta vez, costase lo que costase, no podía dejarlo pasar.

Y digo costase lo que costase porque para visitar las torres no importa que tengas el "Paris Musseum Pass", es inevitable guardar cola, que suele rondar los noventa minutos (en mi caso además hube de soportar lluvias intermitentes). Una vez consigues flanquear la entrada, debes hacer frente a 402 escalones de piedra, en una estrecha e interminable escalera de caracol. En cualquier caso, la recompensa bien merece el esfuerzo realizado!

Aquí podéis ver la cola bajo el cielo amenazante :)

Tras la primera etapa de escalones llegamos a la "sala superior de la torre Norte". Se encuentra situada a la altura de la tribuna del órgano, y es el punto en el que te piden la entrada, y puedes aprovechar para descansar un poquito viendo un documental en una pantalla o comprar algún souvenir, inevitablemente dedicado a "Quasimodo" y/o "Esmeralda".

La arquitectura de la sala es impresionante; cubierta por una bóveda ojival de ocho partes, cuya clave se eleva a 14 metros. Mención especial merece la escalera de caracol que aparece al fondo de la sala, en una torreta completamente calada. 





Continuamos ascendiendo para llegar a la "Galería de las Quimeras", situada ya a 46 metros de altura. Y es en ese momento cuando el tiempo retrocede y nos adentramos en un mundo mágico, enigmático y misterioso, de la mano de numerosas figuras, extraordinariamente hermosas en todas sus grotescas y extravagantes formas: pájaros fantásticos, monstruos fabulosos, diablos, demonios... Es unánime entonces el murmullo de cuantos allí estamos, todos como una sola voz, aún con lenguas diferentes: "fíjate que maravilla!!"

De todas ellas la primera que nos da la bienvenida es la famosísima "estirga burlona", que, tras siglos contemplando la ciudad desde su privilegiada posición, parece burlarse del poder y la sabiduría, sacando eternamente la lengua tanto a la "estatua de Carlomagno" como a la "Sorbona". 


Junto a ella, aves misteriosas y diablos burlones, perpetuos testigos de la vida y las metamorfosis de París,desde una balaustrada profusamente decorada: florones, frondas, cabezas gesticulantes...



Esta me recuerda muchísmo a la película de Disney!

Mi favorita!

Estamos delante del primer campanario, el de la torre Norte, soportado por imponentes columnas, con delicada y abundante decoración, e igualmente salvaguardado por fabulosas criaturas.



Las "quimeras", a diferencia de las "gárgolas" que fueron dispuestas desde el origen de la Catedral con la misión  de evacuar el agua de las lluvias, fueron diseñadas e incorporadas por "Viollet-le-Duc" en la restauración de 1845. Desde entonces han sido fuente de inspiración para artistas y han dado lugar a múltiples investigaciones en busca de sus posibles significados (según algunos autores su disposición es una verdadera guía de "alquimia" e incluso, uno de los cuervos, está mirando al lugar en el que se oculta la piedra filosofal). Los verdaderos motivos de su creador, me temo, seguirán siendo para nosotros un insondable misterio.

En la "Plaza del Atrio" se encuentra la marca a partir de la que se mide la distancia entre París y las demás ciudades. Un adoquinado dibuja parte de la planta de la Catedral, y el trazado de la antigua "rue Neuve-Notre-Dame" está indicado por unos adoquines de considerable tamaño. Dicho atrio se debe a la mejora urbanística llevada a cabo por "Haussmann" entre 1860 y 1870.

En el centro, sobre el techo de la nave central de la Catedral, un misterioso flautista toca sin cesar una embriagadora melodía, que escuchan, vueltos hacia él, fantásticos monstruos y animales híbridos.





Tras el músico alado, sobre el centro del crucero, se alza soberbia hacia el cielo la imponente "aguja" de 93 metros. Levantada por "Viollet-le-Duc" sobre la aguja primitiva de 1250, que fuese derribada durante la Revolución, se emplearon en ella nada menos que 500 toneladas de madera y 250 toneladas de plomo.

Aparece coronada por un gallo de bronce, que contiene en su interior tres Reliquias (que también encontraremos en la propia Catedral y en la Cripta): una de la Corona de espinas de Jesús, una de Saint Denis y una de Sainte Geneviève. De esta forma, según los franceses, el gallo supondrá un verdadero "pararrayos espiritual" que proteja a cuantos visiten "Notre Dame".

En la base de la aguja nos reciben "los doce Apóstoles", acompañados por las representaciones alegóricas de los cuatro Evangelistas. Distribuidos en cuatro grupos descendentes de tres apóstoles, todos miran hacia París excepto uno, "Santo Tomás", que girado y protegiéndose del sol con la mano, se encuentra contemplando la aguja. Curiosamente, tiene el rostro de "Viollet-le-Duc"! 

Si se trata de una muestra de la vanidad que suele acompañar a los artistas, o de una pequeña licencia del autor, que maravillado ante su propia obra decidió contemplarla para siempre, creo que tampoco llegaremos a saberlo nunca.

Por último llegamos al "campanario de la torre Sur", que alberga la campana mayor conocida como "Emmanuel". Data del siglo XVII, y pesa más de 13 toneladas, de modo que sólo el badajo tiene un peso de 500 kg. Para llegar a ella nos dejan entrar en grupos de cinco personas, a través de una puertecita de madera que hay que cruzar agachado. En el interior, en semipenumbra, ascendemos unas escaleras de gruesa madera y podemos contemplar la campana en toda su majestuosidad. La sensación es tan mágica que casi puedes sentir al jorobado campanero subiendo a tu lado dispuesto a tocarla!

Si bien las cuatro campanas de la torre Norte repican varias veces al día, "Emmanuel" solo se tañe en las principales festividades católicas, y hete aquí que como ya os comenté, ese día se estaba celebrando una misa en honor de las víctimas de la Segunda Gran Guerra. De modo que cuando me disponía a hacer una fotografía veo que los vigilantes se ponen unos auriculares de protección y nos hacen salir a toda prisa. "Emmanuel" empezaba a tocar!! 

Finalmente, la "cúspide de la torre Sur" nos permite disfrutar de una maravillosa panorámica de una ciudad, ya de por sí es hermosa, realzada por los espectaculares claroscuros del cielo tras la tormenta estival.

Al oeste, en la "isla de la Cité", podemos ver elevarse al cielo la aguja de la "Sainte-Chapelle", el "Hotel-Dieu", y el imponente complejo que forma el "Palacio de Justicia". Más allá, la inconfundible silueta de la "Tour Eiffel" y la dorada cúpula de "Los Inválidos".




Al norte sobresalen la imponente "Torre Saint-Jacques" y el "Sacré-Coeur" sobre la colina de Montmatre. Un poco más al oeste, el "Louvre" y la noria de las "Tullerías".


Al sur en la "rive gauche" podemos apreciar el pintoresco conjunto que forman las antiguas y apiñadas viviendas del "Barrio Latino" y la "Iglesia de Saint-Julien-le-Pauvre". Ago más al fondo  la "Torre de Montparnasse"

En lo alto de la montaña de Sainte Genevieve se alza el "Pantheón", y un poco más al oeste se pueden apreciar las dos torres asimétricas de "Saint-Sulpice". Debajo de nosotros, en la plaza, la "estatua de Carlomagno" y los miles de turistas que sin prisa, pero sin pausa, caminan junto al Sena y sus "bouquinistes".



Y ya solo nos queda realizar el camino de vuelta y descender los 402 escalones, lo cual, debo decir, resulta bastante más sencillo que subirlos jejejej. 

Sin duda una visita inolvidable, que nos hace sentirnos, por una lado, parte de la historia, y por otro, protagonistas de un mágico y misterioso cuento, en un mundo y un tiempo muy lejanos a estos tan convulsos en los que nos ha tocado vivir.

Bueno, pues esto es cuanto os quería mostrar hoy. Espero que hayáis disfrutado de la visita, al menos tanto como yo lo he hecho acompañándoos. 

Me despido como siempre dando la bienvenida a cuantos tienen la amabilidad de seguir y visitar este pequeño rincón, y agradeciendo de corazón que os toméis la molestia de dejar un comentario, sugerencia, propuesta... Os deseo a todos una magnífica semana.

Un Abrazo y Sed Felices!



6 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Qué casualidad! Me alegro mucho guapa! Un beso!

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  2. me he puesto a hacer cálculos con la altura media de la torre y el grosor de cada uno de los 402 escalones, jeje. son muy interesantes los datos numéricos de cantidades de materiales que se necesitaron.
    un edificio tan alto en comparación con su base necesita columnas firmes que lo sostengan, y se ha sostenido varios siglos. en épocas pasadas, aunque no hubiera la tecnología de ahora, sabían hacer las cosas.
    y desde el punto de vista artístico, una maravilla. me encantan esas esculturas de animales mitológicos.
    eras una gran profesora de arte! besitos, mercedes!!

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    1. Ya sabia yo que te iba a gustar jejeje. La verdad es que los "constructores de Catedrales" nos daban cien vueltas. Impresionante, la piedra y sobre todo las estructuras de madera. Los escalones tienen lo suyo pero cuando alcanzas la cima merece la pena :)
      Un besazo!

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  3. Me ha encantado tu entrada. HE tenido la suerte de visitar PAris en varias ocasiones, la primera vez ya hace casi 30 años no había rejas porque la gente no era tan salvaje y podías estar literalmente pegada a las gárgolas y alquimias. Yo tengo varias y aún hoy me fascina su pureza y su expresion. Esa vez no hicimos nada de colaas, al contrarios de todas las siguientes. Luego he ido con gente que no había estado y había que repetir la aventrura, pero ya no tenía el encanto de antaño, de soledad, pero la magia está igual. Es curioso que describes todo de una forma apasiante, y creo que todos los que hemos estado sentimos lo mismo...besos y feliz domingo!!

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    1. Muchas gracias Elena, me alegro mucho de que te haya gustado. Qué suerte poder estar tan cerquita de las quimeras sin la red!! La verdad es que es una pena que la gente sea tan irresponsable que haya que tomar esas precauciones, pero tal y como está el mundo... Imagino que la sensación sería maravillosa, como cuentas, con la soledad y todo más intimo.
      Como bien dices creo que todos sentimos lo mismo, y es que creo que el lugar es tan mágico, está tan cargado de historia, que es como si cada quimera, cada gárgola y cada piedra disfrutase haciéndonos partícipes de ello. Es como una grandiosa emisión de energía.
      Un besazo guapisima. Feliz semana!

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